Paradojas.
”Tal vez tenga que derramarse vino
para escapar de un día.
Tal vez tenga el cielo
que desarmarse entero para tal vez yo
hacerme pluma y flotar”.
N.A.
Estos días anduve muy reclamada por la familia del Gringo.
Sus hijas.
Una hermana.
Los nietos.
Esas paradojas que hacen que otras paradojas resulten soportables.
1. Sé que me requieren de verdad.
2. Hay abrazos imposibles de fingir.
3. Corazones que se derraman como el mate, sobre un mantelito de plástico:
V. acaba de separarse de su segunda pareja. Sobre el pijama me puse un abrigo y fui hasta su casa. Me contó una historia llena de ojales en los que entraron casi todos mis botones.
-No ez maz mi noguio-. Emma, el duende; que aún no sabe de botones pero sí de ojales.
N., mi niña cósmica; regresó de Córdoba por unos días. Tomamos tantos cafés como pudimos. También estuvo K., la única hermana del Gringo que conozco –y adoro-.
Parece un junquito. Savia. Y sabia. Lástima que no suelte todo lo que sabe.
-Cuánto sabés. Me dice.
Y yo la miro.
Después, a solas, reconozco que sí. Que lo sé todo. Lástima que no suelte todo lo que sé.
Si ciertas personas supieran que sé…
¿Pero qué importancia podría tener? Si soy experta en amordazar mis tripas. Si soy experta en el nocivo arte de la negación.
Veo lo que quiero.
Leo lo que quiero.
Escucho lo que quiero.
Dejo que crean que me engañan. Que crean lo que creen.
No sé para qué lo hago.
Mi antigua teoría está cayendo.
La nueva comienza a revelarse. Pero yo no voy a rebelarme.
Que todo decante sin esfuerzo. Aún mi negligencia consentida.
Hoy pasamos el día con D. y su mujer.
Ayer llamó –con un hilito de voz- para decirnos que quería festejar Pascuas con sus amigos.
Me emocionó profundamente sentirme parte de sus afectos.
Yo no sé si habrá otra Pascua para él.
¿Quién puede saberlo? Tal vez nos sobreviva y entonces sea él quien recuerde la borrachera de hoy, el ofrecimiento del Gringo: “te doy mi médula”, mi: “yo también”; los planes para irnos a vivir a Brasil en cinco años, y ese momento fuera de toda lógica… en el que desató un pañuelo (ignoro como dio con él) que cargaba piedras, y se puso a jugar con ellas. Ya saben, siempre está provocándome.
-¿No era que ibas a regalarle una piedra? Disparó el Gringo.
-Sí, bueno, no, que se yo, no sé… (ya no quiero regalar piedras.)
Le quité de las manos las que tenía vendidas, y abrí una caja que puse frente a sus ojos –aún llenos de vida-.
-Elegí la que te atraiga-, le dije.
Miró, tocó, revolvió, inventó nombres… “ésta”.
“Ésa”, era mía. En otra ocasión no hubiera dudado en quedármela. Respeto las elecciones pero jamás me desprendo de "mis"piedras.
Pero allí estaba “ella”, latente, con el precio pegado en una de sus caras, confundida entre tantas.
Casi como yo.
Entendí que lo latente debe manifestarse. Que nadie tiene precio. Que hay momentos preciosos. Que su presencia, casi etérea, valió mi resaca, mil resacas, cien mil resacas con tal de verlo reír, y llevarse mi piedrita en su bolsillo.
Que pena no haberte conocido antes.
Creo que me hubiera enamorado de vos.
para escapar de un día.
Tal vez tenga el cielo
que desarmarse entero para tal vez yo
hacerme pluma y flotar”.
N.A.
Estos días anduve muy reclamada por la familia del Gringo.
Sus hijas.
Una hermana.
Los nietos.
Esas paradojas que hacen que otras paradojas resulten soportables.
1. Sé que me requieren de verdad.
2. Hay abrazos imposibles de fingir.
3. Corazones que se derraman como el mate, sobre un mantelito de plástico:
V. acaba de separarse de su segunda pareja. Sobre el pijama me puse un abrigo y fui hasta su casa. Me contó una historia llena de ojales en los que entraron casi todos mis botones.
-No ez maz mi noguio-. Emma, el duende; que aún no sabe de botones pero sí de ojales.
N., mi niña cósmica; regresó de Córdoba por unos días. Tomamos tantos cafés como pudimos. También estuvo K., la única hermana del Gringo que conozco –y adoro-.
Parece un junquito. Savia. Y sabia. Lástima que no suelte todo lo que sabe.
-Cuánto sabés. Me dice.
Y yo la miro.
Después, a solas, reconozco que sí. Que lo sé todo. Lástima que no suelte todo lo que sé.
Si ciertas personas supieran que sé…
¿Pero qué importancia podría tener? Si soy experta en amordazar mis tripas. Si soy experta en el nocivo arte de la negación.
Veo lo que quiero.
Leo lo que quiero.
Escucho lo que quiero.
Dejo que crean que me engañan. Que crean lo que creen.
No sé para qué lo hago.
Mi antigua teoría está cayendo.
La nueva comienza a revelarse. Pero yo no voy a rebelarme.
Que todo decante sin esfuerzo. Aún mi negligencia consentida.
Hoy pasamos el día con D. y su mujer.
Ayer llamó –con un hilito de voz- para decirnos que quería festejar Pascuas con sus amigos.
Me emocionó profundamente sentirme parte de sus afectos.
Yo no sé si habrá otra Pascua para él.
¿Quién puede saberlo? Tal vez nos sobreviva y entonces sea él quien recuerde la borrachera de hoy, el ofrecimiento del Gringo: “te doy mi médula”, mi: “yo también”; los planes para irnos a vivir a Brasil en cinco años, y ese momento fuera de toda lógica… en el que desató un pañuelo (ignoro como dio con él) que cargaba piedras, y se puso a jugar con ellas. Ya saben, siempre está provocándome.
-¿No era que ibas a regalarle una piedra? Disparó el Gringo.
-Sí, bueno, no, que se yo, no sé… (ya no quiero regalar piedras.)
Le quité de las manos las que tenía vendidas, y abrí una caja que puse frente a sus ojos –aún llenos de vida-.
-Elegí la que te atraiga-, le dije.
Miró, tocó, revolvió, inventó nombres… “ésta”.
“Ésa”, era mía. En otra ocasión no hubiera dudado en quedármela. Respeto las elecciones pero jamás me desprendo de "mis"piedras.
Pero allí estaba “ella”, latente, con el precio pegado en una de sus caras, confundida entre tantas.
Casi como yo.
Entendí que lo latente debe manifestarse. Que nadie tiene precio. Que hay momentos preciosos. Que su presencia, casi etérea, valió mi resaca, mil resacas, cien mil resacas con tal de verlo reír, y llevarse mi piedrita en su bolsillo.
Que pena no haberte conocido antes.
Creo que me hubiera enamorado de vos.
28/03/2005 11:36 Tema: pulsaciones.