Palomitas de maíz.

sweetHace diez minutos que intento escribir pero la invasión de bichos –inclasificables para mi conocimiento- me lo impide.
Uno quedó agonizando mientras mueve sus patitas. Otro acaba de ser capturado bajo una tulipa en desuso. El resto viene ganando la desigual batalla, pero yo pienso resistir. No voy a permitir que se abusen de mí por ser una mujer sola.
¿Por qué diablos no aparecen cuando está él?
¿Para qué me llama por teléfono cuando sabe que NO entraré el auto aunque caigan piedras, porque sólo él puede maniobrarlo sin que después me falten los espejos?
¿Y qué me dicen de la basura?

- Habría que sacar la basura, ¿no?- le digo a Nevenka.

- Ayyy Cristiiina -. Me llama así.

Nos quedamos mirando las tres bolsas -3- de residuos. Cada una se acordó de algo urgente por hacer.
Y las putas bolsas siguen allí, decorando el termotanque; será que se acercan las fiestas…

Por supuesto, no cené.

- Me voy hasta lo de Juancito a comprar algo para la cena- dije.

- Pero nooo Cristiiina, después de la peli vienen los chicos con empanaaadas…

- ¿Y a qué hora es eso?

- A las doooce, doce y meeedia. ¡Daaale, así comés con nosoootros!

- Bueh.

Preparé café para las dos, ya empezaba la peli.
Me prometió que lloraría a más no poder -¡¡¡ y yo asentía emocionada !!!-.

Hace tanto tiempo que no lloro mirando películas… que me da cierta nostalgia esa cosa identificatoria que nos hace creer que somos “ella”. La tan amada, la tan deseada, la tan bonita, la tan tarada, la que se queda con el más guapo o el más romántico o el más audaz; la que escapa con el hombre de su vida, la que sobrevive a todos los calvarios, en fin… la que no existe.

Luces apagadas para evitar la –inevitable- invasión de insectos; cigarrillos encendidos, piernas desparramadas, una pastafrola sobre la mesa… y a llorar…
Sweet November, con Keanu Reeves y Charlize Theron.

Saben... me la pasé esperando “el momento”; mejor dicho “EL MOMENTO”, y mientras la mocosa lloraba sin consuelo –y conste que era la tercera vez que la veía- yo palpaba mis conductos lagrimales, ¿y si los tenía tapados?

Juro que hice mis esfuerzos.
Que lo intenté con alma y corazón.
Que quería llorar aunque más no fuera para darle el gusto, para llorar de a dos, para parecernos a esas madres e hijas de película –que no lo son pero lo aparentan- y entonces una cree vivir una situación así: dos mujeres solas, un hombre que es padre y pareja trabajando lejos porque la vida es puta; ellas se llevan bárbaro, se tiran las runas, meditan juntas, confiesan pecados, bailan el tango, se prestan la ropa, el shampoo, y los compactos de Spinetta, una cocina la otra lava y ninguna plancha, la chica quisiera que su madre fuera como ella, ella quisiera que su hija fuera como la chica
Y nada es como es.
Y todo es como parece.
Y lo que parece, parece de película.

- ¿Palomitas de maíz?

- Dale, que está buena.

- Sí que está buena. Voy a buscar un pañuelo.
Contame como sigue.

- Si te vas, no sigue.

- ¿No?

- No. Hay que esperar hasta mañana.

- ¿Qué? ¿Es en capítulos?

- No. Es en la vida.
02/12/2004 04:10 Tema: pulsaciones.
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