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VOLVERSE HUMANO

Atrevimientos.

Atrevimientos.

Hoy estuve en un lugar al que no había podido regresar en años.
A medida que me acercaba mis pasos se volvían lentos y mi mirada viva.
Lo encontré cambiado. Algo se había detenido en mi memoria, el recuerdo fresco se derritió como un helado; era y no era.
Sin embargo el café seguía allí.
Y la disquería en la que aquella noche compré lo que estaba sonando: "Kind of blue".
Caminé escuchando una música nueva.
Y compré lo que hoy, cuatro años después; estaba sonando: "Hai un paraiso, de Luar Na Lubre".

Hai un paraiso nos confíns da terra,
hai un paraiso ao que guian as estrelas
.

Después,
guiada por el Sol, llegué hasta el sitio exacto en que te ví. Por primera vez.
Cuando entonces supe lo que hasta hoy sé.

Salí del confín de la tierra, porque no hay paraísos sin vos.
Un chico me detuvo poniendo en mi mano una tarjeta del zodíaco. La miré: Tauro. Le pregunté qué quería.
-nada, linda.
-te la devuelvo, no soy de Tauro.
-¿de qué signo sos?
-Leo.
- ay linda, sos muy simpática para ser de Leo. Que lindos ojos tenés. Son claros.
- bueno, ¿cuánto hay que pagar?
- nada, linda. ¿y tu marido de qué signo es?
- no tengo marido.
- pero sos muy linda para no tener marido.
- y vos sos muy mentiroso. Tomá. ( saqué unas monedas, y caminé buscando un taxi).
Me subí al primero que encontré.
Calaveras y diablitos en la radio. Me pregunté si era un complot, o que.

Hubiese deseado viajar con los ojos vendados.
Ya no ver carteles anunciando el día de la madre.
Anunciando viajes.
Anunciando ya que importa.
Todo parece lejano.

Entré a mi departamento que hace días se ve diferente.
Ropa tirada, compactos tirados, libros tirados, platos apilados en el fregadero.
Duermo la siesta en mi cama.
De noche duermo en el living.
Tengo 47 años y escucho 47 veces la misma canción.

Me voy esta noche a Merlo.
Esta vez partiré sin equipaje.
Yo.
Solo yo. Sin cristales, sin lectura, sin música. Sin nada que pueda distraerme de mis sensaciones; esas que cantan solas, que mantengo presas en el alma, y que piden bailar ante mis ojos.
Vendados.

Ellas.

Ellas.

“Porqué no te besé en el alba
cuando aún podía”


Afrodita cumplió con su labor de todas las noches: algún juego secreto entre poetas, el baño de sales y ungüentos, su voz en el teléfono clausurando distancias, creando la ilusión de la piel, allí, aquí, juntos, te extraño, yo también, volvé, ya voy, te espero, esperame, ya no puedo, yo tampoco, ¿me amás?, te amo, hace calor, ¿llevo ropa de abrigo?, no traigas nada, ¿por qué?, porque vas a estar desnuda, ¿todo el tiempo?, todo el tiempo, ¿te espero?, esperame, ya no puedo, yo tampoco, ¿me amás?, te amo.
Te amo.
Te necesito.
Te extraño.
Ya no puedo.
Ya no puedo quedarme aquí.

Hestia cumplió con su labor de todas las noches: sirvió su cena,
encendió velas,
quemó incienso,
puso música,
bebió de su copa rubí.

Ella estuvo todo el día pensando en la necesidad de poner banquitos en las aceras.
Banquitos para hacer un alto.
Banquitos para secar sus lágrimas con dignidad humana.

Alguna,
al menos.

Instinto.

Instinto.

El post anterior era lo suficientemente personal como para hacerlo llegar a su destinatario por otra vía.
Pero necesité que quedara aquí.
No sólo por mí, y por él.
También por ustedes. Que aprendieron a conocerme, que saben, que desentrañan, que respetan. Que están.

Hoy no tengo ganas de escribir,
me siento exhausta.
Pero quiero dejarles este poema.
Y mis besos.

Dejemos que los sabios parloteen
Nada de lo que dicen es cierto, excepto
que la vida es muy breve. Se fue la flor marchita
para siempre, y el resto es mentira y locura.

El dedo del destino tan solo una palabra
escribió antes de irse. Nada, ni la inteligencia,
ni el amor, ni la compasión, hará que se retracte.
No hay lágrimas bastantes para poder borrarla.

Entonces llamé al Hado, preguntándole
¿Es posible que el destino nos lleve entre tinieblas?
Y el Hado me respondió: "jamás preguntes nada
y déjate llevar por el más ciego instinto"
.

Omar Khayyam.

Él.

Él.

Por Ella.

