La vida no fabula porque no moraleja. (Parte II)
Hace un par de días leía a don Alejandro Casona y su Sirena Varada. De nuevo sentí cierta identificación con sus personajes (ah, no, no me creo sirena, ni canto bien, ni soy un pescado). En realidad, había un aire o ambiente de fantasía entre su mundo y el mío. Miento: y ciertos fragmentos de mundo del gran, gran mi mundo que no se alcanza a ver. Después, leyendo a algunos críticos (hago eso, confieso, desplumo pájaros) encontré un modo de designar su teatro: evasionista. Está bien, yo te largo evasionista y habría que contextualizar. Pero no tengo ganas, voy a hacer caso de mi problema de focalización. Digo solamente evasionista o ilusionista. Circo cirquera. Payaso con lagrimón. Equilibrista.
Quería dejar este fragmento de “Los Árboles Mueren de Pie” en Volverse Humano, (…) como decirte: se oye tu pájaro *
* Se oye tu pájaro: que se te ve el alma o el dibujo del alma. O como diría un fulano: tenés duende.
(...)
ISABEL.- No te reconozco. Oyéndote hablar el primer día parecías un domador de milagros, con una magia nueva en las manos. No había una sola cosa fea que tú no pudieras embellecer; ni triste realidad que tú no fueras capaz de burlar con un juego de imaginación. Por eso te seguí a ojos cerrados. Y ahora llega a tu puerta una verdad, que ni siquiera tiene la disculpa de su grandeza... ¡y ahí estas frente a ella, atado de pies y manos!
MAURICIO. -¿Qué puedo hacer? Al descubrir el juego hemos puesto todas las cartas en su mano. Ahora ya no necesita pedir; puede jugar tranquilamente al chantaje. No hay nada que esperar, Isabel. Nada.
ISABEL. Aún puedes hacer un bien en esta casa; el último. Confiésale tú mismo (...)
MAURICIO.- ¿Qué ganaríamos con eso?
ISABEL. - Es como quitar una venda. Tú puedes hacerlo poco a poco, con el alma en los dedos. No esperes a que él se la arranque de un tirón.
MAURICIO.- No puedo, no tendría el valor. No quiero ver una herida que yo mismo he contribuido a abrir y que no soy capaz de curar ¡Vayámonos de aquí cuanto antes!
ISABEL.- ¿A tu casa cómoda y tranquila? ¿A divertirnos fabricando sueños que tienen este despertar? No, Mauricio; vuelve tú solo.
MAURICIO.- ¡No habrás pensado quedarte aquí!
ISABEL.- Ojalá pudiera. Pero tampoco quiero salir de esta vida inventada para volver a otra tan falsa como esta.
MAURICIO.- ¿A donde entonces? ¿Piensas volver a tu vida de antes?
ISABEL.- Parece increíble, ¿verdad? Y sin embargo ésa es la gran lección que he aprendido aquí. Mi cuarto era estrecho y pobre, pero no hacia falta más: era mi talla. En el invierno entraba el frío por los cristales, pero era un frío limpio, ceñido a mí como un vestido de casa. Tampoco había rosas en la ventana. Pero todo a medida, y todo mío: mi pobreza, mi frío, mis geranios.
MAURICIO.- ¿Y es a aquella miseria a donde quieres volver? No lo harás.
ISABEL.- ¿Quién va a impedírmelo?
MAURICIO.- Yo.
ISABEL.- ¿Tu? Escucha, ahora ya no hay maestro ni discípula; vamos a hablarnos por primera vez de igual a igual, y voy a contarte mi historia como si no fuera mía para que la veas mas clara. Un día la muchacha sola fue sacada de su mundo y llevada a otro maravilloso. Todo lo que no había tenido nunca se le dio allí de repente: una familia, una casa con árboles, un amor de recién casada. Solo se trataba, naturalmente, de representar una farsa, pero ella "no sabia medir" y se entregó demasiado. Lo que debía ser un escenario se convirtió en su casa verdadera. Cuando decía "abuela" no era una palabra recitada, era un grito que le venia de dentro y desde lejos. Hasta cuando el falso marido la besaba le temblaban las gracias en el pulso. Siete días duró el sueño, y aquí tienes el resultado: ahora ya se que mi soledad va a ser mas difícil, y mis geranios mas pobres y mi frío mas frío. Pero son mi única verdad, y no quiero volver a soñar nunca por no tener que despertar otra vez. Perdóname si te parezco injusta.
(...)
Mil gracias Gabriela, de parte del pájaro de Isabel. O del duende de Mon.
16/12/2004 03:08 Tema: c & p.