La vida no fabula porque no moraleja.

pse.JPGA esta vida que llaman zorra:

No es la vida, no.

La vida es la primera bocanada de aire. El primer llanto. El primer miedo. El contacto inédito con la piel de otro pulgar. La sensación, recién descubierta, del frío sobre la humedad del cuerpo.
Un pecho que recibe o que rechaza.

La mirada ciega y fija -como si supiera a donde están los ojos- de los ojos que buscan parecidos.

El desamparo iniciático.

El corte.

Y a vivir…

La jungla es lugar y es metáfora.
Los zorros se escapan de los cuentos. Los hombres de la bolsa no son -únicamente- quienes trabajan entre acciones y cotizaciones.
Los cucos vendrán auque se tome la sopa, los chanchitos no siempre son víctimas -a veces ya no hay perlas que arrojarles, y siguen siendo cerdos, y hambrientos-.
Las caperucitas se ofrendan, incluso cuando se visten de caperucitas, para ser devoradas por esa boca tan grande, esas manos tan grandes, ese pene tan grande.

En raras ocasiones habrá un cazador -que no será casado- dispuesto a matar al lobo de sus fantasías; sin advertir que ella no quiere un boy scout. Ella quiere lobos.

Está en su naturaleza, como la confesión -tardía- del alacrán a la rana. Como aquel que a las serpientes encanta. Como el ciego de retinas limpias, como el manco de diez dedos, como el paralítico que corre tras lo único que cuenta -doy mis piernas por un ombligo-, como el sordo que lo escucha todo salvo ciertas palabras: “ayudame, no me dejes sola, te necesito, me siento angustiada, estoy triste”.

El mundo, la jungla, está superpoblado.
Los ilusionistas levantan sus carpas aún debajo de una caja de fósforos… suena la música de circo, una luz cenital realza brillos -siempre fálicos- y el espectáculo comienza.

Los ilusos aguardan con su esperanza verde esperanza / a medio camino entre el corazón y la garganta / algunas esperanzas se escapan / impacientes / y aumentan la intensidad de la luz / -que no es luz si no bombillas encendidas- /

Los ilusionistas siempre saben como dejar aquello colgando del misterio. (Y a los ilusos colgados del misterio). Los ilusionistas son los verdugos de la verdad, los carteristas de la fe, los mercenarios de la confianza.

Los ilusos, al igual que los chanchitos, no siempre son víctimas: necesitan creer en todo menos en su propia condición de ilusos.
Los ilusionistas no siempre son victimarios: buscan amor, buscan lo que no tienen: aquello que su truco no puede darles,
salvo furtivamente, y mientras dure la función.

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@ in this world - moby
11/12/2004 02:40 Tema: pulsaciones.
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