“La mayoría de las personas están ocupadas en revolver mochilas, valijas, fosas nasales y ombligos (me incluyo), por lo que pocos notan mis estados. Vos, entre los pocos. Aún hundida en tus propias tristezas, o precisamente por eso, ¿cómo se hace para cargar mochilas y extender manos para, además, soportar el peso de los otros?”

Me preguntás como se hace. Y yo te digo: aprendiendo a recibir.
Durante mucho tiempo creí que podía prescindir de todos.
Cerraba puertas.
Bajaba persianas.
Apretaba la boca. No sabía pedir.
A mí nunca se me había roto el corazón. De amor.
Un corazón roto es un corazón abierto. Expuesto. Vulnerable.
Podés arreglarlo, claro.
Alambrarlo con púas, vestirlo de acero.
Arrancártelo.
O podés dejarlo como está. Y ser una persona más genuina.
Entonces extendés tu mano y encontrás otra mano.
¿Cómo no soportar el peso de los otros, cuando ellos soportan el mío? Porque mi mano también pesa. Ya no quiero parecer inquebrantable. Ya no quiero disimular, mentirme, ocultar mis sombras con un único propósito: ser querida.
Todavía me cuesta. Todavía, en ocasiones, mido mis palabras, escondo los gestos de mi alma, evito las miradas, me arrepiento de lo dicho.
Todavía no me creo. Todavía tengo miedo. Todavía me escondo para llorar.

Anoche dijiste: “tratá de encontrar un punto, una maderita, unos ojos que te sirvan de amarre, aferrate a algo y salí de la tristeza.”
Y no alcancé a explicarte…
que mi maderita es mi hija, que no puedo amarrarme a lo que no tengo.
Que no siempre puedo salir de la tristeza. Aunque me quieras. Y me lo digas.
Y tampoco alcancé a explicarte…
que no fui justa con vos. Que te exigí presencias permanentes para poder sobrevivir a otras ausencias. Y te pido perdón por eso. Yo no lo sabía.
Y ahora que lo sé, ahora que de tanta soledad tengo mi catálogo aprendido, nos quiero libres de culpa y cargo. Nos quiero libres de toda nostalgia. De toda amargura por lo que pudo haber sido, porque HAY VERDAD; no sé si en la predestinación –aunque yo crea en ella y vos te pelees con tu sexto sentido-

“Tal vez estemos destinados a reencuentros eternos, una y otra vez, reconociéndonos por meternos las manos en los bolsillos y encontrar tristezas tan familiares unas con otras”.

No hace falta que metas las manos en los bolsillos. Yo te reconocería con los ojos vendados y aún sin tocarte.
Y si entraste a leerme para confirmarte lo lejos que estoy…
estoy tan lejos como quieras que esté.
Estoy a ochocientos kilómetros, estoy a veinte minutos, estoy en un bar tomándome tu coca.
Estoy en tu cristal.
Estoy en nuestras cartas, estoy en mi/tu uroboro, en la imagen de T., en tus excusas para escribir.
Estoy.
Y ningún viaje dura una ausencia. Ningún viaje, tuyo o mío, nos lleva tan lejos que no podamos alcanzarnos. Acercarnos. Reencontrarnos.

Sabernos para siempre.
En esta vida.
Porque aún es.

@ morning light – café del mar

Cuenta de sol.

Cuenta de sol.

Un collar de atardeceres, de cuentas de soles, de soles de cuento. Con un collar así, no necesitaría lunas como panzas para ver mi camino. Sería una mujer faro. Bajaría la quebrada rodeada de tucos. Me verías de lejos.

Entonces podrías esconderte.

Pero que grises tus días sin soles. Pensándolo bien, puedo sentarme en la roca de la puerta dorada, morder el hilo del collar, acomodar cada cuenta entre mis muslos,
y dejarte un sol allí.

Un sol que huela a mí.

Y podrás cerrar los ojos,
pasar tu lengua para borrar mis besos
hasta borrar tus labios
hacer una cruz con tu deseo
y llevarla al hombro como al descuido
matarme en cada sueño olvidado
olvidarme en cada sueño muerto
pero el sol
mi cuenta de sol,
tu sol de cuento,

… ya que importa.

@ why- annie lennox

Lunares.

Lunares.

¿Quién podrá responder a mi pregunta?... cuando pregunto,
¿de qué están hechas las lágrimas?, que pesan tanto.
Que gusto a viento tienen las distancias.

