Recuperando/me.

Post que podría haber titulado "Asuntos de familia" o "La bien pagá".

Quiero hablar de Dragones (Odalys) y de Súper Mujeres (Moonsa). Ellas, con sus imágenes míticas y no tan míticas; me ayudaron a pensar. Así, sin estridencias.
Sin saber, supieron.
También me está ayudando la lectura del Tao Te Ching, o la sensación de retorno a esa fuente enigmática de belleza y sabiduría. Tan paradojal para nosotros, adeptos a la búsqueda eterna del eterno sufrimiento, siempre movidos por el deseo del deseo del deseo. Siempre insatisfechos, alimentando a nuestro minotauro, manteniendo prolijito el laberinto emocional, negando que no hay hilos.
Hablo por mí. No crean que generalizo, aunque eso parezca.
O sea, no crean en las apariencias.
(Qué mal. Comienzo por la moraleja.)

Dice Lao Tzu:

“Ahora vienen las palabras, pero evitemos convertirnos en víctimas de ellas.”

Eso.
Yo no me di cuenta (o sí, pero no me creí); y me convertí en víctima de las palabras.
Antes de seguir quiero aclarar dos cosas: tengo que ser –necesariamente- oscura, porque se trata de un “asunto de familia”.
Por cada renglón, esta vez habrá más de tres –invisibles-.
Leer a oscuras algo invisible es un milagro.
Alabado el que pueda.
Y perdón.

Sigo.
En el post anterior, en una de mis respuestas, dije: “mi dragón tiene más cabezas que mi diosa favorita.”
Un par de ellas son femeninas: una es de mi sangre, la otra atiende una cabeza que no forma parte de las cabezas del dragón, pero que también es de mi sangre.
Una cabeza consanguínea. Otra cabeza con ADN desconocido.
Y ahora agrego:
Muchas veces, nada peor para una mujer que otra mujer.
Así como las mujeres nos comprendemos “tan bien” en el tema del amor sagrado, sabemos perfectamente como destruirnos (unas a las otras) en nombre de la razón.
Nada peor para una mujer que otra mujer que intenta “razonar” las emociones.
Nada peor para una mujer que otra mujer que se mete con su sangre.
La sangre es un asunto muy especial entre mujeres: empezando por la primera menstruación, siguiendo por la maternidad o su ausencia, finalizando por la menopausia.
La sangre no sólo nos corre por las venas. Nos constituye. Y a partir de ella, constituimos. Nos funda y fundamos. Pero fundamentar… lo que se dice fundamentar algo, parándose sobre charcos ajenos… resulta abominable.
Lo puedo comprender en un hombre.
Pero la crueldad femenina me resulta intolerable.
Cuando descubrí, a través de mi profesión; el poder de la palabra… decidí no seguir ejerciendo.
Afortunadamente soy de las pocas.
Desafortunadamente hay gente que equivoca su camino, debería estar al frente de un kiosko o vendiendo porros en la plaza… en todo caso serían menos iatrogénicos que detrás de un escritorio. Y si son mujeres, ni hablar… porque el escritorio les sirve de biombo, de pantalla tras la cual esconder –que no se note- el pene que anhelan tener y que nunca, jamás de los jamases; tendrán, tan descontentas están con su vagina. Con su agujerito. Hay mujeres que no soportan tener agujeros. Entonces gozan –desde su rasgo más perverso- señalando los tuyos. (Los míos.)
No satisfechas con eso, (cosa que no me va ni me viene, a mí me encantan mis muchos agujeros); culpan a tus agujeros de los agujeros de los otros. (A mis agujeros de los agujeros de “mis” otros.)
¿Qué suponen? ¿Qué soy un tampón?
Bueno. ¿Pueden creer que me lo creí? ¿Pueden creer que creí estar dotada de semejante poder?
El “poder”, para una mujer que asume sus muchos agujeros, es algo absolutamente abrumador.
Es tremendo, créanme, tremendo caer en esa trampa.
Esta mina, de la que hablo; es la antítesis de la Súper Mujer. Es una psico-pateadora profesional, que busca en mí a la Súper Mujer. O sea, que intenta “revelármela”. Con lo cual, al comprar semejante contrato que no se lee ni con lupa; acepto las condiciones.
¿Cuáles serían las condiciones?
Admitir que soy culpable. Y la única culpable.
Que ejerzo la magia. (Sí, textual.)

-¿Magia? ¿poderes? No entiendo un carajo.

-Sí. Vos con tus piedras.

Recuerdo que llevaba puesto un colgante con un cuarzo rosa. Me lo arranqué del cuello, lo arrojé contra su escritorio, y grité:

-Pero decime una cosa, pedazo de pelotuda, si yo le otorgara algún “poder” a las piedras, ¿no te parece que tendría mi vida resuelta, que le hubiera devuelto la salud a mi hija, que estaría con la persona que amé, que tendría a mis hijos conmigo???

-Ah… no sé. No puede ser que tanta gente mienta.

No puede ser que tanta gente mienta. No puede ser que tanta gente mienta. No puede ser que tanta gente mienta. No puede ser que tanta gente mienta. No puede ser que tanta gente mienta…

Salí de allí con una crisis.
No puedo contar de qué me culpaba.
Sólo decir que me acusaba de algo “incontrolable” para mí.
No puedo contar a quienes se refería con aquello de “tanta gente”.
Sólo decir que sí, que hay mentiras enloquecedoras. Y que ella, que se limpia el culo con el código de ética profesional, se encarga –convenientemente pagada por quien quiere su pedazo (mi cabeza)- de sostenerlas; Y ESA FUE LA ÚNICA REVELACIÓN, la que logró sacarme de mi eje después de muchos años. Después de tanto esfuerzo personal. Después de tanto trabajo conmigo misma. Después de haberme atrevido a meterme con cada uno de mis agujeros. (Y no salir corriendo a buscar tampones humanos. Ni mirarlos con horror –oh, tengo un agujerito- si no con compasión.)
Nada peor para una mujer que otra mujer con las pasiones cambiadas.

No hablen con desconocidos.
Miren hacia las esquinas antes de cruzar.
No acepten bebidas a menos que abran la botella delante de ustedes.
Cuidado con las psicólogas que impostan la voz. Escupen fuego.
Finalmente,

Las Súper Mujeres NO EXISTEN.
23/03/2005 03:20 Tema: pulsaciones.
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