Vueltas.
(
) tu amor cambió mi vida como un rayo
para siempre
para lo que fue y será (
)
Me pregunto cuanto falta
Y que ya no estés
En las cosas que toco
Al abrir mis cajones
O darle vueltas a la cuchara del café.
(
) tu amor cambió mi vida como un rayo
para siempre
para lo que fue y será (
)
Me pregunto cuanto falta
Y que ya no estés
En las cosas que toco
Al abrir mis cajones
O darle vueltas a la cuchara del café.
La gente se pregunta si hay vida después de la muerte.
No lo sé.
Pero les puedo asegurar que hay vida después de la vida.
Y se siente raro.
No descorché botellas de champagne. No le di las gracias a ningún santo. No dije la consabida frase "ahora valoro cada pequeña cosa". Ni le jugué el 23 a la quiniela.
Siento que no tengo nada que festejar.
Estos días fueron de mucho dolor. El gringo y yo anduvimos como islas humanas de continente desconocido. Perdidos, cada uno, en la falta de respuestas; en la ausencia de explicaciones, apuntalando silencios y miradas húmedas.
Ni siquiera he podido consolarlo. Tampoco me permití el alivio de su compañía. No puedo. No pude.
Algo se levantó entre mí y el resto del universo.
Siento una pared de piedra helada en mi pecho. Y no cede.
Es como si trataran de explicarme qué es el amor, y no lo entendiera.
Digo cosas y no me las creo.
Me siento flotar entre dos realidades. Cierro los ojos y veo rostros que giran y espirales que se transforman en dibujos que no dicen nada y por fin todo es oscuro. Y tal vez duermo.
Me pregunto si se habrá roto algo.
En mí.
Con él.
En quien.
Daría cualquier cosa por llorar. Gritar. Romper platos.
Pero no reacciono, ni siquiera cuando me puso la cara y me dijo "golpeame".
Hoy se fue.
Armó su bolso, nos dimos un abrazo. Nos dijimos las cosas de siempre y partió con un "voy hasta la esquina a comprarte cigarrillos y vuelvo". La última mirada fue tan breve como un pestañeo.
Cerré la puerta y subí el volumen de la música. Alguna cosa que me aturda.
Alguna cosa que me haga sentir viva.
Alguna cosa que me confirme que no he muerto.
Porque todavía no escribí mi epitafio.
Y no quiero pasar por allí, y leer boludeces.
Hola. No debería estar escribiendo. Me late fuerte el corazón.
El post tonto de la araña lo escribí momentos antes de regresar a Buenos Aires. Sin saber todo lo que pasaría después.
¿Cómo se llama ese intervalo, si es que existe, entre el antes y el después?
No sé como seguir. De verdad.
Anoche se desató una tormenta muy fuerte en la ruta. Veníamos escuchando a Vicentico, hasta que me cansé de tanto Culpable y le pedí al Gringo que me contara cosas que me hicieran reir. Recliné la butaca del auto, me tapé con una manta, y mientras miraba como caía la lluvia sobre el cristal de mi ventana, pensaba este es un momento perfecto.
Hasta que el auto comenzó a dar vueltas en el aire
y Víctor: mi amor, mi amor, nos vamos
. Y las manos buscándose sin sentido y a tientas, y los cuerpos como muñecos de trapo.
Un video sin control que va disminuyendo en velocidad
hasta ver cuadro por cuadro.
Cuadro
por
cuadro.
Y una imagen que se detiene.
Fin.
La oscuridad más absoluta, como astronautas sin gravedad, el techo roto debajo de nuestras cabezas rotas, la certeza de haber caído en una laguna, el terror de sentir la espalda mojada.
El agua entrando a un auto que en segundos sería una pecera con dos imbéciles ahogados.
Y una mujer (yo), que no acaba de sorprenderme. De un solo puñetazo rompí el vidrio. Y el vidrio se convirtió en un dique y el dique terminó por llenar el habitáculo
y mis últimas palabras para Victor fueron salí YA!!! (porque el hombre, como todo ser más lógico que una mujer, pretendía abrir la puerta). Ya dije que soy un poco loca. Pero esta vez la locura nos salvó la vida. Salí por ese hueco astillado como un pececito herido por un arpón para tiburones.