J. L.

Me colgué mi collar de cuarzo rosa, ése, el que deseaba comprar hace meses; por el que tantas veces entré a la joyería
–no... que es grande, que es pesado, que es muy caro...
y me iba, pero sabiendo que algún día volvería por él; que no se vendería, que me esperaría… suele pasarme cuando le tomo amor a un objeto, antes me pasaba con las personas, pero las personas me desilusionaron cuando descubrí que no sólo eran objetos; que en realidad eran como objetos pero irremediablemente fallados y sin garantía, ni qué decir cuando yo misma pasé de la categoría objeto a la categoría persona…
me hubiese gustado ser el objeto que vos quieras, de esos objetos entrañables, de esos objetos que elegirías llevarte si solo pudieras llevarte un objeto a una isla, a tu cama, a tu tumba, que conservaras como único recuerdo de esta vida y me buscaras en otras; tu karma, tu sombra, tu espejo más bello, la parte más suave de tu piel -¿detrás de tus rodillas?, ¿tu axila?, ¿el lóbulo de tu oreja?, ¿tus párpados cuando duermes?- hay partes más suaves, lo sé… y al tacto se parecen mucho a las cuentas del collar que llevo puesto; ah… la memoria, puedo olvidar mi número telefónico pero de la piel no me olvido; -¿un lunar será un objeto?- ¿y muchos lunares?- ¿qué son muchos lunares sobre la piel de una espalda desnuda que mis manos acarician por debajo de estas teclas?-. hay tantas cosas que no sé como nombrar, hay tantas cosas sin nombrar; hay tantas cosas, todavía.

@ titania- mike rowland

Moon en Merlo.

Por Pedro Glup.

Estoy en el lado oscuro de la calle, llévame al río, Mon, llévame al río.

Try a little tenderness.
Apaga la radio, deja ya esa triste música soul.

Que se vayan al diablo los cantantes que cantaron en tu reja y nunca rompieron la guitarra, los que una y otra vez repiten melodías desafinadas de amores imposibles, los que duermen con los ojos abiertos, los que se fueron en un tren de madrugada y todavía esperan en andenes perdidos en estaciones perdidas, tan lejos.
Que se vayan al diablo.

Nunca he conocido una mujer como tú, tan llena de flores, con gatos y toros paseando por tu cielo, con un ángel y un demonio luchando sin espadas.
Déjame verte dentro de ese espejo, limpia el vaho, déjame mirarte detrás de los gestos desnudos. Me tienes preso en un extremo de esta cadena de locos que hablan y hablan en las noches transparentes.

Estoy en el lado oscuro de la calle, llévame al río, Mon, llévame al río.

He bebido de una jarra de palabras y quiero susurrártelas entre las cañas, hablarte del otoño en tu primavera.
Nos mintieron, no hay ayer, no hay mañana, solo tenemos ahora, ahoguémoslo en esa corriente perezosa, indiferente.
Quemaremos el puente, vamos a arder tú y yo en la ribera.
Busquémonos entre las sombras y el fuego, recordando a los poetas que esperan turno en Buenos Aires, a las musas de Bilbao, a los niños con cestas repletas de manjares.
Juntos nos reiremos en cada giro del mundo.
Te prometo que antes del amanecer nos habremos devorado el corazón y tocaremos con el dedo esa gorda luna de Merlo.

Estoy en el lado oscuro de la calle, llévame al río, Mon, llévame al río.

Cansada.

Cansada.

Me voy por unos días a Merlo, así que los saludo, les dejo mi cariño y mi nostalgia por anticipado.
Son tan preciosos, y este mundo es tan virtualmente efímero…
sé que… tarde o temprano, nos iremos dejando porque seremos llamados a transitar caminos sin finales, lejos, cerca, no importa… pero los cruces se harán difíciles, aunque nos pensemos, aunque nos añoremos, ¿qué tanto del destino manejamos? ¿qué tanto de nuestros deseos?

Tengo aquí, conmigo, a mi Kuan Yin.
Y meditando con ella surgió la necesidad de escribir esto, que, como todo escrito; esconde un borrador, palabras no dichas, palabras inconvenientes, sentimientos privados, todo aquello que jamás diremos para seguir viéndonos bonitos, buenas personas, confiables, en fin… lo que ustedes esperan de mí, lo que yo espero de ustedes… lo que tanta gente espera de nosotros allí, afuera, en la calle de la vida real, sobre puentes de concreto, en el bar de la esquina, en cama propia o ajena.

Escribir es mentir, (¿no, Pedro?), y saben que… me daría vergüenza vivir como escribiendo.
Y todavía… todavía no puedo escribir como vivo. Prefiero hablarle a una estatuilla mientras fumo y lloro en silencio; o me río sola de mis peticiones. Mi casa parece un templo panteísta. Una amiga entró, miró todo y me dijo (irónicamente): -claro, si no te funciona con uno, te funciona con el otro-
Y no, a veces las cosas no funcionan.
Y mi fé es la misma.
Y mi energía también.
Y todas mis Madres son Una.
Y yo soy yo.
Y a veces me siento agotada. Enviar Luz a tanta gente, a tantas situaciones de mierda, y hacerlo con el corazón, desde la paz más profunda de la que soy capaz, sintiendo mi alma vibrar, agota.
A veces ocurren resultados sorprendentes. Pero la broma cósmica es que esos resultados nos vienen a mostrar sombras que no nos pertenecen. ¿Qué hacer entonces? Más Luz, más Amor. Más, más, más. De lo contrario es difícil evitar la frustración, la sensación de que es algo "que se nos hace a nosotros". Y no, nadie nos hace nada. Pero el ego existe.
El otro día leía que uno ES el Otro. Y es verdad.
Si yo quiero ver mi luz, no puedo estar con alguien que saca sombras de mí.
Si yo quiero ver mi luz, tengo que estar con alguien que también es luz.

