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VOLVERSE HUMANO

Día cualquiera.

Timbre.
-Subí. Dice ella.
Lo esperaba, como todos los meses para tal fecha. Él se encarga de… no tiene importancia.
Entró y abrazó a su perro. Siempre hace lo mismo. Siempre es la misma alegría, la misma sorpresa entre ambos. Ella no existe. Ella mira la escena, con la puerta aún abierta, y piensa que le gustaría ser perro.
Hombre y mujer se calzan sus gafas, miran papeles -firmá acá, llená esto, ahí van dos rayitas-.
Como si ella no supiera.
Él chequea que todo esté en orden. En la radio suena no se que cosa… Ella lo mira.
... dentro de tus ojos veo un lago /donde un hada se desnuda/ para que la adore el sol…*
-No puedo creer que esté volviendo a empezar. Dice él.
-Te admiro la paciencia. Yo no podría.
-Yo tampoco puedo, imaginate, a esta edad… tengo ganas de viajar, de hacer otras cosas.
-Sí, claro.
-Pero amo a esa chiquita. Y bueno…
-Estás en el baile… bailá.
-Es que no me resigno. Hoy tuve una discusión con S., yo quiero ir a Buzios y ella no quiere, todavía le da la teta… y está por cumplir tres años.
-Qué maravilla.
-Pero yo me quiero ir, ¿entendés? Necesito esos días. Ella dice que no, que la nena, que el trabajo…
-Sí, entiendo.
-Podría irme solo. Pero no es lo mismo.
-No, claro, no es lo mismo.

Llevame. Llevame. Llevame con vos.

-No sé, me parece que me voy como sea. A lo mejor algún amigo…

No. Mirame. Te acompaño. Llevame. Llevame con vos.

-¿Qué opinás?
-Que esta vida es una.
Él se rió a carcajadas. Escuchó lo que quería.
Para ella fue fácil, solo se dejaba hablar, pensar en voz alta, soltar su miedo a que esta vida perdiera la locura bendita y necesaria.
un osito de peluche de Taiwan /una cáscara de nuez en el mar /suavecito como alfombra de piel /delicioso como el dulce de leche... *

-Bueno, me voy.
-Bueno, gracias por todo.
Ella abrió la puerta pero él se detuvo.
-¿Te dije que tengo en mi billetera la foto de tu hijo con el mío?
-No, no me dijiste.
-Sí, un día en Pacífico… en esas maquinitas… estamos los tres. Buenos pibes tenés, los quiero mucho.
-Sí, sé que los querés.
Él fue hasta el ascensor pero volvió.
-¿Por qué no te venís un día a casa… o hacemos algo… o…?

¿A tu casa? ¿Con S.? ¿Y a qué?

Él lo advirtió. Algo advirtió.
Se quedó mirando una sombra, el foquito de la luz sobre su pelo canoso.
-El domingo te vi. Te miré tres veces, pero leías…
-Ah, sí.
... todo es tan tranquilo/ que el silencio anuncia el ruido/ de la calma que antecede al huracán... *
-Bueno, si me voy te aviso. Pero me voy por trabajo, ¿si?
-A mí no tenés que explicarme nada.

Nada.

... la melancolía de la tarde/ me ha ganado el corazón/ y se nubla de dudas/ son esos momentos/ en que uno se pone a reflexionar/ y alumbra una tormenta/ todo es tan tranquillo/ que el silencio anuncia el ruido/ de la calma que antecede al huracán... *

@ un osito de peluche de taiwan - auténticos decadentes
* fragmentos de la canción.

No.

No.

Tal vez, si estuviera loca de amor por vos… pero no hay tal vez.
Podés ir recogiendo los hilos de la red que acabo de cortar, sé prolijo, a como están las cosas, no sería conveniente ir por hilos nuevos.
No te falta habilidad para tejer mecedoras, con el tiempo harás otras donde cabrán dos cuerpos.
Y nada más.
Que el mundo quede afuera.
Que nada perturbe tu ilusión de plástico.
Que sean felices y coman perdices.
¿Recordás aquella planta artificial que tiré con deleite a la basura?
Odio lo que parece vivo. Odio lo que junta tierra. Odio lo que permanece a fuerza de nada. Odio lo que no es. Odio que me quieras como esa puta planta.
Ayyy qué lejos te fuiste. Si saliera a mi balcón, creo que te vería planeando, tratando de cazar aquella nube rosa, gritándome “vení que la encontré”. Y yo bajaría mis cortinas para salvaguardarte de un tiro de escopeta. De un hondazo certero.
O del golpe de un cristal.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba
.
Tú te equivocaste, no lo dijo Alfonsina.
¿Quién puede tener la estúpida osadía de pretenderse causa y efecto, remedio para todos los males, lo que basta y lo que sobra, mar, laguna, charco, gota?
Quiero que me veas: soy como las gordas de Botero una Eva redimida y una María degradada*, guardo entre mis carnes la historia de mi vida y no voy a quitarles un gramo porque nada te debo, porque me quiero entera y no desmembrada, aunque mis partes inevitablemente se desordenen, caigan debajo de la cama, se las lleve el gato para el otro gato. O me de por venderlas en una feria americana.
Es mi vida. No rindo cuentas acerca del amor. Nací absuelta de todo pecado para envidia de todos los culpables.
Sola, sola estoy sólo cuando quiero. Y cada vez quiero más. Y cada vez quiero menos.
Y no entendiste nada. Porque entre mis tripas y vos… ya sabías.

