Ellas.
cuando aún podía”
Afrodita cumplió con su labor de todas las noches: algún juego secreto entre poetas, el baño de sales y ungüentos, su voz en el teléfono clausurando distancias, creando la ilusión de la piel, allí, aquí, juntos, te extraño, yo también, volvé, ya voy, te espero, esperame, ya no puedo, yo tampoco, ¿me amás?, te amo, hace calor, ¿llevo ropa de abrigo?, no traigas nada, ¿por qué?, porque vas a estar desnuda, ¿todo el tiempo?, todo el tiempo, ¿te espero?, esperame, ya no puedo, yo tampoco, ¿me amás?, te amo.
Te amo.
Te necesito.
Te extraño.
Ya no puedo.
Ya no puedo quedarme aquí.
Hestia cumplió con su labor de todas las noches: sirvió su cena,
encendió velas,
quemó incienso,
puso música,
bebió de su copa rubí.
Ella estuvo todo el día pensando en la necesidad de poner banquitos en las aceras.
Banquitos para hacer un alto.
Banquitos para secar sus lágrimas con dignidad humana.
Alguna,
al menos.