Este mes en Buenos Aires fue duro, largo y tedioso.
Todo es vidriera, todo es maquillaje. Todo es luminaria. Apenas tienen tiempo para preguntarse seriamente por sus vidas. Son sordos. Egoístas. Solipistas. Orgullosos hasta de sus fracasos, pero orgullosos al fin.
Aquí no se puede llevar una vida conectada a otra cosa que no sea a un celular. Y yo quiero una vida del alma. ¿Hace falta que aclare que el Sexo es la esencia del alma?
Entonces yo pregunto –de qué están hechos?-
¿De qué madera son?
¿Por qué tienen tanto miedo?
Por favor, ¡tiren la Cosmopolitan y lean otra cosa!!!
Dejen la charla pajera con la amiga y siéntense a conversar con un homeless.
Interpelen a su Dios. Cáguense a gritos a ver si se escuchan.
Pero reaccionen.

Bueno, que harta ya de estar harta me voy unos días a un lugar antiguo, sencillo, sereno.
Mirar sin acomodar la vista. Salir sin acomodar el pelo. Caminar sin acomodar los pasos. Hablar sin acomodar palabras. Acariciar sin acomodar las manos.
Dormir en una cama de sábanas siempre revueltas, siempre celestes, siempre tibias, siempre ocupadas.
Voy, bebo y vuelvo.
Voy, amo y vuelvo.

Los quiero, y disculpen la lata.

PD: no lean textual, no puedo ser textual.

Sentidos lastimados.

Sentidos lastimados.

“trepen a los techos ya llega la aurora”, canta spinetta y a mí me fascina ese tema, sobre todo cuando dice “todos quieren mi montaña (...) solo quedan las alturas"... las alturas... las alturas... me pregunto si las alturas me pondrán a salvo, si habrá un árbol de la vida esperando por mí, afuera no me gusta, afuera no me encuentro, afuera todo es ruido, humo, cielos mezquinos de estrellas, llovizna gris que no huele a tierra, cemento que no huele a madera; sentidos lastimados, miro a la gente que no mira a nadie, alguien que me mira ofreciéndome sexo; miro al que me mira detrás de mis gafas y bajo la cabeza siguiendo mi lectura de diosas y mujeres en minúsculas... afrodita, soy afrodita, también hestia; y hasta soy mónica... me duele la cabeza cuando no estoy donde quisiera estar, o cuando me fumo la angustia contando bocanadas, (una, dos, qince, diez) marlboro light que estás en los cielos, déjame caer en la tentación y no me libres de ningún mal porque no creo en ello... me voy con tu música sonando para mi goce irreductible y secreto, tomo la calle equivocada porque no sé donde estás; siempre te busco en los taxis que atraviesan la ciudad y se me ocurren miles, despacio, como redes de pescadores que se lleva el río y cada tanto vuelven; vacías, con algo, pero nunca es eso... a veces me confunden con una pasajera y entonces se detienen – no, gracias, no pensaba subir- y sigo... y cada paso, cada calle, cada puta baldosa, es más de tu ausencia que piso y salto y trastabillo... soy, me he convertido, en una pasajera solitaria de huellas perdidas, en una buscadora de miradas que no se te parecen, en un cuerpo que duele porque extraña.

@ taking over me – evanescence"

Monsita.

Monsita.

