Un ala.

vhlosting.JPG“We are, each of us, angels with only one wing. And we can only
fly embracing each other”.
Luciano De Crescenzo.

Mientras miraba mis estudios sobre la mampara iluminada, a cierta distancia, como quien mira un Klimt a la venta, o un dibujo de Rodin, tuve el desparpajo de decirme: “la verdad… es que mis mamas se ven preciosas”.
Luego me fui al bar del sanatorio, tan lindo que no parece. Pedí café con una medialuna que se veía como falange descarnada, y abrí mi libro, y abrí mi agenda.
Soy de las que ocupan toda la mesa.
Vacío la mochila, saco hasta el celular que nunca suena porque es larga distancia y nadie quiere llamarme. Malditos amarretes. Pero me gusta mirarlo. Es tan chiquito.
Me dio por molestar gente. Entonces tuve que buscar las gafas, ponérmelas, y aún así marcar a ciegas.
Los números son diminutos, tengo las uñas largas y cada intento se multiplica. Siempre me equivoco. Vuelvo a empezar.
Parezco ocupada pero en realidad estoy aburrida y angustiada.
Llamo a cualquiera.
Me da lo mismo.
Y si los demás están angustiados, también están ocupados de verdad -no sé si de verdades- no hay tiempo para conversar, otro día hablamos, saludos, besos, chau. Andá a la mierda.
Vuelvo al libro, entonces tuve que buscar el marcador amarillo neón y la lapicera que parece de aluminio, si no tengo con qué subrayar lo que muerde mi lengua, lo que araña mis ojos, no puedo siquiera pensar en abrirlo.
Soy así.
Y leí (…) “su único tema fue el cuerpo humano, y para él, lo sublime de ese cuerpo se revelaba en el órgano sexual masculino. En el David de Donatello, el sexo del joven ocupa discretamente su lugar -como el pulgar de una mano o el dedo del pie-. En el David de Miguel Ángel, el sexo es el centro del cuerpo, y el resto de las partes se someten a éste con una especie de deferencia, como ante un milagro.
Así de simple y así de hermoso”.

Hermoso. Y ya no pude seguir leyendo. Me acordé de su sexo. De mi dios.
Dios, cuanto extraño a mi dios…

Que lejos estás. Me mentiste. Te fuiste, aún más lejos. Me da miedo.
No quiero pensar en el miedo. Y yo aquí, y vos no sé.
Mejor abro la agenda, acomodo el repuesto del 2005 encima del 2004, del 2003, del 2002, del 2001, del 2000. No puedo tirar nada.
A veces la abro al azar y allí sí, allí estás. Citas, frases, cosas que escribía mientras te esperaba en el café de siempre. La tarjeta que mandaste con las rosas. La marca de un desodorante que anotaste y guardé como no guardaría la combinación de una caja de caudales.
Caudales…
El envase sigue donde lo dejaste.
Jamás quité su tapa.
Es una de mis pocas cobardías…
Mejor vuelvo a la agenda, tengo cosas mecánicas, frías, idiotas que anotar.
Encuentro secciones también idiotas: factores de conversión, relación internacional de talles, pesos y medidas, objetos prestados.
Me detengo en objetos prestados. La página dice: objeto / prestado a / fecha.

Entonces tuve que buscarme, y preguntarme
a quién me presté… hace tanto…
que no me encuentro.

-A dios,
y con un ala-

@ el ruido de la cpu
18/11/2004 16:46 Tema: velos.
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