Dormí que te cuento.
Me gustaría saber qué hacen ustedes con sus sueños. No me refiero a los anhelos, deseos o fantasías.
Hablo de los sueños que se tienen al dormir.
Esta tarde desperté de la siesta con una imagen muy fuerte. Animales devorando mi comida, mientras yo trataba de rescatar lo que quedaba gritando “¡no! ¡la mitad no!!!”
Mhhhm… la mitad.
Me senté en la cama y repasé cada detalle. Pensé en todas “mis mitades”. Mitad aquí mitad allí. Mitad en el ahora mitad en el quinto carajo.
En todas las mitades que he sido para otros.
En todas las veces que fui mi mitad.
Y me di cuenta que no debía irme. No hoy. No ya.
Había una parte con la que debía reunirme.
Levanté el teléfono, llamé a la compañía de micros, y cancelé mi viaje.
Levanté el teléfono, llamé al Gringo, y le expliqué. Me dijo que me amaba un poco más que antes.
Después seguí levantando el teléfono, pero solo porque sonaba.
Del otro lado había voces queribles.
Pero la más querible fue la vocesita de mi hija.
Con la que acabo de cenar.
Un día después de su cumpleaños.
¿Ven?
Siempre hay que hacer algo con los sueños. A veces nos empujan. A veces nos detienen.
A veces nos muestran lo hambrientos que estamos.
O como nos dejamos devorar.
Me gusta pensar que todos tenemos una Baba Yagá, una Mujer de dos mil años * que se nos acerca compasivamente al dormir, para contarnos las historias que debemos saber.
* Personaje mítico del folklore centroamericano.
Hablo de los sueños que se tienen al dormir.
Esta tarde desperté de la siesta con una imagen muy fuerte. Animales devorando mi comida, mientras yo trataba de rescatar lo que quedaba gritando “¡no! ¡la mitad no!!!”
Mhhhm… la mitad.
Me senté en la cama y repasé cada detalle. Pensé en todas “mis mitades”. Mitad aquí mitad allí. Mitad en el ahora mitad en el quinto carajo.
En todas las mitades que he sido para otros.
En todas las veces que fui mi mitad.
Y me di cuenta que no debía irme. No hoy. No ya.
Había una parte con la que debía reunirme.
Levanté el teléfono, llamé a la compañía de micros, y cancelé mi viaje.
Levanté el teléfono, llamé al Gringo, y le expliqué. Me dijo que me amaba un poco más que antes.
Después seguí levantando el teléfono, pero solo porque sonaba.
Del otro lado había voces queribles.
Pero la más querible fue la vocesita de mi hija.
Con la que acabo de cenar.
Un día después de su cumpleaños.
¿Ven?
Siempre hay que hacer algo con los sueños. A veces nos empujan. A veces nos detienen.
A veces nos muestran lo hambrientos que estamos.
O como nos dejamos devorar.
Me gusta pensar que todos tenemos una Baba Yagá, una Mujer de dos mil años * que se nos acerca compasivamente al dormir, para contarnos las historias que debemos saber.
* Personaje mítico del folklore centroamericano.