Tan loco.

Hoy, mientras pisaba Buenos Aires, mientras caminaba sus Avenidas en una tarde que me tomé sin tiempos, noté que tenía la mirada cambiada. Mirada de turista. ¿Porqué no?, pensé. Comienzo a quitarme vendas, y resulta que libero conciencias, ojos, mi forma de andar, aquello que percibo, escucho, huelo, siento. Nuevo. ¿Nueva? No, nueva no; tal vez más ligera a pesar de los trastos que cargaba, del calor de este Abril inexplicable, del calor inexplicable de este Abril.
Tomé café en un sótano. Era curioso ver pasar piernas y adivinar como sería el resto. Llegué a la conclusión de que los mejores culos habitan en esta ciudad. Digamos que mi estancia en ese lugar no daba para más, pero me demoré un rato porque pasaban buena música. Chill out, ambient… y porque el libro que llevaba conmigo me tenía atrapada. Me acordé de Luis, de su lado oscuro (¿el suyo, solamente?), y pensé que sería una lectura perfecta para alimentar sus estadísticas sobre la condición humana. ¿Humana? Sí, humana. Cuando la penumbra del lugar cansó mi vista, y cuando me cansé del desfile surrealista de -adivina qué cara tendrá- subí las escaleras para convertirme en un traste más entre los trastes… y caminé. Caminé. Caminé. Caminé. Me llamó la atención la publicidad de una revista. En la portada, Carlos y Camila (vamos, Greg, sé que te reís) declaraban dejar su fidelidad en manos de Dios. ¿Habré leído bien? ¿No sería “felicidad” en lugar de “fidelidad”???) La maldije en silencio (a ella, a la arpía) y preferí quedarme con la duda. Pobre Diana. Luego entré a la Basílica de San Nicolás de Bari (¿Basílica, Parroquia, qué era?) busqué un banco que no dijera “reservado a…”, y me derrumbé junto a mis muchos paquetes, sin ningún disimulo. Dos ancianas me lanzaron miradas de “mejor rece tres ave marías y catorce padre nuestros”. Y yo cerré los ojos. Y recé. Un grupo de españolas acompañadas por su guía miraban embelesadas la cúpula de la ¿Basílica, Parroquia?, mientras yo me preguntaba por qué la Virgen Desatanudos no tenía nudos, por qué Jesús Misericordioso se veía tan bello en mi estampita y allí tan vulgar, por qué las imágenes estaban tan cargadas de dolor. Surgieron los viejos enigmas de mi infancia, de cuando el Padre Merola (un cuervo), me gritaba porque no recordaba el Gloria… “no me acuerdo porque todavía no sé leer” -yo lloraba, temblaba, me hacía pis encima-… “entonces se lo aprende de memoria!!!”… y así fue como tomé la primera comunión… de memoria. Y de memoria recuerdo que aún con cinco años yo no podía explicarme que existieran los Padres malos, que los santos tuvieran esas caras que daban miedo, que cómo podían ser santos con esas caras… terribles caras, cruentas caras. Salí de allí preguntándome lo mismo. Cuarenta y tres años después. Lo mismo. ¿Estará prohibido pintarlos con sonrisas, despeinados, bostezando? ¿No se vería mejor Jesús; si nos guiñara el ojo izquierdo?
Mi nuevo gnomo, el que acabo de comprar, no habla. Espero que se entienda con Kyba, mi pixie. Y con Verbena, la novia de Kyba, que toma anticonceptivos para no traer gnomitos a este mundo. Tan loco. Que una ve caminar sólo piernas por la calle.
19/04/2005 03:51 Tema: pulsaciones.
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