Más allá de la mirada.
de la noche…"
De sus ojos…
De mi alma…
De las aguas…
Yo hubiera podido ser cualquier cosa: astrónoma, oceanógrafa, geóloga, antropóloga. Pero fui psicóloga. También hubiera podido ser monja o prostituta.
Distintas maneras de asomarse.
Al dolor.
Al placer.
Creo que el péndulo oscila entre ambos. Y si bien El Kybalión dice que la medida de los movimientos es la misma, yo no estoy de acuerdo. Podemos hacer que nuestro péndulo se impulse más hacia un lado, que nuestra frecuencia se eleve, que vibremos más alto.
También hacia el dolor, claro. Hay gente que lo necesita para otorgarle sentido a su existencia. No habría victimarios sin víctimas pero el sufrimiento es un gran seductor.
Sin embargo… luego del Big Bang, del caos, al Universo no se le ocurrió victimizarse.
Y que nadie me hable de conciencias, porque no existen leyes más perfectas que las cósmicas.
Si realmente pudiéramos asomarnos, si realmente pudiéramos ver en lo más profundo de lo que fuera…
Sé que hay gente que lo intenta. Yo lo intento. Mi pareja lo intenta. Vos, Nadie, lo intentás.
Pero todavía estamos demasiado apegados a nuestras emociones. Para todo tenemos un juicio, un valor, un concepto.
Esta noche, y sin salir a mirar en lo profundo, hablábamos de eso: de quienes morirán sin haber revisado lo aprendido. De quienes se quedaron con la versión de cómo hay que vivir, sentir, y comportarse. Y confunden el ser con el deber ser.
No voy a engrosar esa lista. Dedico buena parte de mi vida a preguntarme ¿esto es lo que quiero? ¿así? ¿aquí? ¿ahora? ¿sí? ¿no?
Esa foto del espacio ultraprofundo… ese caos… es una de las cosas más bellas que vi en mi vida.
Me hizo pensar en mí y en todas las que me habitan.
Me recordó la apariencia de mis cristales. Las galaxias que esconden y que podría mirar (en lo profundo) sabiendo que esta vida no me alcanzaría para conocer (en lo profundo) a ninguno de ellos.
Y que por mucho que le pida a mi hombre, en el momento del amor “mirame, mirame”, no llegaré, nunca, hasta allí.
Porque no sólo hay que revisar versiones. Hay que aprender a mirar. Y comprender que el otro puede elegir morir de víctima o lo que prefiera, pero hay otros cuerpos/ versiones/ ventanas con las que podemos aliarnos si sabemos mirar a esa persona.
Aprender a mirar es aprender el significado de la compasión. Su falta es la que nos segrega y nos vuelve solitarios e intolerantes. Y que no es real que seamos un todo. El día que lo logremos el Universo y nosotros pulsaremos juntos. Ya no habrá velos. Ni bordes. Pero sí octavas superiores. Sí un éxtasis que tomará el lugar que hoy ocupa el sufrimiento.
Puse la foto como fondo de pantalla, y recordé aquellas palabras de Oscar Wilde: “aún cuando se lo ha medido todo, no se puede medir la órbita del alma”.
Para cualquier metafísico esa foto es una representación perfecta de los “registros akáshicos” de una persona. Del holograma que nos conforma (cuerpo, mente, espíritu, emoción). De éstos que somos y fuimos. Del tiempo como un continuum. De la noción de que nunca hubo principios ni finales, sino que todo ES.
Y por último, Nadie, compasión y humildad se parecen bastante. Creo que nunca llegaré a mi espacio ultraprofundo, pero como siempre digo… tengo mi escalera y mi linterna… y a mis grutas las visito con frecuencia. Al menos una vez al día.
Nota: la primera línea la saqué del post de Barton, o mejor dicho y tal como contesta el cíclope, Nadie. Léanlo a él. Lo mío es un divague metafísico que me provocó su nota.