* mención del novelista Carlos Fuentes.

@ little by little- oasis

¿Y vos?

Hay piedras y piedras. Más piedras que personas. Más personas con cara de piedra que piedras.
Algunas personas son como esas piedras con las que me gusta tropezar.
Caer en, arrodillarme para, lanzarme hacia, hurgarlas, mirarlas con lupa, tocarlas a ciegas, buscarme vibrando, sentir hasta ya no, dejar que me lleven, llevarlas conmigo, mano sobre mano, piedra sobre piedra, una con todo, todo con nada, toda con nada, toda con todo.

Y vos ¿de qué estás hecho?
¿Sos piedra, aire, fuego, agua, éter?

¿Cuánto hace que no besas profundamente con tu mirada?

¿Alguna vez hiciste el amor sin decir palabra, sin gestos, sin levantarte de tu mesa?

¿Cuántos amantes tuviste, para poder seguir bien casado?

¿Cuántos amantes tuviste para no tener que tener otra cosa?

¿Qué hiciste con tu pasado? ¿Qué hacés con tu presente?

¿Te animás a vivir, o pedís permiso?

Podés responder. Podés escoger la opción “no sabe/no contesta”.
Podés hacer de cuenta que no sos.
Podés lo que quieras,
a menos que no quieras.

@ de l'eau - elodie frege

Diario de un día.

¿Por qué ese cielo azul que todos vemos, no es cielo, ni es azul?
Lástima grande que no sea verdad tanta belleza.

Lupercio de Argensola (1569-1613)

Abro el word y un cartel que parece arrojarse sobre mí, me advierte que me queda poca memoria. Lo elimino, molesta.
Ya sé que me queda poca memoria.
Hay cosas que necesito recordar porque alguien está escribiendo mi historia.
El teléfono suena y me pregunta si mañana puedo ir, que necesita saber más, que hay datos inconexos. Un identikit de mi vida.
Nadie sabe lo que es sentarse en un sillón de cuero a estrujar el cerebro como trapo mojado y lleno de agujeros. A veces siento que es inútil. Que lo tiraría a la basura y compraría otro. Nuevo, limpio. Que huela bien. Que sea rosado, mejor violeta; y que tenga brillos porque me gustan.
Me desperté a las diez.
Cerré los ojos y de pronto fueron las dos.
Como dice la canción de Silvio no hay nada aquí, solo unos días que se prestan a pasar. Y me declaré en rebeldía.
Alimenté a mis compañeros de estos días que se prestan a pasar, y volví a la cama: me levantaría con el tiempo suficiente como para llegar al oftalmólogo y prestarle por un rato mis retinas.
Y si estoy enloqueciendo no me importa. Pero yo estaba verdaderamente fascinada ante las luces que hurgaban mis nervios ópticos: azul neón... verde fluo... amarillo fosforescente. Pensaba en mis cristales: “se parece a una amatista, me recuerda a una petersita, este otro a un olivino… whow”.
Una carraspera del otro lado de los aparatos me derribó.
Intuí algo.
Esperé en silencio el resultado de mi viaje a Disney. “Hay problemas”, me dijo.
-Otro más- pensé.
-Tenés la presión ocular muy alta, ¿nunca te lo dijeron?
-Sí me lo dijeron. Hace cinco años.
-¿Y qué pasó? ¿por qué no……?
-No importa qué pasó. Pasó que no quería ver. Pasó que me dolía tanto.
Todo.
Él me miraba. Yo clavaba los ojos en la punta de mis zapatos.
Salí de allí pensando que habría aún más días que se presten a pasar.
Que no iría a Merlo.
Que todo se dilata, como mis pupilas.
Como los agujeros negros de mi memoria.
Caminé, me dejé mojar por la lluvia; no sabía a donde ir.
De pronto me encontré frente a una tienda de ropa para bebés. ¿Qué hago aquí? Encendí un cigarrillo y seguí caminando.
Algo empezaba a desgarrarme por dentro. Es mi cerebro que anda paseando por mi alma, seguro. ¿Qué más quiere? ¿No le basta con mi ignorancia, con mi desmemoria, con mi falta de confianza, con mi desesperanza?
Entré a un bar, ya saben, lo de siempre.
Las empleadas limpiando el piso me daban a entender que guardara mi libro y levantara mi presencia a medias.
Mi otra mitad pagó y se fue, hasta que mis mitades se juntaron frente a ese anillo que detuvo mi vagabundeo. Es un cielo, pensé.
Y pensé en futuro: será mi cielo y lo será ya.
Porque hay cosas inmediatas, basta abrir la billetera y pagar por un cielo propio que siempre sea azul y siempre tenga nubes. Del que no caigan gorriones muertos.
Ni estrellas fugaces de deseos fugitivos.
Volví a casa, y por primera vez, me detuve ante mi puerta.
Di la vuelta , bajé por las escaleras y toqué timbre.

Necesitaba hablar con alguien.

@ maquillaje- adriana varela

Manada de amor.