Él me abrazaba debajo de la lluvia y al lado del desastre, hundidos en el agua hasta las caderas, mientras me decía mi amor, volvimos a nacer. Se equivocaba. No era momento para abrazos ni frases de película. Yo estaba llena de agua, sangre, vidrios, lodo y HORROR.
Horror.
Bomberos, ambulancias, policías. Dos horas con la ropa congelada sobre la piel. Luces rojas, verdes y amarillas que parecían multiplicarse a causa de la lluvia, y mi mirada perdida en la laguna.
Traumatismo craneoencefálico fue mi diagnóstico.
En apenas tres horas todo el pueblito de Canals se había enterado de nuestra tragedia. Y venían a vernos al refugio que nos habían improvisado en un barcito. La frase recurrente era ustedes no se mataron de pedo. Y como si a mí no me hubiera quedado bien clarito, no se cansaban de repetirla.
La frase número dos era el auto se arregla, lo importante es que la sacaron barata.
La frase número tres fue uno no sale a buscarla (a la muerte, claro).
Y yo no podía creer nada
nada de lo que escuchaba.
Porque el auto se arreglará o no. Me importa tres carajos. ¿Pero a mí, lo que yo siento, mis destrozos interiores, quién los arregla?
Y lo más fuerte, tal vez el reconocimiento más terrible, fue el que me animé a formular hace tan solo dos horas. Sí, veníamos en plan de compartir cuatro días de placer. Pero hicimos todo lo posible por matarnos.
Esa idea fue la que no me permitió hablarle durante las siete eternas horas que duró el viaje hasta aquí, en la misma grúa que traía los despojos de mi auto. Y al volante de Javier, quien contaba con lujo de detalles su trabajo de levantar autos, cadáveres aparte. Nunca imaginé que podía existir tanta similitud entre una grúa de auxilios y una empresa funeraria.
Yo, sencillamente, no tenía palabras. Ni siquiera ira.
- Está shockeada, decía Javier.
- ¿Moni, te duele algo?, Javier otra vez.
- Estoy cansada, era mi respuesta.
Pero me dolía el culo, la cabeza, los brazos, las piernas, el cuello, y fundamentalmente EL ALMA.
En casa pude hablar. Y pude hablar porque todavía no puedo llorar. Ni una puta lágrima.
Y son las cinco de la mañana y a pesar de las pastillas tampoco puedo dormir.
Una y otra vez me pregunto
¿porqué la muerte pasó para irse? ¿Quien, qué, me dio esa fuerza para romper con mis nudillos un vidrio debajo del agua?
- Mon, mi amor, fue un accidente.-
- Estar en el lugar equivocado ya no lo convierte en accidente.
Y aquí dejo.
No sé que más dejaré.
- ¡¡¡¡Viiiiiiiiictor!!!!, yo.
- ¿qué?... ¿qué pasa???, él.
- ¡¡¡hay una araña en el bidet!!!
Para una mujer, esta clase de encuentro, es algo verdaderamente siniestro.
Y NO IMPORTA SI LA ARAÑA TENÍA EL TAMAÑO DE UNA MOSCA.
¿Qué ocurre cuando la oveja se aparta del rebaño?
Recuerdo una explicación de Osho: la gente intentará convertirte en miserable, harán esfuerzos por destruir tu danza, por arrebatarte tu alegría, te tratarán de loco/a, te condenarán para que así, puedas volver al rebaño de los cuerdos infelices.
La respuesta sería : déjenme sola con mi locura. No se ofendan; yo no me siento ofendida por todos ustedes; tanta gente cuerda en el mundo y yo no me siento ofendida.
Todo el mundo tiene miedo de todo el mundo. Nadie se permite mostrar sus sentimientos, su realidad, su autenticidad y todo el mundo quisiera hacerlo, porque seguir reprimiendo el rostro original es un acto suicida.
La mejor forma de perder la vida es tener una cierta actitud ante ella. Te enseño una vida sin actitud alguna. Si realmente quieres conocer lo que es, deja de lado toda filosofía, todos los ismos. Ve entonces con las manos abiertas y totalmente desnudo al sol, para ver lo que es.
Todos tenemos actitudes: esa es nuestra angustia.
