
Me pongo una tormenta de mentira mientras recojo mis gafas para verte mejor, en el equipo suena velvet rain y desearía que lloviese sobre la pantalla azul de mi computadora para comprobar que la century gothic no es tan gótica como para desangrarse en negro cuando la tengo en blanco mientras el cursor amarillo titila a modo de segundero que acompaña mi latido de loba miope y qué poco falta para que tu bocina suene y yo diga –ya va- como si acaso escucharas pero vamos, ya sabemos que son cosas que una se dice para llamar como varita mágica a los objetos que a última hora tienen la gnómica costumbre de desaparecer, -¿dónde diablos dejé las llaves? y mientras le arrebato las llaves al cuello de la botella que guarda tus flores, ¿dónde están los cigarrillos?, ¿apago la vela o la dejo encendida?, otra vez la gata durmiendo entre mi ropa- el teléfono suena pero yo no estoy, que atienda mi alter ego mientras busco la chalina que tanto me gusta y escucho como al pasar que S. me invita a salir esta noche- aburrimiento garantizado- y por supuesto no pienso ir, porque hace rato que hago únicamente lo que quiero, y lo que quiero es que te apures y llegues cuanto antes porque mi tolerancia a la frustración se está frustrando y yo que la creía mejorada pero mi analista tenía razón, aún falta trabajar aquel episodio –cuando me dejaron sola en la puerta del colegio- y yo me largué a llorar porque pensé que ya nadie vendría por mí, justo cuando mi hermano acababa de nacer y a mí que me partiera un rayo porque yo no tenía pito -y que bonitos son los rayos de velvet rain- yo quiero una lluvia de terciopelo para que no se me corra el maquillaje, adivino que en tu descapotable quedaré hecha un desastre y con el pelo revuelto pero fingiré una sonrisa glamorosa mientras en silencio te mandaré al infierno porque nada sabes de mujeres; nada, estúpido engreído que precisas un auto que parece una vidriera sin techo para sentarme a tu lado como maniquí, mientras te gusta deslizar la mano por debajo de mi falda cada vez que te detiene el tráfico en la avenida, y no te importa que te lo haya prohibido hasta llegar a la autopista porque ése fue el trato, que en la autopista lo que quieras… en la autopista yo vuelo y soy isadora y cabalgo sobre tus hombros y me quito los zapatos para clavar mi freno justo allí; cuando las agujas marquen los 200 y bunbury y calamaro canten una y otra vez ¿dónde estás?, y vos pienses en tu chica y yo en el mío – me he pasado tanto tiempo buscándote, y la fila es tan grande pero tu amor tan pequeño – y hartos de no correspondencias nos lanzamos a la nuestra, que no es perfecta, que es idiota, que es ligera pero que importa si no es para siempre, si sólo seré la reina de tu soledad y vos renunciarás al sueño de tu libertad y respetaré la letra para no faltarle el respeto al deseo de llenarte la boca de risas y besos obscenos.
¿cuándo vas a quererme,
cuando vas?