Zafiro extraña a su madre. Y no decide si por Luna o por mí. Ella se comporta como si fuera su cría: lo lame, lo sigue de cerca, le pone límites, ha cedido territorio, deja que duerma sobre mi falda; me comparten. Pero él quiere teta. Y teta no hay. Ella se deja buscar, el pequeño se prende infructuosamente de donde no manará leche, solo un empujón sin uñas a la vista, y luego un coletazo que lo alejará un momento. Es entonces cuando lo tomo en brazos, me hace miau, y se deja mecer. Lo beso y lo acaricio. Le hablo despacito, me abraza con sus patas diminutas, cierra los ojos y ronronea. No sé si me escucha, pero yo le cuento cosas. Le digo que estamos felices por tenerlo, que aquí será querido, que siempre lo estuvimos esperando. Que ahora somos cuatro.
Habrá gente que no lo entienda. Pero a la hora de irme a la cama, cuando la angustia comienza a dormirse, nada me da más alegría que saberlos conmigo. Porque no importa a qué hora me acueste, ellos me esperan. Y cuando apago luces, con el último cigarrillo aún encendido, sus patitas resuenan a mis espaldas, y cada cual ocupa su lugar… y mientras dejo que mi mente acabe con los últimos divagues, escucho los ronquidos de Pug, siento el calor de Luna pegada a mi cuerpo; el silencio de Zafiro debajo de la cama. Si me duermo en paz, no es por la pastilla. Es por ellos. Que son mis ángeles. Que me esperan detrás de la puerta del baño, que se bancan mis ausencias (las reales y de las otras), que tienen ese amor incondicional que sólo conozco en mí. El resto, la gente, no sé…
Hay ocasiones en que la vida nos echa a patadas de nuestra manada. Y vagamos como lobos perdidos, aullando por las noches, todo nos resulta extraño, dolorosamente nuevo, sin aromas conocidos. Tal como hace Zafiro, buscamos una teta, un alguien, un algo que nos contenga. Pero la selva de cemento está llena de animales carroñeros, de aves rapaces, los depredadores huelen y sentimos el peligro. Y no siempre sabemos defendernos. Todo territorio nuevo se nos presenta hostil, incierto, vago. Habrá que buscarse otra manada o moriremos.
Y en esa suerte de ensayo, de personas que entran y salen de tu vida, de paredes por pintar, de rincones que ocupar, son pocos los que permanecen.
Yo podría contarlos con los dedos de una mano. No son más que tres o cuatro. Pero entre ellos y mis animales, he formado mi manada… una pequeña comunidad en la que todos vibramos a una frecuencia parecida… y creo que allí reside la verdadera aceptación. El verdadero amor.

@ escuchando el sonido de mis llamadores ;)

Un problema es el problema.

Un problema es el problema.

Mi amiga Kachucha-i (en la foto, la que ocupa el centro del escenario), acaba de enviarme un cuentito con moraleja. Es bastante conocido, pero no me importa.
Se llama “Un problema es el problema”. Se desconoce su autoría, aunque algunos historiadores (fuente consultada: Turandot), lo refieren a Tonto-Bal, maestro Zen de las terrazas de Torremolinos… o por ahí.

Ocurrió que una mañana, la muerte se presentó en un recóndito monasterio Zen, dejando a los discípulos sin su guardián.
Ohhhhhhh dijo el Gran Maestro; ¡selá pleciso encontlal sustituto!
Colocó en fila (hacia el poniente) a todos los presentes, y les dijo: "asumilá puesto plimel monje que lesolvel ploblema que yo plesental."

Entonces colocó (frente a todos ellos) una magnífica mesa decorada con incrustaciones de alabastro y jade; y sobre ella un bellísimo jarrón de la más antigua dinastía (no importa si aún no existían), adornado con rosas espléndidamente perfumadas.
Y dijo así:
¡Aquí estál ploblema!

Los monjes se miraron azorados, no comprendían cómo aquello podía resultar un problema…
¿Qué hacer? ¿Cuál es el enigma???
Ohhhhhhhh decían.

Uno de los discípulos, mirando a sus compañeros y al Gran Maestro, desenvainó su reluciente espada, se dirigió hacia la magnífica mesa decorada conincrustacionesdealabastroyjade sobre la que descansaba elbellísimojarróndelamásantiguadinastía, y ZAAASSSS… hizo pelota todo.

Tan pronto el discípulo retornó a su lugar, el Gran Maestro dijo: “ohhhhhhh tú sel nuevo gualdián de monastelio”.

Moraleja del cuentito:

No importa cual sea el problema. Un problema es el problema.
Ergo, si ves un problema, hay que eliminarlo. **En particular aquellos que han respirado cerca nuestro**.

Hay un proverbio chino según el cual:
Pala podel bebel vino en copa que tenel té, plimelo hay que tilal té, solo así podel selvil y bebel vino.

Gracias querida Kachucha-i por tu aporte neo-zen a este humilde blog.

@ matte kudasai- king crimson

Welcome home, baby.

Welcome home, baby.

No sé escribir sobre gatos. Este bebé se llama Zafiro y es el hijo adoptivo de la extraña pareja que han formado mi perro Pug y mi gata Luna.
Fue mejor recibido por ellos que por algún humano. Ante la sugerencia de que “volviera otro día, más grandecito”, yo respondí que nada podría ser peor que convivir conmigo.

