Él quiere mi pedazo.
Ojalá no sea verdad mi complacencia.
El gordo de mi sueño era gordo porque se había alimentado de personas que conozco. Todas en sus rasgos, todas. Conformando esa masa informe que me dice “me encantás”, “me fascina tu mirada”; mientras con sus pupilas rasguña hasta lo más profundo de mis entrañas. Y yo lo complazco: enciendo mi mirada para encandilarlo, para fascinarlo –aún más- porque sé que con la mafia no se jode. Mejor que me ame. Mejor hacerle creer que me derrite su confesión. Tendré que ser astuta, medir cada paso; que no se de cuenta…
El gordo tiene su base de operaciones en la terraza de mi vivienda. La de mi infancia.
Cuidado Mónica, esos hombres oscuros, los que adivinás en el interior de la enorme camioneta; los secuaces del gordo, los que todo lo saben, quieren su pedazo: tu cabeza.
Sí, sí. Tendré cuidado. Casi se la llevan. Vaya si casi se la llevan.
Tuve que forcejear –ayudada por cuatro personas- para que mi cabeza quedase en su sitio. Creo que está entre los hombros; sostenida por el cuello, o al menos allí la veo cuando me miro al espejo.
Claro que con el forcejeo se cayeron unas cuantas estanterías. Aún no hice el inventario de los daños.
Todavía no puedo. Todavía duele.
Yo preferiría que me maten con la indiferencia.
Pero me disparan con mentiras enloquecedoras.
-Ni en una película-. Dice mi amiga.
-Espero reponerme.- Digo con fuerzas del grosor de un hilo.
-Vos siempre te repusiste.
Gracias por recordármelo. Fui repitiendo esas palabras durante todo el viaje de regreso. Como un mantra. Yo siempre me repuse. Yo siempre me repuse. Yo siempre me repuse.
El gringo se apareció por casa de madrugada. Se calzó los jeans, puso gasolina a la camioneta; y sin comer ni dormir; manejó durante trece horas hasta llegar… hasta llegar. Se desplomó. Fue a buscarme aún sabiendo que tenía pasaje para viajar… un día después.
-Y ni un día más. Dijo.
Al día siguiente partimos. En realidad, todo lo que yo hice fue una valija. El resto lo hizo él. Hasta pensar por mí.
Miren lo mal que estaré, que lo dejé pensar por mí.
El gordo de mi sueño era gordo porque se había alimentado de personas que conozco. Todas en sus rasgos, todas. Conformando esa masa informe que me dice “me encantás”, “me fascina tu mirada”; mientras con sus pupilas rasguña hasta lo más profundo de mis entrañas. Y yo lo complazco: enciendo mi mirada para encandilarlo, para fascinarlo –aún más- porque sé que con la mafia no se jode. Mejor que me ame. Mejor hacerle creer que me derrite su confesión. Tendré que ser astuta, medir cada paso; que no se de cuenta…
El gordo tiene su base de operaciones en la terraza de mi vivienda. La de mi infancia.
Cuidado Mónica, esos hombres oscuros, los que adivinás en el interior de la enorme camioneta; los secuaces del gordo, los que todo lo saben, quieren su pedazo: tu cabeza.
Sí, sí. Tendré cuidado. Casi se la llevan. Vaya si casi se la llevan.
Tuve que forcejear –ayudada por cuatro personas- para que mi cabeza quedase en su sitio. Creo que está entre los hombros; sostenida por el cuello, o al menos allí la veo cuando me miro al espejo.
Claro que con el forcejeo se cayeron unas cuantas estanterías. Aún no hice el inventario de los daños.
Todavía no puedo. Todavía duele.
Yo preferiría que me maten con la indiferencia.
Pero me disparan con mentiras enloquecedoras.
-Ni en una película-. Dice mi amiga.
-Espero reponerme.- Digo con fuerzas del grosor de un hilo.
-Vos siempre te repusiste.
Gracias por recordármelo. Fui repitiendo esas palabras durante todo el viaje de regreso. Como un mantra. Yo siempre me repuse. Yo siempre me repuse. Yo siempre me repuse.
El gringo se apareció por casa de madrugada. Se calzó los jeans, puso gasolina a la camioneta; y sin comer ni dormir; manejó durante trece horas hasta llegar… hasta llegar. Se desplomó. Fue a buscarme aún sabiendo que tenía pasaje para viajar… un día después.
-Y ni un día más. Dijo.
Al día siguiente partimos. En realidad, todo lo que yo hice fue una valija. El resto lo hizo él. Hasta pensar por mí.
Miren lo mal que estaré, que lo dejé pensar por mí.
20/03/2005 21:56 Tema: pulsaciones.