Todo el mundo está en otra cosa; nadie está donde debiera.
El otro mundo está escondido en éste. El Buda está dormido en el Zorba. Hay que despertarlo, y nadie puede despertarle excepto la vida misma.
En cualquier estado en que te encuentres, vívelo totalmente. Es solamente viviendo algo totalmente cuando uno puede trascenderlo.
Amor es el encuentro orgásmico de la muerte y la vida.
El amor es sólo posible en el presente, porque sólo en este momento la vida y la muerte se encuentran... en el oscuro intervalo que está dentro de ti.
He oído un dicho muy extraño de Jorge Luis Borges:
"Dale aquello que es sagrado a los perros
Arroja las perlas frente a los puercos
Porque lo que importa es dar."
Da, cuando tengas.
Todo lo bello que tengas, no lo escondas.
Lo que importa es dar.
Siéntete agradecido a la persona que te permitió compartir algo con ella. Porque él estuvo dispuesto a escucharte, a compartir alguna energía contigo. Porque cuando fuiste hacia él a darle no te rechazó... pudo haberlo hecho.
Una persona madura tiene la integridad necesaria para estar sola. Y cuando una persona madura da amor, lo da sin ataduras: simplemente da.
Extractos del Libro de Osho "Vida, Amor, Risa"... a propósito de una frase de Bart: "a pesar de todo, seguimos navegando".
Diálogo entre Mateo (4) y su abuelo, al atardecer:
- Tatón, ¿qué es eso? - apuntando con el dedito hacia el ocaso.
- Son nubes iluminadas por el sol -. Contesta el gringo.
- No, no es eso.
- Ah, ¿no?
- No.
- ¿Y entonces qué es?
- Es un espellejo. Algo que parece pero que no es -. Concluye Mateo.
Dos sueños. Dos días consecutivos. Dos mujeres ciegas. Una negra, otra blanca.
La negra logró engañar a todo el mundo. Hasta tuvo un bebé. En el sueño pienso en algún momento se sabrá la verdad. Admiro su destreza pero al mismo tiempo me preocupa.
La blanca me confiesa, mirándome a los ojos, estoy ciego.
- No jodás -. Le digo.
- No te jodo, ya no veo casi nada.
- Pero no se nota... (digo, mientras miro sus ojos azules. Ojos como mandalas).
- Sos una persona muy observadora -. Dice él/ella.
Me sorprenden dos cosas: que no sea mujer, y el recuerdo (en el sueño) del sueño anterior.
Concluyo que ambas engañan.
Que ambas aparentan lo que en verdad no son.
Que ambas disimulan, muy bien, su verdadera condición.
Entonces me pregunto si mienten. Y a quienes. Qué es verdad y qué no.
Si la mentira encierra una verdad, ¿mienten?
Si la verdad encierra una mentira, ¿dicen la verdad?
¿Cuál es mi verdad, cuál mi mentira?
¿A qué me estoy volviendo ciega?
Me despiertan voces. Pero no del todo. Por un instante... por un brevísimo instante creí que eran mis hijos. Y que yo estaba en casa.
En casa.
¿Qué casa? ¿Cuál de todas ellas?
Durante segundos, enmarañada entre sábanas y mantas, no supe donde estaba.
Primero descubrí el lugar: estoy en casa de Víctor.
Luego las voces: son de Elena y Nevenka.
Después me puse a llorar.
Estoy creyendo una cosa: me parece que tengo el mal don de aparecer en la vida de las personas cuando hay algo que se derrumba o que está a punto de desmoronarse.
No hubo un solo hombre que en algún momento no me considerara su rescue remedy. Y tendría que ser idiota para considerar que eso forma parte de mi misión en la vida.
Ni siquiera sé cual es mi plan. Mi ruta, mi destino.
Por que todo lo que logré, este último tiempo, fue una mayor comprensión del alma humana.
Entonces todo es aquí y todo es ahora. Y todo depende de mí.
De mi mirada.
O de mi ceguera.
Mientras en el boliche está toda la Cámara de Comercio, y gente de radio, yo decidí quedarme al abrigo del fueguito. Estoy terminando un grabado sobre madera, tratando de no tener malos pensamientos (porque anoche tuve uno y se me clavó una gubia en el pulgar), tomando una copa de vino y escuchando música prestada.
