Indigo / Verde.
Nuestras conversaciones telefónicas son de lo más eróticas.
- Fui a ver al urólogo.
- Yo estuve con el ginecólogo.
- Mañana me toca ir al gastroenterólogo.
- Yo mañana tengo mamografía.
- Me tienen que hacer una esofajonosecuanto…
- Ya me hice el PAP.
Cortamos excitadísimos. Demasiada tensión sexual.
¿Se acuerdan del taroskero?
Parece que las cartas vienen hablando verdades.
Hoy tuve que tomarme unas gotitas extras de Rivotril.
Tengo una contractura en el cuello de la puta madre.
Confesiones al sol. El que entraba por la ventana de mi dormitorio.
El humo de los cigarrillos bailaba un tema de Bjork con el humo del sahumerio.
Mateo le dice al Gringo que compro sahumerios porque me gusta “decorar el aire”.
Niño índigo.
Niños índigos por todas partes.
Y adultos todavía verdes.
Ayer compré un perro.
Estuve (estos días) convencida de que me iba a morir. Me decreté en estado pre – mortem. Y miré mi vida y mi futuro con nostalgia. ¿Cómo se puede tener nostalgia por algo que todavía no llegó?
Entonces me di cuenta de que hay cosas que necesito por mucho que le joda a mi parte rebelde way.
La rebelde way es la que se pelea con su mamá todo el tiempo. La que dice “que me importa”. La que cree que puede.
Que puede todo.
Que puede todo sola.
Que puede todo sola y mejor que nadie.
Que puede todo sola y mejor que nadie se meta conmigo.
Mientras limpiaba el baño hacía testamentos.
Hacer testamentos mentales es un ejercicio revelador.
Los buenos de tu historia son los que heredan.
Los que te desheredaron no heredan nada.
Cuando el ginecólogo me aseguró que lo que tenía no era un cáncer sino una ovulación, salí del sanatorio y me compré el perro. Tan dichosa estaba.
Todavía me pregunto qué suponía yo que estaría comprando.
¿Vida?
¿El bebé que ya no puedo tener?
¿Qué?
Cuando llegué a casa con el perro de nombre inconfesable y no pregunten por qué; olfateé algo raro. Una sensación de deja vu que al comienzo se me antojaba extraña. Me ganó una angustia espantosa.
El perrito ya no me parecía simpático.
Tomé el teléfono.
- Hola, ¡tengo una sorpresita! ¿pasás por casa?
- ¡Hola chicos no saben lo que tengo! ¿porqué no vienen a casa?
- Hola, después hablamos del banco, ¡a que no sabés que tengo! ¿querés subir a casa a tomar un cafecito?
- Hola mi amor, claro que te extraño, ¡adiviná que compré! ¿CUANDO LLEGÁS???
Pánico.
Mi perro (el oficial, no el recién llegado), me miraba con sus ojos acostumbradamente desorbitados mientras se acomodaba rápidamente en su cuchita. La gata se erizó como poseída y corrió hacia la cama, que es su / nuestro trono.
Sentí el odio de mis bichos. Sus celos y recelos. Sentí como, poco a poco, el ambiente de mi casa se iba transformando.
Ya no sería mi armónico refugio. En el que tres criaturas (ellos y yo) habíamos logrado un ensamble perfecto.
Pasé la noche como pude.
Cuando me levanté, esta mañana, la mano me temblaba contra el picaporte.
Demasiado silencio.
Llamé al perro de nombre inconfesable y el peludito vino corriendo hacia mí… patinando como en holliday on ice sobre kilos de caca y litros de pis y la puta madre que me parió por tarada.
Ahora tiene hogar sustituto.
Pero cada vez que suena el teléfono…
vuelvo a temblar.
@ The whole of the moon - The Waterboys
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** el de la foto es el oficial **
30/07/2004 17:27 Tema: pulsaciones.