Tratos.
-¡Callate!, me gritó. Con ojos desorbitados, el llanto queriendo escapar de su garganta vociferante, el mango de la cuchilla golpeando contra la mesa.
-¿Callate? callate las pelotas, dije yo.
Tomé mi bolso y le advertí que de ahora en más, si quería saber sobre mí; llamara.
-¡¡¡No pienso llamarte!!!
-Que bueno, yo tampoco; con la locura no hay diálogo posible.
Y me fui.
Mientras regresaba por la ruta de la costa desaparecían las águilas, las montañas, las verbenas que tapizan las banquinas, las retamas en flor, el incendio de ayer por la noche. Mis logros de este día. Yo, la de hoy; daba paso a la de ayer.
Una mujer diciendo que sí con tal de…
Una mujer tapando agujeros con tal de…
Una mujer temerosa con tal de que no…
Lo sentía a medida que me hundía en el asiento de mi auto. En mi falta de lágrimas, en la sensación de lo ya vivido, en lo paralizante de ciertas situaciones por inesperadas, por inexplicables, por explosivas.
Y porque no llevo puñales escondidos por si acaso.
Pero lo que en otro momento de mi vida hubiera resultado muy costoso, sólo me costó un alto en el camino y una taza de café. Para pensar. Que por primera vez, frente a esa persona, no mastiqué silencios. También abrí mi boca y vomité sobre su mesa.
Tu trato no me debilita. Tu trato me da pena. Tu trato es patético. Tu comprensión es nula.
Ya sé que te peleás contra el cariño. Que de un modo u otro necesitás lastimar. Dinamitar puentes, quedarte en pelotas. Culpar a los muertos por ser como sos. Endiosar humanos para llenar tu jardín de epitafios: “aquí yace quien no era”.
Pero yo,
yo no voy a yacer en tu jardín.
-¿Callate? callate las pelotas, dije yo.
Tomé mi bolso y le advertí que de ahora en más, si quería saber sobre mí; llamara.
-¡¡¡No pienso llamarte!!!
-Que bueno, yo tampoco; con la locura no hay diálogo posible.
Y me fui.
Mientras regresaba por la ruta de la costa desaparecían las águilas, las montañas, las verbenas que tapizan las banquinas, las retamas en flor, el incendio de ayer por la noche. Mis logros de este día. Yo, la de hoy; daba paso a la de ayer.
Una mujer diciendo que sí con tal de…
Una mujer tapando agujeros con tal de…
Una mujer temerosa con tal de que no…
Lo sentía a medida que me hundía en el asiento de mi auto. En mi falta de lágrimas, en la sensación de lo ya vivido, en lo paralizante de ciertas situaciones por inesperadas, por inexplicables, por explosivas.
Y porque no llevo puñales escondidos por si acaso.
Pero lo que en otro momento de mi vida hubiera resultado muy costoso, sólo me costó un alto en el camino y una taza de café. Para pensar. Que por primera vez, frente a esa persona, no mastiqué silencios. También abrí mi boca y vomité sobre su mesa.
Tu trato no me debilita. Tu trato me da pena. Tu trato es patético. Tu comprensión es nula.
Ya sé que te peleás contra el cariño. Que de un modo u otro necesitás lastimar. Dinamitar puentes, quedarte en pelotas. Culpar a los muertos por ser como sos. Endiosar humanos para llenar tu jardín de epitafios: “aquí yace quien no era”.
Pero yo,
yo no voy a yacer en tu jardín.
21/10/2004 05:44 Tema: pulsaciones.