No.
Tal vez, si estuviera loca de amor por vos… pero no hay tal vez.Podés ir recogiendo los hilos de la red que acabo de cortar, sé prolijo, a como están las cosas, no sería conveniente ir por hilos nuevos.
No te falta habilidad para tejer mecedoras, con el tiempo harás otras donde cabrán dos cuerpos.
Y nada más.
Que el mundo quede afuera.
Que nada perturbe tu ilusión de plástico.
Que sean felices y coman perdices.
¿Recordás aquella planta artificial que tiré con deleite a la basura?
Odio lo que parece vivo. Odio lo que junta tierra. Odio lo que permanece a fuerza de nada. Odio lo que no es. Odio que me quieras como esa puta planta.
Ayyy qué lejos te fuiste. Si saliera a mi balcón, creo que te vería planeando, tratando de cazar aquella nube rosa, gritándome “vení que la encontré”. Y yo bajaría mis cortinas para salvaguardarte de un tiro de escopeta. De un hondazo certero.
O del golpe de un cristal.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.
Tú te equivocaste, no lo dijo Alfonsina.
¿Quién puede tener la estúpida osadía de pretenderse causa y efecto, remedio para todos los males, lo que basta y lo que sobra, mar, laguna, charco, gota?
Quiero que me veas: soy como las gordas de Botero una Eva redimida y una María degradada*, guardo entre mis carnes la historia de mi vida y no voy a quitarles un gramo porque nada te debo, porque me quiero entera y no desmembrada, aunque mis partes inevitablemente se desordenen, caigan debajo de la cama, se las lleve el gato para el otro gato. O me de por venderlas en una feria americana.
Es mi vida. No rindo cuentas acerca del amor. Nací absuelta de todo pecado para envidia de todos los culpables.
Sola, sola estoy sólo cuando quiero. Y cada vez quiero más. Y cada vez quiero menos.
Y no entendiste nada. Porque entre mis tripas y vos… ya sabías.
* mención del novelista Carlos Fuentes.
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