A veces muestro las uñas.

Será por eso que me gustan tanto…

Ella y yo (hilos de agua).

Ella y yo (hilos de agua).

Y es que todas las horas,
no caen a tiempo,
en el lapso entre un hombre y la luz...

Luis Alberto Spinetta.

Entonces, vos y yo, tenemos un pacto. Una decisión tomada en silencio.
Una imagen que se plasma como en papel de fotografía. La miro, no sé si en blanco y negro.
Noviembre transcurre entre días de días ciclotímicos.
Yo cuento lo que queda y tacho las horas por venir. Las ya vividas no me interesan.
Creo moverme en el tiempo del eterno ahora, y a veces logro apresar esa sensación fugaz del segundo que pasó.
El ahora es un permanente “acaba de irse”.
A cambio queda el hoy para decidir la dirección de mis vientos o de mi tempestad.
También para cambiar su rumbo.
Crear una tormenta eléctrica o una llovizna imperceptible.
Un sol que me dará lo mismo.
Una canción que me acompañe dos, veinte, cincuenta veces hasta fundirse en mí. Hasta que surja algo nuevo, escondido, olvidado, que estaba pero no sabía. Y camine en círculos acortando distancias, alargando mi mano, aguzando mi olfato, cerrando los párpados. Dejo que “la cosa” me habite buscando un lugar en mis entrañas; tal vez en el corazón.
“La cosa” es como ese hilo de agua que va cayendo del otro lado de los ojos. De su reverso. No se ve, nadie la nota, pero se siente en un temblor repentino, en la tristeza del dolor más dulce, en el cristal que tomo al azar creyendo que… en mi propio vacío a la espera de… es eso que miro en la marca que deja el humo en la pared, en la huella del picaporte, en un zócalo roto.
“La cosa” me interpela, me narra historias con acertijos, me acaricia, se compadece, me sacude como un amante, araña mi espalda cuando la pierdo, me besa los labios cuando la encuentro
y otra vez me llama.

Me llama.

Y despertamos abrazadas entre hilos de agua.

@ ad libitum - chambao

La justicia.

La justicia.

Coraje no es la ausencia de temor, sino más bien considerar que algo es más importante que el temor.
Ambrose Redmoon

Hoy sí que posteo por postear, por decir algo, por puro insomnio, por cansancio, y porque todavía sigo conmocionada y no puedo acostarme y lo dejé al Gringo solo en la cama -cosa que detesto- pero más detesto sentirme así, como si yo no fuese yo, como si hoy me hubiera salido un brazo más, una tercera oreja, un sexto dedo, otra lengua, una segunda hilera de dientes.
Lástima que no pueda contarles la razón de mi extrañeza. Pero es la verdad: no puedo.
Solo que hoy hizo frío.
Que hice trámites.
Que pasé por el negocio de Amaranta y compré un cuarzo con esporas en su interior.
Que salí de allí y la ciudad parecía más hostil que nunca.
Que estaba dispuesta a hacer algo arriesgado.
Que me temblaban las piernas.
Que crucé avenidas con el cristal sobre mi plexo recitando un mantra.
Que por momentos el miedo era tan intenso que equivocaba el mantra.
Que me acerqué al lugar.
Que de lejos lo vi.
A él.
Que maldije en silencio y apreté con fuerza mi cristal.
Que no sabía qué hacer.
Pero sabía que debía hacer algo.
Que decidí dar una vuelta, ganar tiempo, esperar.
Que volví al lugar y él ya no estaba.
Que repiré hondo y abrí la puerta.
Tomé un ascensor.
Subí hasta el sexto piso.
Entré.
Y robé algo.

Sí, yo.

Pero me declaro inocente.

@ no woman no cry- gilberto gil

Mensajes.

Mensajes.

Hay tormenta. Y no tengo a quien decirle -llueve- y que me contesten -sí, llueve-
No se me ocurre nada, las ideas zumban y no escucho más que truenos y el tintineo de mis llamadores.
Yo no tengo atrapasueños.
Tengo llamadores. Los hay de hierro con campanitas de bronce, estrellas de ópalo, mandalas de vidrio, y alguno que hice yo. Ese no suena.
Yo no tengo atrapasueños. Porque no necesito recordarlos. Además, ¿quién querría atrapar pesadillas?
Pero hice atrapabesos. Eran esferas de mimbre como pequeños mundos. En su interior puse semillas y palabras de amor. Mensajes para quien.
No había forma de saber qué decían.
No había forma de quitarlos.
Llevarse mi atrapa besos era una cuestión de fe, era para los religiosos del amor. Los que no piden pruebas. Los que creen. Los que se arrodillan frente al misterio de siempre y de pocos. Los que se dejan bautizar por el río de la vida.
No hice muchos. Conservo alguno.
Y en la noche de San Juan, hace poco más de un año; quemé el resto.
Alguien me dolía y todo era estúpido.
Yo buscaba un sentido y lo encontré en el fuego; y no sé de donde saqué esta frase.
Besos hartos de su encierro, palabras sin morir de puño y letra, semillas como niños congelados.
Ahora pienso en mis atrapabesos. En que techo colgarán. Quien los mirará. Quien seguirá escribiendo deseos de labios y saliva, dejándolos allí, para que nadie los descubra; para que nadie los niegue, para que nadie los olvide.