Hoy fui la clase de partenaire que siempre deseé tener en caso de estar internada. Acompañé a mi amiga a efectuarse una pequeña intervención -a un lugar muy bien disimulado de clínica- parecíamos turistas en un bonito resort: todo muy minimalista, glamoroso, médicos guapísimos, ya saben… esa clase de cosas que miramos las mujeres ante lo inevitable.
A pesar de haberme quedado dormida, y salir de casa sin una taza de café en mi estómago; estaba de lo más ocurrente. No paré de hablar boludeces en todo el trayecto. Tenemos una amistad tan transparente que ella sabía que, SI UNA COSA YO DESEABA, era que la depositaran en el quirófano cuanto antes para salir a buscar un bar, desayunar, y llenar mis pulmones de saludable nicotina. Para cuando vino el camillero, ya la había vestido con esas primorosas batas a lunares, calzado los escarpines (que por supuesto iban a tono con la bata), y puesto esas horrorosas cofias en su blonda cabellera. Enganché sus dos celulares en la cintura de mi pantalón, tomé su cartera y la mía; y la acompañé hasta la entrada de área restringida. Todo esto mareando al pobre camillero con mi verborrea y piropos mentirosos -él, que estaba fuertísimo, ella que se veía divina-. La cosa es que el tipo coloca la camilla (con mi amiga acostada, obviamente), en una especie de puerta que inesperadamente se abrió en dirección al techo mientras la camilla se deslizaba automáticamente hacia un pasillo. Yo me puse a gritar que no la incineraran. Realmente era lo más parecido a un crematorio que vi en mi vida. Había que ver su cara de espanto. Pero creo que no alcanzó a putearme.
Ya en la calle, me dispongo a buscar un lugar donde sentarme a fumar tranquila y hacer unos llamados, cuando “me” advierto a los saltos, como si sufriera alguna clase de síndrome epileptoide. Bueno, eso es lo que debe haber pensado la gente que miraba sin saber que hacer. ¿Sería peligroso acercarse? ¿Echaría espuma por la boca? ¿Mordería?
Tendría que darme vergüenza contarlo, pero lo voy a contar: la guacha había puesto en “vibrador” ambos celulares. Y yo, que no estoy para nada acostumbrada a esas mierdas, y que seguramente tenía las neuronas bajas en azúcar a causa de mi ayuno, no registraba qué carajo me pasaba. ¿Pooor-queeé-YOOO-esss-taaa-baaa-viii-braaannn-dooo???
No-no-no saben el espectáculo que di. Lamentable.
Bueno, los putos aparatos me tuvieron a mal traer toda la tarde. Cuando no me vibraba uno en la mano en el momento menos pensado (y yo saltaba, cómo no); resulta que al otro lo tenía debajo del culo, con lo cual los saltos eran casi para haber competido tranquilamente en garrochas.
Llegué de la calle al mismo tiempo que ella salía de quirófano. Espléndida (ella), yo, un tanto alterada, creo.
Tengo que reconocer que las anestesias de hoy son un viaje del que no se quiere volver así como así. A mi amiga le brillaban los ojitos como si hubiera pasado la tarde con … no importa. Y me decía: -ay! me mimaron tanto… no sabés que amor los cirujanos, que divinos, que dulces, que tiernos…-

- ¿a vos te parece, boluda, que tengamos que llegar a operarnos para sentirnos como si hubiéramos estado en una fiesta fumando porros con veinte strippers? ¿no es como patético???- le decía yo.

Ahí comprobé la poca privacidad que hay en esos lugares. Una carcajada (o varias) se escucharon desde los boxes contiguos.
Creo que después de eso, logré que a mi amiga le dieran el alta en tiempo record.
Mejor.
No tuvo que tomarse ese asqueroso té de sanatorio.

El café que tomamos en la esquina,
… estaba buenísimo.

Trazos / Trozos.

Trazos / Trozos.

XI

si estuvieras aquí
para sostener con tu dedo
-sin alianza-
alguno de mis párpados
que caen por el sueño
o las pastillas

podría escribir
una poesía
horizontal.

pensándolo bien...
puedo escribir con los ojos cerrados
si de tu cuerpo se trata
.

VI

tengo a mis musas atadas con cadenas
no quiero que se suelten
no así nomás
tal vez alguna se rebele
y con uñas de esmeril
y paciencia de esclava
aguarde hasta mi sueño
para limar un eslabón
de oro y ametrino

noche

tras

noche

para,
finalmente,

delatarme
.

XX

juegas con tus cabellos de venus
como esas inclusiones de mis cristales
pálidas, doradas, intocables
que me vuelven deseosa
de lo imposible
que no es otra cosa
que incrustarme
hilo a hilo
en los poros de tu pubis

y que juegues

conmigo
.

@ -fragile- julie zenatti

El rastro de tu amor.

El rastro de tu amor.

