Buscando antorchas.

Ayer fui a casa de mi madre –qué lindo es verte-, me dijo. ¿Ven? Kuan Yin funciona. Mientras preparaba un margarita (trago favorito de ambas), dejó sobre la mesa unos papeles:

- Pensaba mandártelos a tu casa de Merlo (la casa del Gringo). Es una lectura que te va a ayudar en esta crisis existencial.

- Ah, bueno… no sabía que estuviera cursando una crisis existencial…

- Sí. Son cambios muy fuertes-. Sentenció.

Me tomé el margarita sin chistar. Cambié de tema. Mi mamá es muy susceptible, mejor no contrariarla. Además… ¿cómo discutirle que mis cambios son muy fuertes? ¿y la crisis? ¿cómo la escondo? ¿a dónde la pongo? ¿de qué me disfrazo?
Otro disparo certero, pero esta vez –la que hablaba- era su parte amorosa, aquella que de vez en cuando me hace sentir “su hija querida”.
A veces hay teta, sí.

Mientras ella preparaba el almuerzo, me fui a la cabaña… (“tu casa… decí que vas a tu casa… pero mami, a veces ni sé cual es mi casa, y si tuviera que decidirme por una, mi casa es mi departamento de Martínez… bueno, es lógico que todavía seas una trashumante, yo también lo fui; pero no se puede estar así toda la vida, en algún momento vas a tener que arraigarte en algún lugar… todavía estoy lejos de arraigarme aquí, tengo momentos en los que ni siquiera sé si quiero estar aquí… es simple, te vas a Buenos Aires las veces que lo necesites… pero mamá, tampoco puedo subirme a un micro según mis cada-vez-más-cambiantes-estados-de-ánimo… ahhh, a eso quería llegar, vos tenés que trabajar tu emocional, estar en armonía para disfrutar ese lugar bellísimo que es TU CASA, porque entonces ¿para qué tanto esfuerzo? ¿cuándo vas a quedarte a dormir aunque sea una noche?... hace frío en la cabaña, y me duele la cabeza”)… y así llegué a “la cabaña”, con palabras/ verdades girando como calesita y mi música –la de adentro- triste. No encuentro forma de sintonizar otra melodía.

Abrí la puerta y allí estaba mi desorden: el más largo -en el tiempo- que yo recuerde. He armado y desarmado casas en veinticuatro horas, solía ser de las que no se sentaban hasta que no estuviera el último clavito puesto; no podía concebir esas publicidades que mostraban a la gente tomando café sobre canastos de mudanza. Y encima sonreían. Y se iban a dormir.
Miré lo que ya está; y miré lo que todavía no… sabiendo que mañana, pasado mañana, la semana que viene, seguirá formando parte de “lo que todavía no”, porque no pienso mover un dedo. No tengo ganas. Sencillamente no me importa ese desorden, me tiene sin cuidado, lo miro con curiosidad: ¿alguien está llegando? ¿alguien se estará yendo? Habría que adivinar.
Me puse a armar mi nueva computadora –que no tendrá internet- y descubrí con mucho placer que el vendedor tuvo la ocurrencia de grabarme unos temas. Evidentemente, nos gusta la misma música. Supongo que me iluminé, sonreí, me encantó la sorpresa. Hasta que… (siempre hay un hasta que)… sonó un tema de Quince Jones: “brazilian wedding song”. No tengo a nadie que haya pasado por mi vida que pueda asociar con esa música. No me explico porqué me conmovió tanto, pero me dolió hasta el alma; un dolor dulce, profundo, añorado. Como si esa música le diera cuerpo al amor, como si alguien, en ese precioso instante; pensara en mí con todas sus fuerzas.
Entonces lo dejé sonar una y otra vez, y se consumieron no se cuántos sahumerios, ni cuantos cigarrillos; ni cuantas lágrimas. Abrí el word y escribí tres palabras. Las primeras allí. Le saqué una foto al monitor. Una foto que no vería nadie, que no sería para nadie. Como esas tres palabras. Que borré.

Cuando me iba, me detiene una niñita en el camino.

-¿Usted es la dueña de esa cabaña?

- Sí.

- ¿Y qué significa Baba Yagá?

- Es como la pachamama-. Le contesté. Cortante. No tenía ganas de hablar con niños.

- Mentira. Era una bruja mala que se comía niños-. Dice ella.

Me di vuelta.

- NO era una bruja mala ni se comía niños.

- Mi mamá me dijo eso.

- Decile a tu mamá que lea bien el cuento. Yagá no se comió a Vasalisa. Yagá le enseñó algo muy importante, ¿sabés?

- ¿Qué?

- Le enseñó a ser valiente. Hay personas que no tienen más opción que ser valientes. No pueden elegir otra cosa.

Me miraba. Dudando.

- Bueno, chau.

Me dijo mordiéndose el ruedo del vestido.
06/06/2005 04:35 Tema: pulsaciones.
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