No, no era esto lo que quería decir.
Doy tantos rodeos como fibras de mimbre.
Es verdad que mis sueños han cambiado. Pero no quiero hablar sobre eso. Porque pocos lo entenderían, y no estoy dispuesta a dar la bienvenida a descreídos.
Dejaré, aquí, un mensaje que me fue dado a través de un sueño. Alguien / algo, lo escribió para mí, pero yo sé que no era solo para mí. Y siento una insistencia, ese alguien / algo, estuvo esperando este momento, el de mi atrevimiento:

“no te olvides de lo asombroso que de la paz se escribe
y que de la letra
la letra sale”
.

Alguien, un otro, sabrá comprender.

Yo jamás hubiera escrito semejante frase.
Solo me ilumino frente a unos ojos.

Un beso a todos.

@ ghost in you- counting crows

BOOOOOOOOO!

Abro el word y la voz me dice: “hola, vengo a flotar”
Bueno, contesto.
Cierro otro programa, la misma voz, esta vez: “bueno, chau”
Chau, digo yo.
A un clik de mi explorer la mujercita grita encantada: “hay que tener seeeexoooo!!!”
Dale, respondo.
Mi perro ronca, mi gata hace miau, vivo sola… ¿que hay?

Son casi las cinco de la mañana y no puedo escribir seriamente. Dos Margaritas para subsanar el trauma del "Café Filosófico" no me lo permiten.
Lo mejor de la noche fue el Halloween entre mi amiga y yo. Y el lugar. Esa clase de lugares a los que no se debería entrar con una amiga. Porque una piensa cosas. Y se acuerda de. Y dan ganas. Y una pareja se besa en aquella mesa.
Y yo quiero. Y vos no estás.

Cuarenta personas en un ambiente minúsculo. Sillas incómodas, prohibido fumar, prohibido beber, prohibido pensar.
La disertante hablaba a una velocidad que sonaba a turbina de boeing.
Señoras y señores incautos, abróchense los cinturones de seguridad hasta que mi verborrea los maree, entonces yo pregunte y ustedes aporten estupideces. Señal de que habremos alcanzado la altura de crucero. Muchas gracias por venir y los espero la próxima semana. Fuck you.
Durante más de dos horas tuve que escuchar dos mil doscientas maneras de destripar la “construcción cultural” que es el Amor.

Una señora gorda, parecida a la chanchita de los muppets, interpelaba a otra que decía tener poderes extra sensoriales.
Un señor alto y enjuto, levantaba la mano cada cinco minutos para contar la influencia que la literatura alemana había tenido en su adolescencia, malogrando su único amor. Llegó a la conclusión de haberse enamorado de sus propias letras, de las cartas que le enviaba a su amada. Pero parecía no darse cuenta de lo que estaba diciendo.
Una señorita que a todas luces cambió el “solos y solas” por una noche de filosofía, no paraba de reír como una hiena herida. Allí no había nadie para ella. Ni siquiera cuando se quitó el blazer y dejó al descubierto su escote.
Un psicoanalista hablaba refregándose los ojos, refregándose las orejas, refregándose la frente, refregándose la nariz.
Me daban ganas de gritarle que jamás tendría a semejante pelotudo poniendo su archirrefregada oreja a mis palabras o silencios.
Otra del gremio se ufanaba de tener un matrimonio exitoso porque ambos habían encontrado –en el humor- la fórmula de la felicidad.
Lo que ella no sabía era que su divertidísimo marido, sentado – convenientemente- detrás de ella, no dejaba de clavarle los ojos a mi amiga. Él miraba… y miraba… y miraba… mientras ella mostraba sus encías de mujer satisfecha; al tiempo que treinta y ocho testigos disfrutaban con disimulo el “detrás de la escena”. Patético.

A la hora del break, mientras la gente se masacraba por una taza de café, decidí salir a fumar. Encontré a un señor ( no sé si era filósofo, filoso, o impotente ); que ante mi primer bocanada huyó despavorido no sin antes recriminar mi condición de usurpadora de los buenos aires de Buenos Aires. Qué literal el señor. Le dije: “la libertad es libre”. Y disparé otra bocanada con la fuerza de un misil contra sus gruesos lentes.

Porque yo de filosofía no sé un carajo, y me sonaba a frase epicúrea, y me sentí Mafalda. Y me sentí mejor.
Bueno, que la noche fue como un paseo por los oscuros recovecos de la decadencia intelectual, salvo por aquel lugar.
Ah, qué lugar...

@ la vie en rose- edith piaf

Re/trato.

Re/trato.

El gorrión de París, los gorriones de Prevert, el que rescaté hace horas de las fauces de mi Luna.

