La cordura indiferente.

destino.JPGDedicado a E., allí donde estés.

Busqué un lugar para tomar café. Era otro bar. Y era otro libro.
Elegí una calle ruidosa, un mesa en la vereda -la única sin ocupar- la silla tibia y una taza vacía.
Camarera, por favor, retire la evidencia de que hay otros tan solos, que hoy no estoy para más soledades que la mía. Usted no sabe, pero yo detesto el ruido, el tránsito, el smog, la gente que me zumba alrededor, no me interesa escuchar aquella conversación, ni esta, ni ninguna. Yo no frecuento estos lugares, porque aquí no se puede pensar. Y vea, traje conmigo un libro sobre mitología. Se necesita calma para lecturas eruditas. No leo Cosmopolitan, ni hago crucigramas. Me interesa la Vieja Europa, aquella que se remonta al año cinco mil antes de Cristo, con su sociedad matrifocal, pacífica, amante de las artes, y ligada a la tierra y al mar.
Aquella que rendía culto a la Gran Diosa -Astarté, Ishtar, Inanna, Nut, Isis-. Serpiente, paloma, árbol y luna. Quiero saber como era el mundo antes de la existencia de los dioses, de las guerras, del poder ideológico del cielo.
No sé que hago aquí.
Aquí no puedo pasar de la oración.

Se me acerca un mendigo, no quiero mirarle la cara a la miseria, me hundo entre letras que no leo.

-Soy del FMI-. Y despliega al mejor estilo hollywoodense una credencial con la foto de un perro. Una foto de almanaque. Pone sobre mi mesa un recipiente de lata -ninguna moneda- y me dice cosas que no entiendo.
Está loco, pero conserva la ironía. Me arranca una sonrisa. Triste.
Recorre otras mesas.
Nadie ve la foto.
La gente lo espanta con ese gesto con que se espanta a una mosca.
Tuve ganas de llamarlo. De que me cuente más acerca de ese perro.
La locura tiene un costado fascinante, un borde filoso por el que me gusta caminar, una astilla que pincha sin doler. Ellos y sus vuelos sin cometa, sin asientos eyectores que los devuelvan al país de la cordura indiferente…

Pero no.
O tal vez sí.
A lo mejor él tenía la respuesta. O me hubiera dado una pista. O quien sabe… quien sabe que habría en ese recipiente vacío.
¿Y si él, o su perro de almanaque, me quitaban el dolor que yo sentía?

Hacía un par de horas, yo tenía un dolor que esperaba por mí. Y lo ignoraba, como ignoramos tantas cosas… ah, cómo nos gusta caminar sobre certezas. Y cuando son como trajes a medida, ni siquiera vemos que allí no hay baldosas. Tampoco el cartel que dice: “Cuidado”.
Cuidado…
Hacía un par de horas, pregunté por él, como siempre…

-Se mató. Fue la respuesta al otro lado del teléfono.

Aún resuena en mi cabeza, e imagino el estampido del disparo sobre su triste permanencia. Agotadora. Sorda.
Sorda entre los sordos.
”Los llevo en mi corazón”. Fue su puto mensaje de despedida.
Y me acordé de aquella noche. Cuando me sacó a bailar un bolero. Y dejó su pullover, de un color tan triste como él, olvidado en mi casa.

Ayer mi empleada encontró ese pullover.

-Señora, ¿qué hago con esto?

-Tírelo.

Es inútil que revise el cubo de la basura.
Ya no está.

@ return to oz - scissor sisters
17/12/2004 03:01 Tema: pulsaciones.
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