Gracias por tu Amor.

No sé que irá a salir, las emociones sobran y entonces enmudezco y mis dedos obedecen, tontos dedos.
Miro la pantalla, el cursor que titila tipeo con la mano derecha; y con la izquierda sostengo contra mi pecho un corazón de cuarzo rutilo. Parece que con un solo corazón no basta. Extraña coincidencia, ¿no? A vos no te bastó con un solo mandala.
En algún momento te dije: vas a estar en mi vida, ¿te das cuenta?
Ambas sabemos que -desde una dimensión otra, intangible pero no menos real por eso, perfecta en su abstención del tiempo y el espacio (o mejor dicho, porque los abarca hasta los confines )- ya hemos estado juntas; sintiendo el obrar de la otra con una sincronía asombrosa. Divina.
Privilegios, Nada.
Maravillas de las que poco hablo porque esa es mi elección. Prefiero vivirlas y compartirlas con quien se exprese más allá de su ego, de mi ego; de ese enano enceguecido de tanta sombra que no puede andar si no es con pasos cortitos, tanteando lo seguro, fiel a la razón, ignorante del poder del alma.
Pocas veces me sentí tan vulnerable. Tanto que me tomé toda la tarde para enfrentarme a tus pinturas. Ni siquiera me lo cuestioné. Sabía que alguien -algo- me diría: llegó la hora, hay que rasgar el papel; quitar la materia sobrante, mirar/me entre tus círculos y recorrer cada trazo con mis dedos. Ver. Verte. Abrirte para siempre la puerta de esta existencia. Llevarte conmigo sin importar adonde. Estás tan aquí, que casi podría ofrecerte un cigarrillo y un café. Nos veo riendo, con risas distintas y con manos que se aprietan y por fin se reconocen.
Dos pinturas bastaron para cubrir a quienes soy. Desde los pies hasta hasta ese lugar que no siempre es el mismo, al que no siempre llego, en el que habitan los que conducen mi automóvil cuando la vista se me nubla por la angustia y no sé donde estoy, ni cómo diablos no me maté en el camino. Ese lugar sin muros ni cajones, que sin embargo guarda mi para qué en este mundo aunque a veces se me olvide. Y me sienta tan sola.
Y ya no sé que decirte.
Satori, Nada.
11 comentarios
Mon -
:))
hemos danzado juntos.
un beso grande.
greg -
Aunque yo me mueva un poco más cerca de las sombras que esconden lo que no vemos, he tenido el placer de cruzar momentos con las dos, por separado, y así poder acariciar mejor el que os define a las dos.
Es precioso.
Aunque... no lo he dudado en ningún momento :-)
Besos para las dos
Mon -
gracias y gracias por el mail, ya voy a contestarlo.
pero sí te adelanto algo: si no pintaras mandalas, si pintaras retratos; no podrías haberme retratado mejor.
y ése fue el primer impacto, que aún me dura, porque estamos hablando de mandalas, y distancias y presencias.
un beso enorme.
luego te escribo, hay cosas que aquí no dije.
NADA -
No se qué más decir porque las lágrimas no me permiten ver bien la pantalla de mi ordenador :). Sí, estoy más allá de la distancia, del tiempo, del ego...
Gracias por saber ver, porque lo que más me emociona, es que vemos muchas cosas juntas y nuestras miradas vislumbran el mismo horizonte...
En este momento no puedo decir más.
Sí, puedo decir que te quiero y te admiro muchísimo, y claro que estoy allí, ahora con otra presencia.
Un abrazo en la luz
nemomemini -
Eso "que no se ve, que no se toca" es lo que ella consigue no ponérnoslo delante, sino hacérnoslo ver "dentro" de nosotros. Yo la percibo así y así la siento.
Besos para ella y para ti, por tu hermoso escrito :)
Odalys -
Besos y un abrazote fuerte. Precioso post :)
Berenice -
He dejado unos comentarios en Atlante para ti. Un besito...
nadie -
Un saludo.
mad -
Besos a ambas
Atlante -
Mon -
pero me dio la reverenda gana de escribirlo aquí.
y a nadie excluyo, todo lo contrario.
estoy compartiendo con ustedes el Valor de una persona que todos conocemos.
y quien aún no la conozca... no tiene más que golpear a las puertas de su blog, siempre abierto, y encontrarse con su luz.
no sólo la respeto como persona y como artista; también la admiro por atreverse a DECIR la vida con otro lenguaje.