Pintar primero una jaula
Con la puerta abierta
Pintar después
Algo gracioso
Algo simple
Algo hermoso
Algo útil
Para el pájaro
Apoyar después la tela contra un árbol
En un jardín
En un montecillo
O en un bosque
Esconderse tras el árbol
Sin decir palabra
Sin moverse…
A veces el pájaro aparece al instante
Pero puede tardar años
Antes de decidirse
No desalentarse
Esperar
Esperar si es necesario durante años
La prontitud o la demora en la llegada del pájaro
No guarda relación
Con la calidad del cuadro
Cuando el pájaro aparece
Si aparece
Observar el más profundo silencio
Aguardar a que el pájaro entre en la jaula
Y una vez que haya entrado
Cerrar suavemente la puerta con el pincel
Después
Borrar de uno en uno todos los barrotes
Con cuidado de no rozar siquiera las plumas del pájaro
Reproducir después el árbol
Cuya más bella rama se reservará
Para el pájaro
Pintar también el más verde follaje y la frescura del viento
El polvillo del sol
Y el zumbido de los bichos de la hierba en el calor
Del verano
Y después esperar que el pájaro se decida a cantar
Si el pájaro no canta
Mala señal
Señal de que el cuadro es malo
Pero si canta es buena señal
Señal de que podéis firmar
Entonces arrancadle suavemente
Una pluma al pájaro
Y poned vuestro nombre en un ángulo del cuadro.

Para hacer el retrato de un pájaro, de Jaques Prevert

@ y nada más- silvio rodriguez

Volare oh oh.

Volare oh oh.

¿Qué hago?
¿Me voy a Merlo, o me voy a Roma?

A las tres de la madrugada sonó mi teléfono.
-hay mucha interferencia, ¿dónde estás?- pregunté.
-en el avión, dijo él.
-ah- contesté.
……………………………………
Silencio con ruido a turbinas
……………………………………

-¿y cuándo volvés?
-en diez días.
-bueno, no creo que esté aquí, me voy a Merlo.
-tengo dos pasajes a Roma, ¿vamos juntos?
-no te escucho bien, ¿qué dijiste?
-que tengo dos pasajes a Roma, ida y vuelta. ¿Querés venir conmigo?
-¿a Roma?
-sí, y pensé que podríamos irnos unos días a Madrid, y un poco de París y Londres… ah, y Venecia.
-me encantaría… pero pensalo… podrías ir con otra persona, ya sabés…
-no, ¿por qué? te estoy invitando, quiero ir con vos.
-pero tengo que renovar mi pasaporte…
-bueno, apurate… pensé que a fines de noviembre… para el veintipico, ¿está bien?
-sssi... ¿¡!? dije. Y ahora cortá, esta comunicación te va a costar otro pasaje.
-ocho dólares el minuto.

Pero él siguió hablando. De la turbulencia sobre el Amazonas. De sus ataques de pánico. De la fiesta de halloween en Coconut Grove. Del regalo que pensaba traerme.

-van ciento veinticuatro dólares, dije yo.
-ya corto, dijo él.
-bueno, cuidate, te quiero.
-yo también te quiero, ma.

¿Qué hago?
¿Me voy a Merlo, o me voy a Roma?

@ un bel di-café del mar

Solo segundos.

Solo segundos.

Tengo un reloj que marca -siempre- las ocho y diez.
Allí clava sus agujas aunque el segundero gire -segundo tras segundo- y el tic tac tic toc me confunda y entonces piense que alguna canilla está goteando.
Abro la puerta y no, es el reloj. Que no gotea más que segundos.
Un reloj que sólo marca segundos, ¿es un reloj?
Hay objetos que tienen un efecto hipnoide. Me siento en la tapa del inodoro y me quedo mirándolo.
Tic tac tic toc.
Tic tac tic toc.
Ese sonido a tiempo que cae, en la paradoja del no-tiempo.
Ese sonido a tiempo que cae en la paradoja del no-tiempo.
Ese sonido a tiempo.
Que cae.
Tiempo.

Alguna vez tuve hijos, lo sé porque parí cuatro veces.
Treinta y seis lunas. Mucho tiempo sin poder mirarme la punta de los pies.
Fui vehículo de vidas. Carro parsimonioso y sagrado de carga de vientres.
Fui aguja de bordar, aguja de tejer. Fui teta. Fui nanas. Fui noches que nunca terminaban de ser mías.
Fui cocinera. Fui modista. Fui el encanto y el desencanto.
Hoy,
ya no soy
ni siquiera una foto
que busco entre las fotos que no tengo.
¿Una madre que no es madre ni en fotografías, es una madre?
Hay situaciones que tienen un efecto hipnoide. Y sin importar donde me siente, me quedo pensando en ello.
Tic tac tic toc.
Tic tac tic toc.
Ese sonido a tiempo que cae, en la paradoja del no-tiempo.
Ese sonido a tiempo que cae en la paradoja del no-tiempo.
Ese sonido a tiempo.
Que cae.
Tiempo.

Soy una observadora de ventanas. Una voyeur de techos ajenos. Una diseñadora imaginaria de vidas.
Lo fui siempre.
Pero ahora me convertí en profesional. De tanto imaginar, supongo. De tanto querer y no poder.
- ábranme la puerta- por favor.

Camino y me pregunto, también, por tus paredes. ¿Tendrán ese color?
¿Y cómo será tu cama? ¿De qué están hechas las cosas que tocás?
¿Acariciás su piel a menudo?
¿A qué huele su pelo?
¿Te sonríe cuando despierta?
¿Le hacés el amor como a mí?
Y sin importar por donde ande, si lejos; si cerca, me quedo doliéndote allí.

