Atrevimientos.
Hoy estuve en un lugar al que no había podido regresar en años.
A medida que me acercaba mis pasos se volvían lentos y mi mirada viva.
Lo encontré cambiado. Algo se había detenido en mi memoria, el recuerdo fresco se derritió como un helado; era y no era.
Sin embargo el café seguía allí.
Y la disquería en la que aquella noche compré lo que estaba sonando: "Kind of blue".
Caminé escuchando una música nueva.
Y compré lo que hoy, cuatro años después; estaba sonando: "Hai un paraiso, de Luar Na Lubre".
Hai un paraiso nos confíns da terra,
hai un paraiso ao que guian as estrelas.
Después,
guiada por el Sol, llegué hasta el sitio exacto en que te ví. Por primera vez.
Cuando entonces supe lo que hasta hoy sé.
Salí del confín de la tierra, porque no hay paraísos sin vos.
Un chico me detuvo poniendo en mi mano una tarjeta del zodíaco. La miré: Tauro. Le pregunté qué quería.
-nada, linda.
-te la devuelvo, no soy de Tauro.
-¿de qué signo sos?
-Leo.
- ay linda, sos muy simpática para ser de Leo. Que lindos ojos tenés. Son claros.
- bueno, ¿cuánto hay que pagar?
- nada, linda. ¿y tu marido de qué signo es?
- no tengo marido.
- pero sos muy linda para no tener marido.
- y vos sos muy mentiroso. Tomá. ( saqué unas monedas, y caminé buscando un taxi).
Me subí al primero que encontré.
Calaveras y diablitos en la radio. Me pregunté si era un complot, o que.
Hubiese deseado viajar con los ojos vendados.
Ya no ver carteles anunciando el día de la madre.
Anunciando viajes.
Anunciando ya que importa.
Todo parece lejano.
Entré a mi departamento que hace días se ve diferente.
Ropa tirada, compactos tirados, libros tirados, platos apilados en el fregadero.
Duermo la siesta en mi cama.
De noche duermo en el living.
Tengo 47 años y escucho 47 veces la misma canción.
Me voy esta noche a Merlo.
Esta vez partiré sin equipaje.
Yo.
Solo yo. Sin cristales, sin lectura, sin música. Sin nada que pueda distraerme de mis sensaciones; esas que cantan solas, que mantengo presas en el alma, y que piden bailar ante mis ojos.
Vendados.