- ¿Cristina te fuiste a dormir?-. Pregunta Nevenka, que ahora le da por llamarme Cristina. En realidad todos somos Cristina. Ya la amenacé con una cuchilla tipo Psicosis.
Presiento que mi futuro inmediato es más que incierto. Pero no es secreto, aquí todos lo saben. A veces, en solo días, pasan cosas que mueven esas piezas que habían quedado en su lugar por más de un año.
Decisiones.
Porque nos guste o no, siempre somos los únicos dueños de nuestro destino.
Bart: aquí no hay otoño. Salvo que te guíes por el color de los arces. Las cumbres ya están nevadas y realmente hace frío. No hay turismo, solo jubilados, y yo me pregunto si se pondrán de acuerdo (las agencias de turismo), con las casas de sepelio.
Lú (Psychollogiblogtoday): cuando se tiene un bebé de la edad de Sol, el estado de shock pasa a ser el estado natural de una madre. Olvidate de los plácidos momentos. La niñita te dice no para poder decir, más adelante, sí. Es la forma que tienen esos enanos de ir afirmándose en la vida. Cuando mis enanos se ponían así, yo los sentaba y les decía controlate. Se revolcaban en sus sillitas, los levantaba, los volvía a sentar, y otra vez la palabra mágica: controlate.
Aprendían pronto.
¿Por qué suponés que está culpándote? Mhhhhh. ¿Qué te pasa a vos con el viaje de Fede? Mhhhhh.
Mhhhhh.
Ahá.
Son 200. No es nada. La semana que viene a la misma hora.
A otra cosa: no es que reniegue de mi pasado, es que simplemente no lo disfruté, no podía hacerlo. El lujo me revuelve el estómago, aunque conserve mi TAN caro auto, que por cierto está aquí, en Merlo. Aprendí que para vivir no preciso más que lo que entra en mi valija. Y que viajar en autobús está bueno. Me siento común, y me gusta la gente común, que vive en casas comunes y come comida común, y se viste, vive y piensa... comúnmente.
Enrique: ¿cómo suponés que puedo ofenderme por hablar de leones, sexo, buitres, passwords y esas cosas?
Seguí escribiendo así, que cada vez que te leo me veo allí, entre los buitres, detrás del café, mirando mis uñas sin cortar o jurándome hacer todo lo posible por evitar miradas que parecen chimeneas.
Y yo también me pregunto si vale la pena.
Y no creas siempre en mis respuestas. A veces esconden confrontaciones que necesito.
Bueno, mis dedos están a punto de ser amputados por el puto frío.
Espero que sigan tan inconclusos como siempre.
No me dejen sola.
Ja.
Última noche en esta Buenos Aires de desiertos y desertores.
Hay demasiada arena. No entiendo cómo la gente no se da cuenta. A mí me lloran los ojos a cada rato.
Por eso salgo de noche. Parda como los gatos, nadie lo nota.
- Dame un Marlboro light.
No hace falta mirar de frente para comprar cigarrillos. Además, llevo el dinero justo.
Las luces me lastiman. Los carteles publicitarios me lastiman. El parloteo de las señoras bien vestidas, paradas detrás de sus tan bien vestidos maridos, aguardando que el valet parking tan pero tan vestido de negro - como corresponde - acerque sus tan lujosos autos; a la salida del tan caro restaurante, Me lAStiMaN.
Es que para mí, lo tanto y lo poco, lo poco y la nada
son palabras que cuentan hechos sobre deshechos
Y yo, sin poder hacer ni deshacer nada.
Más que, a lomo de un Garuda o sentada en un autobús, irme.
Mientras escribo, miro mis cristales.
Los acomodo según colores, transparencias, luces y vetas. Luego dispongo la lámpara que ilumina este sector a cierta distancia, de modo que pueda verlos en su belleza más perfecta. Y más perfecta significa con todo lo que llevan en su interior.
Éso que los gemólogos llaman imperfecciones.
Y que a mí me hace pensar tanto en el alma.
Comí escuchando (una y otra vez) a Kevin Johansen cantando Timing
timing is the answer: do it now .
Nunca le había dado bola a la letra.
