Cielo de ti.
puedo sentir
como cambia tu respiración
se hace pausada
te quedás tan quieta
tu corazón late suave
es como si dijeras este es mi lugar
y te llega el sueño, casi sin darte cuenta
yo te sigo haciendo cariñitos
así, despacio, para no despertarte
y te miro,
y me río,
me río de felicidad.
G.
4 de Agosto de 2004
La casa está en silencio. Un silencio absurdo.
Un silencio.
Voy y vengo sin saber que hacer.
Una luna de tu noche tiene tiempo. Los caminos de tu siesta tienen tiempo.
Las mareas y las estelas tienen cielo de ti. **
Basta que te vayas para que yo vuelva a levantar paredes.
Cada vez más frágiles.
Aunque no quiera.
Hoy llovía. Me vio triste y me dijo “vamos a caminar”.
- pero llueve.
- llovizna.
Y salimos. Así, sin más.
Fuimos hasta el muelle de los pescadores y había sudestada.
Le dije, como hace casi dos años, “ahora o nunca”.
Me miró, se rió (como se ríe él); me tomó de la mano con fuerza, y cruzamos de un salto las aguas.
Volvimos empapados, con un gato caminando detrás nuestro.
Tanto sol. Sos tanto sol.
¿Existís?
¿Realmente existís?
¿O sos un desvarío de mi mente dolida?
¿Quién te trajo hasta mí?
¿Por qué yo, y no otra?
Un recuerdo:
Estoy lijando un trozo de algarrobo.
La forma natural de la madera y el dibujo de sus vetas me hacen pensar en un ojo.
Pinto un ojo. Su pupila es un pezón.
Al verlo terminado pienso… “es el ojo de la vida”.
Él entra en ese instante. Lo mira.
Sigue con un dedo el contorno del pezón. Le da vueltas.
“Es el ojo de la vida”, me dice. Y se va.
Se va.
Se fue.
Pero sé que está aquí.
En las fresias amarillas que me dejó (para que perfumen mi espacio).
En el libro de Osho que me compró (para que perfume mi alma).
Y en la remera que tenía puesta y le quité.
Para abrazarme a su olor esta noche.
** Luis Alberto Spinetta “Cielo de ti”.