Día cualquiera.
Timbre.
-Subí. Dice ella.
Lo esperaba, como todos los meses para tal fecha. Él se encarga de
no tiene importancia.
Entró y abrazó a su perro. Siempre hace lo mismo. Siempre es la misma alegría, la misma sorpresa entre ambos. Ella no existe. Ella mira la escena, con la puerta aún abierta, y piensa que le gustaría ser perro.
Hombre y mujer se calzan sus gafas, miran papeles -firmá acá, llená esto, ahí van dos rayitas-.
Como si ella no supiera.
Él chequea que todo esté en orden. En la radio suena no se que cosa
Ella lo mira.
... dentro de tus ojos veo un lago /donde un hada se desnuda/ para que la adore el sol
*
-No puedo creer que esté volviendo a empezar. Dice él.
-Te admiro la paciencia. Yo no podría.
-Yo tampoco puedo, imaginate, a esta edad
tengo ganas de viajar, de hacer otras cosas.
-Sí, claro.
-Pero amo a esa chiquita. Y bueno
-Estás en el baile
bailá.
-Es que no me resigno. Hoy tuve una discusión con S., yo quiero ir a Buzios y ella no quiere, todavía le da la teta
y está por cumplir tres años.
-Qué maravilla.
-Pero yo me quiero ir, ¿entendés? Necesito esos días. Ella dice que no, que la nena, que el trabajo
-Sí, entiendo.
-Podría irme solo. Pero no es lo mismo.
-No, claro, no es lo mismo.
Llevame. Llevame. Llevame con vos.
-No sé, me parece que me voy como sea. A lo mejor algún amigo
No. Mirame. Te acompaño. Llevame. Llevame con vos.
-¿Qué opinás?
-Que esta vida es una.
Él se rió a carcajadas. Escuchó lo que quería.
Para ella fue fácil, solo se dejaba hablar, pensar en voz alta, soltar su miedo a que esta vida perdiera la locura bendita y necesaria.
un osito de peluche de Taiwan /una cáscara de nuez en el mar /suavecito como alfombra de piel /delicioso como el dulce de leche... *
-Bueno, me voy.
-Bueno, gracias por todo.
Ella abrió la puerta pero él se detuvo.
-¿Te dije que tengo en mi billetera la foto de tu hijo con el mío?
-No, no me dijiste.
-Sí, un día en Pacífico
en esas maquinitas
estamos los tres. Buenos pibes tenés, los quiero mucho.
-Sí, sé que los querés.
Él fue hasta el ascensor pero volvió.
-¿Por qué no te venís un día a casa
o hacemos algo
o
?
¿A tu casa? ¿Con S.? ¿Y a qué?
Él lo advirtió. Algo advirtió.
Se quedó mirando una sombra, el foquito de la luz sobre su pelo canoso.
-El domingo te vi. Te miré tres veces, pero leías
-Ah, sí.
... todo es tan tranquilo/ que el silencio anuncia el ruido/ de la calma que antecede al huracán... *
-Bueno, si me voy te aviso. Pero me voy por trabajo, ¿si?
-A mí no tenés que explicarme nada.
Nada.
... la melancolía de la tarde/ me ha ganado el corazón/ y se nubla de dudas/ son esos momentos/ en que uno se pone a reflexionar/ y alumbra una tormenta/ todo es tan tranquillo/ que el silencio anuncia el ruido/ de la calma que antecede al huracán... *
@ un osito de peluche de taiwan - auténticos decadentes
* fragmentos de la canción.