Me pongo una tormenta de mentira mientras recojo mis gafas para verte mejor, en el equipo suena velvet rain y desearía que lloviese sobre la pantalla azul de mi computadora para comprobar que la century gothic no es tan gótica como para desangrarse en negro cuando la tengo en blanco mientras el cursor amarillo titila a modo de segundero que acompaña mi latido de loba miope y qué poco falta para que tu bocina suene y yo diga –ya va- como si acaso escucharas pero vamos, ya sabemos que son cosas que una se dice para llamar como varita mágica a los objetos que a última hora tienen la gnómica costumbre de desaparecer, -¿dónde diablos dejé las llaves? y mientras le arrebato las llaves al cuello de la botella que guarda tus flores, ¿dónde están los cigarrillos?, ¿apago la vela o la dejo encendida?, otra vez la gata durmiendo entre mi ropa- el teléfono suena pero yo no estoy, que atienda mi alter ego mientras busco la chalina que tanto me gusta y escucho como al pasar que S. me invita a salir esta noche- aburrimiento garantizado- y por supuesto no pienso ir, porque hace rato que hago únicamente lo que quiero, y lo que quiero es que te apures y llegues cuanto antes porque mi tolerancia a la frustración se está frustrando y yo que la creía mejorada pero mi analista tenía razón, aún falta trabajar aquel episodio –cuando me dejaron sola en la puerta del colegio- y yo me largué a llorar porque pensé que ya nadie vendría por mí, justo cuando mi hermano acababa de nacer y a mí que me partiera un rayo porque yo no tenía pito -y que bonitos son los rayos de velvet rain- yo quiero una lluvia de terciopelo para que no se me corra el maquillaje, adivino que en tu descapotable quedaré hecha un desastre y con el pelo revuelto pero fingiré una sonrisa glamorosa mientras en silencio te mandaré al infierno porque nada sabes de mujeres; nada, estúpido engreído que precisas un auto que parece una vidriera sin techo para sentarme a tu lado como maniquí, mientras te gusta deslizar la mano por debajo de mi falda cada vez que te detiene el tráfico en la avenida, y no te importa que te lo haya prohibido hasta llegar a la autopista porque ése fue el trato, que en la autopista lo que quieras… en la autopista yo vuelo y soy isadora y cabalgo sobre tus hombros y me quito los zapatos para clavar mi freno justo allí; cuando las agujas marquen los 200 y bunbury y calamaro canten una y otra vez ¿dónde estás?, y vos pienses en tu chica y yo en el mío – me he pasado tanto tiempo buscándote, y la fila es tan grande pero tu amor tan pequeño – y hartos de no correspondencias nos lanzamos a la nuestra, que no es perfecta, que es idiota, que es ligera pero que importa si no es para siempre, si sólo seré la reina de tu soledad y vos renunciarás al sueño de tu libertad y respetaré la letra para no faltarle el respeto al deseo de llenarte la boca de risas y besos obscenos.
¿cuándo vas a quererme,
cuando vas?

Demasiado Sentido.

Anoche me soñé acostada en una cama que no era mía, tendida boca abajo en un colchón desnudo, detrás un ventanal que daba al río y en mi mano el teléfono mientras un viento con la fuerza de cien demonios trataba de arrancarme de la cama, tirando de mis pies; y yo tratando de asirme mientras el teléfono caía y del otro lado escuchaba la voz de mi amiga.
El viento cesó, los demonios huyeron buscando una presa menos combativa, y entonces comprendí que estaba en la cama de mi amiga y que el esfuerzo me había bañado en sudor, y que debía levantarme de allí… apenada y avergonzada por haber mojado su colchón, busqué entre mis perfumes y rocié con ellos la tela húmeda que ahora olía a jesús del pozo. Algo me despertó, apenas lo suficiente como para reconocer ese sopor del que no salgo cuando se avecinan presencias que a veces me visitan; y que aprendí a escuchar aunque no hablen, porque en ocasiones sólo son gestos, movimientos imprecisos, mensajes cifrados, y sinceramente desconozco porqué acuden a mí, qué pretenden si ya no logran asustarme como antes, si ya les gané cada batalla a fuerza de estamparles mis cristales; y juro que es verdad esto que cuento; y que también es verdad que una mujer me dice –correte- y yo le contesto que sí, y me paso al otro lado de la cama mientras siento que se quita los zapatos y se tiende a mi lado. Luego… luego desperté con el recuerdo intacto de cada detalle, pero tan agotada que me negué a trazar el mapa de mi sueño para intentar llegar ¿a dónde?
Hoy telefoneo a mi amiga, la del sueño -la única amiga que no entró en el reparto de bienes del divorcio- la única amiga que no se fue del país a probar otra suerte, la única amiga que estuvo conmigo cuando la muerte me hablaba al oído… hoy telefoneo a mi amiga para decirle -ya que importa que idiotez iba a decirle- hoy telefoneo a mi amiga. Y me dice que tiene cáncer. Miren la foto de mi cumpleaños. Es ella, la mujer espléndida con la que estoy y quiero seguir estando, y la reputísima madre que lo parió que todo sea verdad.

Vestite.

Vestite.

