No me gustan los mitos.
Es difícil opinar sobre aullidos masculinos y abandonos femeninos sin caer en lugares comunes, estereotipos, mandatos sociales y generalizaciones. A mí me gusta la excepción, la norma quebrada, el gato que queda fuera de la bolsa, el camino sin señal, el final abierto, el margen del margen de lo que sea, el sí porque no, y el no porque sí.
Es mi naturaleza, no es una postura. Por eso me aburren las cosas que entusiasman a la mayoría de la gente –mayoría que también me aburre- y me vuelve selectiva –no tanto en calidad si no en afinidad-.
O sea… mi trayecto es un tanto solitario, y plagado de cuestiones que dan vuelta el concepto de lo “puramente femenino” o “puramente masculino”.
Por ejemplo:
-La monogamia me parece una aberración.
No oculto mi tendencia “poli amorosa” (como diría Gregori… tan eufemísticamente.)
-No busco hombres que hagan (con tanto gusto) de padre.
No busco hombres. (Y en ocasiones me busco a mí misma: el autoerotismo es una práctica enriquecedora.)
No busco hombres sólo pasivos/ sólo activos/ carentes de imaginación/ rutinarios/ posesivos/ hartantes/ ocupados/ desocupados/ omnipotentes/ acomplejados/ susceptibles/ gastados/ acabados con ganas de empezar… etc.
-No prometo nada y detesto las promesas (no les creo, no les creo… nada peor que prometerme algo para ganarse automáticamente mi desconfianza.)
-No permitiría que me mantengan económicamente.
No tengo problema en aportar dinero. No presto. Ni espero devolución.
Lo tuyo es tuyo. Lo mío es mío. Tratemos de no tener “lo nuestro”.
Mi estado bancario es un secreto de estado.
El contenido de mi computadora también.
Mi celular tiene código de seguridad, al igual que mis documentos.
-No lavo ropa ajena.
-Ya no cocino para nadie.
-El sexo me resulta tan imprescindible como sentarme a comer. A veces con tres tenedores, a veces un fast food.
Necesito tener sexo diariamente. O me pongo fatal. Bueno… un par de días está bien. Tres ya es peligro inminente de “me voy a la mierda o me busco un amante”. Cuatro: “yo te lo advertí”.
Pagaría por tener sexo si me diera la gana. Claro que… sería tremendamente exigente.
Amor y sexo no tienen nada que ver. Y a veces ni siquiera tienen nada que hacer.
Sexo sin deseo, jamás.
Necesito sentirme deseada o me pongo triste. Sí, triste.
El sexo es sexo. Quiero decir… es todo. Y “todo” no significa que alguien deba ser penetrado.
Una caricia es una manera diferente de coger. Pero es coger.
Una mirada también.
-Como mujer, y solo como mujer; nada es más glorioso que hacer el amor con el hombre de tu vida. Ya saben que para mí, “el hombre de tu vida” es uno solo. No hay dos, ni tres.
Todo lo anterior, o posterior, son intentos de aproximación a la gloria. Intentos muchas veces estupendos. Pero intentos. Y una lo sabe.
¿Si el hombre lo sabe? No tiene porqué saberlo. Sería estúpido.
-“La mujer de tu vida”: si no lo fui, si no lo soy; prefiero que no me lo digan. ¿Que haría si me lo dijeran? No podría volver a estar con esa persona. No, no soy nada humilde. Y sí, puedo ser bastante tonta.
Pueden tocarme mal, no saber cómo tocarme para arrancarme aullidos… pero no me toquen el orgullo, porque entonces toco el picaporte. Te vas o me voy.
-No puedo competir con ninguna mujer. Preferiría competir con otro hombre. Tachen la palabra “competir” si no les gusta. Ahora no se me ocurre ningún sinónimo.
No, no me jode la bisexualidad.
Es más, me gusta el hombre que se permite fantasear con otro hombre.
Obviamente, no podría estar con un hombre que no se dejara explorar por completo.
-No creo que haya zonas masculinas o zonas femeninas. Hay zonas y punto.
Bueno… supongo que el tema sigue. Digamos que es como el capítulo número uno.
O mejor, una introducción.
Pero sí hay hombres que saben aullar.
Como hay hombres más manipuladores que una mujer (no pertenezco a esa clase, gracias si manipulo un control remoto; pero las mujeres tenemos un arte especial para la manipulación- chantaje emocional- o como quieran llamarlo…)
¿Seguimos?
16/06/2005 12:54 Tema: pulsaciones.