El primer día del resto de mi vida.
El post tonto de la araña lo escribí momentos antes de regresar a Buenos Aires. Sin saber todo lo que pasaría después.
¿Cómo se llama ese intervalo, si es que existe, entre el antes y el después?
No sé como seguir. De verdad.
Anoche se desató una tormenta muy fuerte en la ruta. Veníamos escuchando a Vicentico, hasta que me cansé de tanto Culpable y le pedí al Gringo que me contara cosas que me hicieran reir. Recliné la butaca del auto, me tapé con una manta, y mientras miraba como caía la lluvia sobre el cristal de mi ventana, pensaba este es un momento perfecto.
Hasta que el auto comenzó a dar vueltas en el aire y Víctor: mi amor, mi amor, nos vamos . Y las manos buscándose sin sentido y a tientas, y los cuerpos como muñecos de trapo.
Un video sin control que va disminuyendo en velocidad hasta ver cuadro por cuadro.
Cuadro
por
cuadro.
Y una imagen que se detiene.
Fin.
La oscuridad más absoluta, como astronautas sin gravedad, el techo roto debajo de nuestras cabezas rotas, la certeza de haber caído en una laguna, el terror de sentir la espalda mojada.
El agua entrando a un auto que en segundos sería una pecera con dos imbéciles ahogados.
Y una mujer (yo), que no acaba de sorprenderme. De un solo puñetazo rompí el vidrio. Y el vidrio se convirtió en un dique y el dique terminó por llenar el habitáculo y mis últimas palabras para Victor fueron salí YA!!! (porque el hombre, como todo ser más lógico que una mujer, pretendía abrir la puerta). Ya dije que soy un poco loca. Pero esta vez la locura nos salvó la vida. Salí por ese hueco astillado como un pececito herido por un arpón para tiburones.
Él me abrazaba debajo de la lluvia y al lado del desastre, hundidos en el agua hasta las caderas, mientras me decía mi amor, volvimos a nacer. Se equivocaba. No era momento para abrazos ni frases de película. Yo estaba llena de agua, sangre, vidrios, lodo y HORROR.
Horror.
Bomberos, ambulancias, policías. Dos horas con la ropa congelada sobre la piel. Luces rojas, verdes y amarillas que parecían multiplicarse a causa de la lluvia, y mi mirada perdida en la laguna.
Traumatismo craneoencefálico fue mi diagnóstico.
En apenas tres horas todo el pueblito de Canals se había enterado de nuestra tragedia. Y venían a vernos al refugio que nos habían improvisado en un barcito. La frase recurrente era ustedes no se mataron de pedo. Y como si a mí no me hubiera quedado bien clarito, no se cansaban de repetirla.
La frase número dos era el auto se arregla, lo importante es que la sacaron barata.
La frase número tres fue uno no sale a buscarla (a la muerte, claro).
Y yo no podía creer nada nada de lo que escuchaba.
Porque el auto se arreglará o no. Me importa tres carajos. ¿Pero a mí, lo que yo siento, mis destrozos interiores, quién los arregla?
Y lo más fuerte, tal vez el reconocimiento más terrible, fue el que me animé a formular hace tan solo dos horas. Sí, veníamos en plan de compartir cuatro días de placer. Pero hicimos todo lo posible por matarnos.
Esa idea fue la que no me permitió hablarle durante las siete eternas horas que duró el viaje hasta aquí, en la misma grúa que traía los despojos de mi auto. Y al volante de Javier, quien contaba con lujo de detalles su trabajo de levantar autos, cadáveres aparte. Nunca imaginé que podía existir tanta similitud entre una grúa de auxilios y una empresa funeraria.
Yo, sencillamente, no tenía palabras. Ni siquiera ira.
- Está shockeada, decía Javier.
- ¿Moni, te duele algo?, Javier otra vez.
- Estoy cansada, era mi respuesta.
Pero me dolía el culo, la cabeza, los brazos, las piernas, el cuello, y fundamentalmente EL ALMA.
En casa pude hablar. Y pude hablar porque todavía no puedo llorar. Ni una puta lágrima.
Y son las cinco de la mañana y a pesar de las pastillas tampoco puedo dormir.
Una y otra vez me pregunto ¿porqué la muerte pasó para irse? ¿Quien, qué, me dio esa fuerza para romper con mis nudillos un vidrio debajo del agua?
- Mon, mi amor, fue un accidente.-
- Estar en el lugar equivocado ya no lo convierte en accidente.
Y aquí dejo.
No sé que más dejaré.
22 comentarios
Mon -
La hora de las brujas -
nemomemini -
memota plasta -
memota plasta -
nemomemini -
Besos.
Mon -
pero no critiques a bart... ya dejé algo en tu blog, es solo una ideita para que te entretengas... y mi solidaridad hacia la elfa buena que soporta tus guarradas jeje.
rusinho -
Por ciento Nemo, que bonito lo del gorrion! Pero ... que seria de nuestras sobremesas si en vez de esos sonidos onomatopedicos que te marcas dijeras cosas como las del gorrion ... ? xD
Mon -
que paradoja... los que están a un paso, no están.
y ustedes, que están tan lejos de aquí, están tan cerca de mí.
memota plasta -
Alex -
Recien me entero y estoy en shock todavia. Gracias a Dios que estan bien. Definitivamente que planes grandes tiene el universo para ti.
Que bueno saber que estas viva.
Y aprovecha los sueños para averiguar por que.
Un besote
Alex
nemomemini -
Besos.
Lullorando -
elborde -
Mon -
rusinho -
Cuidate mucho, COÑO! :P
Mon -
joder que me tengo que accidentar para que dejen un coño.
memota plasta -
rusinho -
muchos besos y abrazotes. cuidate, wapa.
Mon -
por eso no te mando a la mierda :)
porque estás diciendo lo que yo misma siento.
ya ves... son las siete de la mañana, y aún sin acostarme... llevo 48 horas sin dormir.
me duele, me duele todo.
y no siento que haya compartido una experiencia.
es raro... tal vez sea mi cabeza (pobrecita) y mi frente que parece digna de los mejores efectos especiales.
nemomemini -
Besos.
Monmuytriste. -
yo soy una contradictoria de mierda, porque me encanta el hombre que sigue a su mujer, pero admito que soy una mujer a la que a veces es bueno poner a reflexionar... y ni yo se lo permitiría, y ni el lo intentaría.
lo cuento así, sin pudor, porque a cualquiera puede servirle, porque a cualquiera puede pasarle, porque no es algo que nos haga mejores o peores, y porque tendría que ser necia para negar que esta fue una señal muy clara de todos mis ángeles y arcángeles que ya deben estar un poco podridos de cuidarme tanto.