Llamado a la solidaridad.
Hace dos días que no abrimos el boliche por cuestiones que no vienen al caso.
Hace dos días que no me quito el pijama y la bata más que para bañarme.
Hace dos días que ando entrecerrando puertas.
Hace dos días que (evidentemente) prefiero leerlos a ustedes, y no por falta de opciones.
Y encuentro temas recurrentes. Cambios y soledades.
Otro tema es el hartazgo al silencio. El rescate del sentimiento de ser uno mismo para no asfixiarnos. El grito del YO. El “escuchame, por favor”. El “a mí me pasa lo mismo”. Abrazar ausencias, construir paredes sin puertas, no tener otra piel donde huir.
Adentro y afuera es lo mismo.
Estoy organizando la fiesta del día del amigo en Aonikenk.
El teléfono no para de sonar. Mujeres artistas, periodistas, peluqueras; todas arrancan con la misma pregunta: “Mon, ¿vas a invitar hombres, nooo???... mirá que somos veinte… a lo mejor treinta… me quedan diez más por confirmar… mirá que ya estoy haciendo la promo por la radio… decime… van a ir los amigos de fulanito, nooo???”
Y yo ya no sé que decir.
Me pongo a ver programas idiotizantes como “Doce Corazones” para tratar de entender cual es la química, el secreto de tanto desencuentro.
Ya averigué que los signos zodiacales no tienen la culpa.
¡Han llegado a pedirme que los hombres (aún no sé cuales), no sepan (shhh!!!) que habrá mesas ocupadas por el género FEMENINO!!!
¡Las mujeres están teniendo miedo de ser mujeres!
¡Los hombres se las arreglan fenómeno!
En la fiesta de la semana pasada, eran cuarenta energúmenos bailando entre ellos. Y yo me convertí, de buenas a primeras (porque pueblo chico infierno grande), en la mujer más envidiada de Merlo porque cuarenta sopencos me gastaron los pies.
Pero bien que me vengué… no contaban con ciertas habilidades que aún conservo… y a más de uno tuvieron que venir a rescatarlo del suelo al son de la bamba, mientras el Gringo ponía los ojos en blanco y recitaba Ommm Rammma Ommm…
¿Alguna idea?
Hace dos días que no me quito el pijama y la bata más que para bañarme.
Hace dos días que ando entrecerrando puertas.
Hace dos días que (evidentemente) prefiero leerlos a ustedes, y no por falta de opciones.
Y encuentro temas recurrentes. Cambios y soledades.
Otro tema es el hartazgo al silencio. El rescate del sentimiento de ser uno mismo para no asfixiarnos. El grito del YO. El “escuchame, por favor”. El “a mí me pasa lo mismo”. Abrazar ausencias, construir paredes sin puertas, no tener otra piel donde huir.
Adentro y afuera es lo mismo.
Estoy organizando la fiesta del día del amigo en Aonikenk.
El teléfono no para de sonar. Mujeres artistas, periodistas, peluqueras; todas arrancan con la misma pregunta: “Mon, ¿vas a invitar hombres, nooo???... mirá que somos veinte… a lo mejor treinta… me quedan diez más por confirmar… mirá que ya estoy haciendo la promo por la radio… decime… van a ir los amigos de fulanito, nooo???”
Y yo ya no sé que decir.
Me pongo a ver programas idiotizantes como “Doce Corazones” para tratar de entender cual es la química, el secreto de tanto desencuentro.
Ya averigué que los signos zodiacales no tienen la culpa.
¡Han llegado a pedirme que los hombres (aún no sé cuales), no sepan (shhh!!!) que habrá mesas ocupadas por el género FEMENINO!!!
¡Las mujeres están teniendo miedo de ser mujeres!
¡Los hombres se las arreglan fenómeno!
En la fiesta de la semana pasada, eran cuarenta energúmenos bailando entre ellos. Y yo me convertí, de buenas a primeras (porque pueblo chico infierno grande), en la mujer más envidiada de Merlo porque cuarenta sopencos me gastaron los pies.
Pero bien que me vengué… no contaban con ciertas habilidades que aún conservo… y a más de uno tuvieron que venir a rescatarlo del suelo al son de la bamba, mientras el Gringo ponía los ojos en blanco y recitaba Ommm Rammma Ommm…
¿Alguna idea?
16/07/2004 10:16 Tema: pulsaciones.