Tic tac tic toc.
Tic tac tic toc.
Ese sonido a tiempo que cae, en la paradoja del no-tiempo.
Ese sonido a tiempo que cae en la paradoja del no-tiempo.
Ese sonido a tiempo.
Que cae.
Tiempo.

@fragile wind- nitin sawhney

Post entre todos.

No me lo van a cre-er, pero el post se borró, no está más, oia.
Pero pueden pasar por la ciénaga de la cyber gollum para admirarme como Monadriel.
Todo un honor ser parte de la saga.
Son pérfidos, pero los quiero.

@ sublime- under my voodoo

*** el temita va dedicado a la gollum, por cierto... ¿me prestarías un alfiler, tesssoro? ***

Ayer/lejos/luz.

Ayer/lejos/luz.

el mundo está lleno de paraderos, al fin y al cabo, donde quizá esperan sueños de tal riqueza que valen todos los viajes de ida y en una de esas ninguno de vuelta.

cortázar- los autonautas de la cosmopista.

El hombre que se transformaba demasiado.

El hombre que se transformaba demasiado.

El doctor Maderna aprendió a convertirse en mariposa cuando era un adolescente.
Más tarde adquirió nuevas destrezas y así llegó a transformarse en gato, en anguila, en pez, en caléndula y en escritorio.
Siendo adulto era capaz de convertirse en cualquier objeto a su capricho.
Sin embargo, sus metamorfosis se hicieron tan frecuentes que su familia vivía en inquietud constante. Nadie se atrevía a matar a una cucaracha por temor a que se tratara del doctor Maderna. Una noche lo arrojaron a la basura bajo la forma de una esponja usada y un domingo estuvo a punto de ser devorado por su propio hijo, quien no supo reconocerlo en un chorizo.
Cada vez era menos asidua su apariencia original.
Eso sí, nunca dejaba de asumirla el día de su cumpleaños, para no perderse obsequios y homenajes.
Una madrugada entraron ladrones y se lo robaron, cuando era un jarrón de cristal. Nunca jamás se supo de él.
Desde entonces, su pobre esposa recorre las casas y negocios de la ciudad, hablando tiernamente a los floreros:

-Ramón… Ramón… Maderna…

Pero los jarrones siempre son jarrones, o acaso son alguna otra persona.

Alejandro Dolina. Crónicas del Ángel Gris.

Tratos.

-¡Callate!, me gritó. Con ojos desorbitados, el llanto queriendo escapar de su garganta vociferante, el mango de la cuchilla golpeando contra la mesa.
-¿Callate? callate las pelotas, dije yo.
Tomé mi bolso y le advertí que de ahora en más, si quería saber sobre mí; llamara.
-¡¡¡No pienso llamarte!!!
-Que bueno, yo tampoco; con la locura no hay diálogo posible.

Y me fui.

Mientras regresaba por la ruta de la costa desaparecían las águilas, las montañas, las verbenas que tapizan las banquinas, las retamas en flor, el incendio de ayer por la noche. Mis logros de este día. Yo, la de hoy; daba paso a la de ayer.
Una mujer diciendo que sí con tal de…
Una mujer tapando agujeros con tal de…
Una mujer temerosa con tal de que no…
Lo sentía a medida que me hundía en el asiento de mi auto. En mi falta de lágrimas, en la sensación de lo ya vivido, en lo paralizante de ciertas situaciones por inesperadas, por inexplicables, por explosivas.

Y porque no llevo puñales escondidos por si acaso.

Pero lo que en otro momento de mi vida hubiera resultado muy costoso, sólo me costó un alto en el camino y una taza de café. Para pensar. Que por primera vez, frente a esa persona, no mastiqué silencios. También abrí mi boca y vomité sobre su mesa.

Tu trato no me debilita. Tu trato me da pena. Tu trato es patético. Tu comprensión es nula.
Ya sé que te peleás contra el cariño. Que de un modo u otro necesitás lastimar. Dinamitar puentes, quedarte en pelotas. Culpar a los muertos por ser como sos. Endiosar humanos para llenar tu jardín de epitafios: “aquí yace quien no era”.

Pero yo,
yo no voy a yacer en tu jardín.

Contrastes.

Hoy, Pedro, también seré metonimia.
Hay días de contrastes tan arrasadores que se llevan la mitad de la belleza, la mitad del dolor, la mitad de una; incluso la mitad del cielo.

Buscaba un regalo para mi madre, pero sentía la necesidad de hacer algo con mis manos (ya saben, las nenas acosamos a papá pero nacemos con el cáliz de la creación en el cuerpo).
Tenía la idea pero me faltaba el tiempo: un altar para su Kuan Yin me insumiría la madrugada entera. Lo terminé a las siete de la mañana. Tomé un somnífero y me fui a la cama. De día. Perros que ladraban, gallos cacareando, Nevenka llegando de un recital, el Gringo arropándome.
Las pesadillas me saturaron y a las nueve decidí que ya no quería más tormentos.
- dormí un poco más- me decía él.
- que no, ayudame a despertar- decía yo.

Me ayudó. Desperté. Llevé el altar a la mesita del parque. Medité allí. Pedí por mis hijos. Pedí que no tuvieran remordimientos si decidían no llamar, pedí no sentir enojos, pedí trabajo para el gringo; pedí amor.

