Él.

mandaladeldiadespues.JPGPor Ella.

“La mayoría de las personas están ocupadas en revolver mochilas, valijas, fosas nasales y ombligos (me incluyo), por lo que pocos notan mis estados. Vos, entre los pocos. Aún hundida en tus propias tristezas, o precisamente por eso, ¿cómo se hace para cargar mochilas y extender manos para, además, soportar el peso de los otros?”

Me preguntás como se hace. Y yo te digo: aprendiendo a recibir.
Durante mucho tiempo creí que podía prescindir de todos.
Cerraba puertas.
Bajaba persianas.
Apretaba la boca. No sabía pedir.
A mí nunca se me había roto el corazón. De amor.
Un corazón roto es un corazón abierto. Expuesto. Vulnerable.
Podés arreglarlo, claro.
Alambrarlo con púas, vestirlo de acero.
Arrancártelo.
O podés dejarlo como está. Y ser una persona más genuina.
Entonces extendés tu mano y encontrás otra mano.
¿Cómo no soportar el peso de los otros, cuando ellos soportan el mío? Porque mi mano también pesa. Ya no quiero parecer inquebrantable. Ya no quiero disimular, mentirme, ocultar mis sombras con un único propósito: ser querida.
Todavía me cuesta. Todavía, en ocasiones, mido mis palabras, escondo los gestos de mi alma, evito las miradas, me arrepiento de lo dicho.
Todavía no me creo. Todavía tengo miedo. Todavía me escondo para llorar.

Anoche dijiste: “tratá de encontrar un punto, una maderita, unos ojos que te sirvan de amarre, aferrate a algo y salí de la tristeza.”
Y no alcancé a explicarte…
que mi maderita es mi hija, que no puedo amarrarme a lo que no tengo.
Que no siempre puedo salir de la tristeza. Aunque me quieras. Y me lo digas.
Y tampoco alcancé a explicarte…
que no fui justa con vos. Que te exigí presencias permanentes para poder sobrevivir a otras ausencias. Y te pido perdón por eso. Yo no lo sabía.
Y ahora que lo sé, ahora que de tanta soledad tengo mi catálogo aprendido, nos quiero libres de culpa y cargo. Nos quiero libres de toda nostalgia. De toda amargura por lo que pudo haber sido, porque HAY VERDAD; no sé si en la predestinación –aunque yo crea en ella y vos te pelees con tu sexto sentido-

“Tal vez estemos destinados a reencuentros eternos, una y otra vez, reconociéndonos por meternos las manos en los bolsillos y encontrar tristezas tan familiares unas con otras”.

No hace falta que metas las manos en los bolsillos. Yo te reconocería con los ojos vendados y aún sin tocarte.
Y si entraste a leerme para confirmarte lo lejos que estoy…
estoy tan lejos como quieras que esté.
Estoy a ochocientos kilómetros, estoy a veinte minutos, estoy en un bar tomándome tu coca.
Estoy en tu cristal.
Estoy en nuestras cartas, estoy en mi/tu uroboro, en la imagen de T., en tus excusas para escribir.
Estoy.
Y ningún viaje dura una ausencia. Ningún viaje, tuyo o mío, nos lleva tan lejos que no podamos alcanzarnos. Acercarnos. Reencontrarnos.

Sabernos para siempre.
En esta vida.
Porque aún es.

@ morning light – café del mar
03/10/2004 17:57 Tema: pulsaciones.
Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.