Nada que ver.
Puedo no tener ganas de hablar, pero sí de escribir.
Puedo no tener ganas de escribir, y entonces tampoco tendré ganas de hablar.
Hoy no tuve ganas de nada.
En una tarde de estío, Merlín y Arturo descansaban en una quebrada. Merlín le leyó un bello poema a Arturo:
¿Qué tal si durmieras
y que tal si,
estando dormido, soñaras?
¿Y qué tal si,
en tus sueños
volaras al cielo
y de allí trajeras
una rara y bella flor?
¿Y qué tal si,
al despertar,
tuvieras esa flor en tu mano?
¿Qué pasaría?
Puedo no tener ganas de escribir, y entonces tampoco tendré ganas de hablar.
Hoy no tuve ganas de nada.
En una tarde de estío, Merlín y Arturo descansaban en una quebrada. Merlín le leyó un bello poema a Arturo:
¿Qué tal si durmieras
y que tal si,
estando dormido, soñaras?
¿Y qué tal si,
en tus sueños
volaras al cielo
y de allí trajeras
una rara y bella flor?
¿Y qué tal si,
al despertar,
tuvieras esa flor en tu mano?
¿Qué pasaría?