Nadie más.
Hoy me reencontré con un objeto que forma parte de mi pasado. Una ampulosa araña de cristal, testigo de un tiempo en el que yo no era yo, me rodeaban cuatro hijos y un marido, y el dinero disimulaba tristezas y opresiones.
Todavía tengo mis tristezas, pero ya no las escondo. Eso no significa que las comparta. A veces digo: “no quiero hablar de eso”. Antes decía: “no me pasa nada”. Y trataba de creerlo. Todos trataban de creerlo.
Ya no miento. A nadie le interesa creer en mis mentiras. A nadie le conviene. Es la primera vez que mi tristeza, entristece. O que mis silencios duelen. Aquí me dejan en paz, pero los ojos indagan y de los ojos salen manos que acarician mi cabeza. Y con eso basta.
Nada permanece demasiado tiempo.
Por eso los reencuentros son reveladores. También con los objetos.
Si ya no soy aquella, ni la otra, la araña de cristal tampoco es la misma.
Todos sus caireles están intactos, pero yo la vi quebrada. Lejana a mi corazón. De un brillo opacado por la distancia de quien sigue viviendo, y para vivir se va quitando lo que provoca extrañeza, lo que se va sintiendo ajeno.
Cristales.
Frágiles.
Decidí desarmarla, cairel por cairel, palabra por palabra. Soltar engarces, trabas, cables.
Poner cada pieza sobre la mesa.
Ya no es lo que parecía ser. Ahora no ilumina.
Nadie más podrá ver lo que yo vi.
Y vos lo sabés.
A partir de mañana serán cristales pendiendo de ventanas abiertas, refractando una luz verdadera. Arco iris en mis paredes.
Cada día.
Con cada sol.
Aunque haya dolores como vientos que cortan.
Todavía tengo mis tristezas, pero ya no las escondo. Eso no significa que las comparta. A veces digo: “no quiero hablar de eso”. Antes decía: “no me pasa nada”. Y trataba de creerlo. Todos trataban de creerlo.
Ya no miento. A nadie le interesa creer en mis mentiras. A nadie le conviene. Es la primera vez que mi tristeza, entristece. O que mis silencios duelen. Aquí me dejan en paz, pero los ojos indagan y de los ojos salen manos que acarician mi cabeza. Y con eso basta.
Nada permanece demasiado tiempo.
Por eso los reencuentros son reveladores. También con los objetos.
Si ya no soy aquella, ni la otra, la araña de cristal tampoco es la misma.
Todos sus caireles están intactos, pero yo la vi quebrada. Lejana a mi corazón. De un brillo opacado por la distancia de quien sigue viviendo, y para vivir se va quitando lo que provoca extrañeza, lo que se va sintiendo ajeno.
Cristales.
Frágiles.
Decidí desarmarla, cairel por cairel, palabra por palabra. Soltar engarces, trabas, cables.
Poner cada pieza sobre la mesa.
Ya no es lo que parecía ser. Ahora no ilumina.
Nadie más podrá ver lo que yo vi.
Y vos lo sabés.
A partir de mañana serán cristales pendiendo de ventanas abiertas, refractando una luz verdadera. Arco iris en mis paredes.
Cada día.
Con cada sol.
Aunque haya dolores como vientos que cortan.
11/05/2005 05:28 Tema: velos.