Salí a caminar, me encontré con un amigo, tomamos un café. Me despedí, seguí caminando entre el frío y el calor, dudando entre quitarme la campera, la bufanda, o ponerme en bolas allí mismo. Me desespera sentirme demasiado abrigada. Mi falta de timing con el tiempo.
Nunca estoy cómoda.
Ayer le decía a X (tranquilo, no voy a dar tu nombre), que desnudarme no me cuesta nada. Hablaba de las palabras, pero aunque él no lo supiera, también estaba implícita mi aversión por la ropa. Por cualquier cosa que se lleve sobre la piel.
Para mí, vestirse es anti natural. Mi mamá me torturaba con ese asunto: “vestite”. Creo que no soportaba ver mi cuerpo adolescente. Y como por entonces era más crédula que ahora, comencé a sospechar que podría haber algo malo en andar “cómoda”. Cualquier chica muere por ir de compras. Para mí se convertía en un dilema. Terminaba trayendo a casa cosas que no me gustaban, sentía (aunque no podía precisarlo) que aquello que había elegido no tenía nada que ver conmigo. Que ni siquiera era yo la que elegía. Que nunca encontraba nada que realmente me pusiera eufórica.
Hasta que crecí.
Y las elecciones se volvieron más tediosas. Para entonces, y dada mi profesión, recorría las tiendas en busca de trajecitos chanel. Que horror. Como los odiaba. Eso y los collares de perlas. Y los zapatos de taco. Y las carteras (también chanel).
Salir a cenar con mi ex marido era -inenarrable-. Había que vestir a la muñeca. Y que se pusiera las joyas (que siempre elegía él, y que nunca me quedaban bien: tengo las muñecas del tamaño de la pata de un gorrión, sin embargo se empecinaba en regalarme enormes brazaletes, enormes pendientes, enormes anillos… todo enorme… nada para mí).
A veces me preguntaba si no estaría comprando para él.
Sí, hay hombres con tendencias inconfesables pero evidentes.
Por eso me caen bien los gay. O los hombres que juegan a no serlo por un rato.
En general, son los que menos joden… el brillo lo ven en otra parte.
Hasta que un día, un bellísimo día; descubrí cual era mi pasión en materia de telas.

La ropa interior.

Claro, con eso no se puede salir a la calle. Pero en mi casa soy la reina. Y andar sola por la vida permite que una se ponga lo que quiera sin tener que andar conformando a nadie.
Y los amantes,
agradecidos.

Acordes.

Acordes.

La lección de piano.
Esa melodía logra hacer con mi alma lo que quiere, me aturdo en un amor sin sexo que moja mis pestañas buscando a quien asirse en la memoria. Es como si ya me hubiera ocurrido pero no logro reconocerme ni reconocer las manos que con cada tecla se hunden sin saber de superficies, aguijoneando dulcemente los lunares de mi espalda y aquel que se esconde bajo el pecho izquierdo de mis pechos, y que ningún amante recuerda porque los amantes miran otra cosa que las mujeres miramos pero además… además miramos con las yemas de los dedos y con las aletas de la nariz que son como faros/guías hacia el olor amado y jamás olvidado o confundido… porque las mujeres archivamos pieles, miradas, gemidos, silencios, procacidades y ternuras, y somos tan obsesivamente cuidadosas de nuestros recuerdos que jamás cambiaríamos el laurel de cabeza o la cabeza del laurel aunque guardemos una vela en la nevera o sirvamos el vino en ceniceros… porque para eso están las distracciones, para eso. Pero jamás para olvidarnos de quien nos hizo llorar al ofrendarse como dios, becerro de oro, vientre sabedor de todos los placeres perdidos en el tiempo de lo irrepetible, huella fresca en la cama de cada noche, de cada mañana, de cada nuevo día /hombre/quien/ qué importa si nunca te irás de mí aunque mis urbes de vaca no sagrada se vacíen en boca de becerros… nunca de oro.

Caracolas y corales.

Caracolas y corales.

Una mujer caminando por la playa donde todo es lejano, ella y las arenas, latitudes de un trópico que sin embargo no embarga los sentidos porque también la lujuria está lejana, ni siquiera sospecha que la palabra se hace carne y marca. Una mujer caminando por la playa que moja los pies que siempre están fríos porque en alguna parte el frío la delata y la delata justo allí, en el lugar que menos importa porque aún no conoce de lenguas que saboreen sus dedos como si fueran almejas. Una mujer caminando por la playa con la ausencia metida en los ojos como persianas negras y la piel tan caliente y tan roja que parece un sol de tarde de cielo de otoño porque el orden de las palabras no altera el ánimo ni el ánima ni el ánimus. Una mujer caminando por la playa que sólo se detiene a recoger caracolas y corales que pondrá en una tinaja de exquisito cristal de bohemia por lo tanto decir tinaja es como llamarle sidra a una botella de champagne “cristal” y entonces recuerda que aún conserva en el refrigerador un par de ellas pero sabe que no las abrirá, si no habrá que festejar más que el tedio y el tedio es cosa que no se festeja. Una mujer caminando por la calle que toca el timbre de una casa que no es suya y pide ver las cajas que conservan lo que el viento se llevó mientras el hombre de aspecto impresentable le señala con un dedo el cuarto oscuro que guarda sus tesoros -los de ella- y mientras le habla de enfermedades achaques y vejeces, ella pide permiso para encender un cigarrillo -como no- le dice el señor que solo quiere cobrar por ocultar lo que parecen muebles, lo que parecen platos, lo que parecen juguetes, lo que parecen caracolas y corales que han perdido la memoria de cada idea, de cada silencio pegado a las manos en el gesto de asirlas. Una mujer sentada frente a su computadora escribe sobre playas donde todo era lejano, ella y las arenas, y de vientos que soplaban como lobos arrasando pasados de raíces desnudas, de brazos livianos como débiles ramas que pierden hojas como niños muertos.