Me demoré en el trayecto hacia la casa de mi madre. Me sentía – hoy, y no sé por qué- la más bonita de la clase (.) y detuve el auto en varias oportunidades para bajarme, poner mi máquina en automático y fotografiarme. Otros pasaban, aminoraban la marcha, algunos miraban divertidos, otros con conmiseración. ¿Para quién esas poses, para quién sonreía si allí no había nadie más que yo? Me encantó, me divertí. No me importó.
Me doy cuenta de que mi libertad de aquí, no es mi libertad de allí.

Mi madre lloró mucho al ver mi regalo.
Lloró tanto que yo no sabía si sentirme feliz o que.
Pero me sentí feliz.

Para que vean que también puedo ser malvada, disfruté provocando a la pareja de macrobióticos durante todo el almuerzo. Me dieron un magnífico pie: mañana celebran sus bodas de oro.
Les sugerí que ya era momento de replantearse el para qué de tanto pegoteo. “Adaptación” fue la respuesta. Ella contó sus artes en semejante oficio. De cómo las mujeres, cediendo, consiguen maridos a medida.
Domesticar hombres.
Se mereció todo lo que tuvo que escuchar después.
Y volví a sentirme feliz, esta vez por mi libertad.
Y por no desear domesticar a nadie.

A pesar del cansancio no quise regresar de inmediato. Necesitaba dormir pero preferí pasar por el cyber, revisar el correo, entrar al sitio de Él, darme una vuelta por mi blog, abrir y cerrar el msn, y añorar mi lugar, mi computadora, mi música, mi media luz, mis velas, mis sahumerios, mi silencio, mi perro durmiendo a mi lado, mi gata durmiendo contra mi pecho mientras tipeo.

Afuera, en la plaza (porque aquí todo ocurre en la plaza), se mezclaban los truenos con los tambores furiosos de las murgas.
Llegaron con sus trajes brillantes,
y
a) el banderillero es un chico con síndrome de down,
b) la directora fue mesera en mi boliche,
c) el pibe que echa fuego por la boca sirve café en el barcito de la esquina,
d) gordas, bajas, altas, flacas, rubias, morenas, celulíticas, exuberantes, adiposas o arrugadas; nada importa.
Nada.
Salvo el deseo irrefrenable de moverse. Expandirse. Lanzar patadas al aire.
Y la energía circula y todo se vuelve magnético, extraño, entraña profunda.
Y yo, que muero por bailar en una murga, me senté en el cordón de la vereda a mirarlos extasiada, fuera de mí, en otro plano que me permitía comprender la belleza de habitar este pueblo; donde las cosas simplemente suceden, donde los tordos que allí duermen, huían inquietos tapando con su vuelo la otra danza.
La de los rayos.
Y me quedé. Mirando el fuego, mirando el cielo.

Los murgueros se fueron.

Los pájaros regresaron a los plátanos.

Y yo, que no soy ni árbol ni pájaro ni trueno, regresé en mitades a otra mitad de la que cada vez, cada día, queda menos…

Refugios.

y me acostaré con todos mis niños
los que transitan la tierra,
y estrellas pequeñas
y fugaces


escribo sobre papel dejando una veintena de hojas por delante, no confío en las primeras hojas tan a mano de cualquiera; no confío en cualquiera tan a mano de mis cosas -que nunca estarán en las primeras hojas- por eso para leerme habrá que buscar, hurgar, saltear garabatos, nombres, números, fechas, listas, versos, canciones, medidas, olvidos; porque si no escribo lo olvido y después olvido que lo había escrito y tengo notitas sobre el teléfono, en la pantalla de la computadora, debajo de Santa Teresita del Niño Jesús, y debajo de una turmalina negra que sirve de pisapapeles y pisamemorias /
y además olvidé mis gafas en buenos aires y mi letra es desmesuradamente roja, desprolija, y cada vez que doy vuelta la hoja está a punto de encenderse como mi letra roja, tengo una vela demasiado cerca y su llama se agita,
se agita /
el último refugio con sus 620 páginas tendrá que aguardar mi regreso a buenos aires y a mis gafas, pero al menos puedo ver su portada y allí están las torres del palacio y más allá las montañas y más acá una pareja que adivino será la protagonista de la novela en la que Ella le dice a Él una de las frases de amor más bellas que alguien me haya contado jamás -mi madre- y muero por encontrar ese pasaje pero mi madre no acostumbra, como yo, a subrayar textos cuando las palabras emocionan o golpean o acarician, y no veo
no veo /
y apenas faltan cuarenta y ocho horas para celebrar el día de la madre y entonces interprete a una hija sin hijos en el almuerzo dominical que compartiré con ella y otra pareja que sólo habla de comida naturista entre risas de dibujo animado y comentarios sobre la conveniencia de la soja y los beneficios del óleo 31 para las várices -que no tengo- como tantas otras cosas que no tengo y que me importan y que todos obviarán prudentemente pero que mas da, un vodka esperará por mí, lo sé; y luego vendrá el café y mis elogios a D. por su exquisita ensalada macrobiótica y me iré a dormir mis lágrimas a eso que le llaman siesta.