@ windmills of your mind - sting

Lo imperdurable.

Lo imperdurable.

mío
tuya
soy
de nadie
porque en nadie estás
vos no sabés
que cada noche
a las nueve
tenemos una cita
me siento en la cama
de tu lado
-acordate-
y te pregunto
sin abrir los ojos
ni los labios
si extrañás mi perfume
si querés venir
si podemos abrazarnos un instante
sin tocarnos
sin besarnos
como cuando jugábamos
a prohibirnos
media hora
-decíamos-
y vos levantabas mi vestido
con un dedo
-no te toco-
y en el mientras
tanto
floyd nos dañaba el cerebro
y le echábamos la culpa
al destino
y eran ellos
amor
fueron ellos
que escribieron esa música
sabiendo
que algún día
la nuestra
sonaría más alta

aunque taparas lo imperdurable
con tu boca.

@ try a little tenderness - the commitments

Mi mejor perfil.

Mi mejor perfil.

Hola, me llamo Kyba... ya saben... me tocó ser su pixie:(
Con lo bien que estaba en Barcelona.

Pueden tocarme y pedir un deseo.

Pero desde el corazón.

Y aquí va el mío:
que los vientos celestiales dancen entre ustedes...

Kyba.

El amor es un lujo.

El amor es un lujo.

Osho pregunta: ¿qué sucede con el amor si no hay nadie que lo reconozca y disfrute?
No soy Osho, soy Mon y pretendo seguir siendo la que soy.
Me siento lejos del amor que trasciende todo objeto, o más precisamente; que se trasciende así mismo.
Soy tan insignificantemente humana que para mí el amor huele a piel y tiene memoria.
Soy tan terrenal que amor y necesidad se confunden. Se funden en eso que llamamos deseo.

Él dice: El amor es un lujo. Es abundancia. Es tener tanta vida que no sabes qué hacer con ella, así que la compartes. Es tener tantas canciones en tu corazón que tienes que cantarlas, las escuche alguien o no, no es lo importante. Si nadie escucha, también tendrás que cantarlas, tendrás que bailar tu danza.
El otro puede tenerlo, el otro puede perdérselo, pero en lo que a ti te concierne, está fluyendo, está desbordándose. Los ríos no fluyen para ti; están fluyendo tanto si estás como si no
.

Estoy de acuerdo, siempre que lea entre líneas. Y mi lectura dice que las canciones pueden ser tristes, y la danza melancólica. Y que el amor fluirá porque no se puede detener.
Porque es inevitable.

Él dice: Cuando no tienes amor, le pides al otro que te lo dé; eres un mendigo. Y el otro te está pidiendo que se lo des a él o a ella. Ahora bien, dos mendigos extendiendo sus manos uno al otro y ambos con la esperanza de que el otro lo tenga… naturalmente ambos se sienten derrotados y ambos se sienten engañados.
Ahora, ésta es la paradoja: aquellos que se enamoran no tienen ningún amor, por eso es que se enamoran. Y porque no tienen ningún amor, no pueden darlo
.

Vuelvo a leer entre líneas. No me dejo llevar por su comentario provocador. Entiendo que dice: “haz que te ame”, “enamórame”, “dame lo que no tengo”.
La derrota, como el amor, es inevitable. Porque tarde o temprano nos confronta con la verdad.
“Te amo” no es igual a “quisiera amarte”.

Él dice: Una persona madura tiene la integridad necesaria para estar sola. Y cuando una persona madura da amor, lo da sin ataduras: simplemente da.
Y cuando dos personas maduras están enamoradas, ocurre una de las más grandes paradojas de la vida, uno de los fenómenos más bellos: están juntos y sin embargo tremendamente solos; están tan unidos que casi son uno. Pero su unión no destruye su individualidad, de hecho, la realza: se vuelven más individuos
.

Aquí no hay dobles lecturas.
Aquí me planto.
Y hago mía una frase, mi verdad más íntima, aquella que permanece más allá de todo:

Yo te amo. No puedo evitarlo. No es cuestión de que pueda amarte o no, simplemente te amo.

47. bis.

47. bis.

Mi amiga María Elena y yo, la noche de mi cumple.