(
) y para qué te vas a ocultar
si no hay nada para disfrazar?.
También lo canta Kevin. Parece que el chico tiene todas las respuestas.
No sé para qué carajo estuve meditando. Hubiera puesto su música y llegaba a la misma conclusión.
Nada que disfrazar.
Lo que me duele, ME DUELE, ¿Y QUÉ?
Si es mi vida. Si es mi piel. Si es mi historia. Si es mi presente. Si son mis pérdidas. Si son mis ya nunca como ANTES. Si son mis horas de 600 minutos. Si son mis sí. Si son mis no. Si son mis ilusiones. Si son mis Garudas. Si son mis imaginarios.
Si soy, yo misma, un ser en lo imaginario.
En lo imaginario de mí misma.
Perdida, como me siento, en este laberinto sin unicornios.
Detesto estos momentos en los que podría dejarme tragar por un pantano, o aferrarme a las alas de un Garuda, el docto pájaro que declara a los hombres el origen del universo 1.
- Ven Garuda. He dejado abiertas las ventanas. Encendí velas y sahumerios para guiarte en la oscuridad de la noche. Preciso que me lleves con Vishnu. Él me espera a un costado del fuego.
Ya no sé que hacemos aquí. Mi alma y yo.
Me siento inquieta, como me ocurre cuando hay tormenta, como me ocurre cuando estoy a punto de comprender algo súbitamente.
Satori.
Luz.
Relámpago.
Tengo una madre que me regala estampitas. Y envía señales de humo cada tanto.
Se llama Perla, pero también se llama a silencio.
Siempre hay alguien castigando. Aún una MadrePerla.
Tengo un ex amante que me ha pedido que consintiera mi propio entierro.
Y me convertí en su cómplice.
Aturdida y lenta obedecí. Abrí la lista del Msn y le dí blocked para que no me viera más.
Para borrar evidencias.
Para ocultar el brillo sangrante de su bisturí.
Podrá forjar cruces, o epitafios. Me gustaría uno que dijera: Aquí no yace ella. Porque para matarla no basta con mi tibia fantasía.
No me gustan las tumbas.
No tengo que descomponerme a la memoria de Nadie.
Así que, desde ayer, unblock.
Él
rest in peace.
- Oh! Garuda. Te aguardaré hasta el lunes. Pero por si acaso te extravías, o te duermes, o te enamoras
me aferraré a un boleto de autobús. Mientras Vishnu alimenta nuestro fuego.
Quiero arder en él.
Como un leño más.
1. J.L. Borges, El libro de los seres imaginarios.
Meditar sin quedarme dormida.
Ordenar todos mis etcéteras.
Llevar una agenda que parezca una agenda.
No llenar mis bolsillos de basura.
Renovar mi viejo celular por otro celular que solo sea un celular.
Decir sí cuando quiero decir no.
Entender qué significa "pasa como piña".
Sacarme fotos desnuda.
Pasar una noche en carpa.
Conversar con un muerto.
Ser fiel.
No ser tan leal.
Bailar en una comparsa.
Dormir bajo las estrellas sin pensar que moriré picada por una yarará.
Tener un ataque de furia.
Concretar mis fantasías sexuales.
Atender, por una noche, una hot-line.
Seguir un consejo insensato.
Planear una venganza y llevarla a cabo.
Tomar una ruta desconocida en el momento menos pensado.
Escribir como la puta madre.
Escribir un libro escandaloso.
Convertirme en una especie de Clarisa Pinkola Estes.
Cumplir una promesa.
Llamar a mi ex analista para saludarla (en fin, para que sepa que valió el intento).
Ir a misa.
Ir a Egipto.
Saber cuántos camellos valgo.
Hacer el amor con un beduino sin pensar que moriré picada por un alacrán.
Pasar unos días en un Convento de Clausura.
Terminar de leer La Divina Comedia y Las Mil y Una Noche.
Volver a leer: Bomarzo, El Reposo del Guerrero, Teorema, La Casa Redonda, Los Caminos a Katmandú.
Volver a ver: El árbol de los zuecos. Un hombre y una mujer. Casanova. Venecia rojo shocking. Estados alterados de conciencia. Antonia. Before the rain. Calígula. El imperio de los sentidos. La casa de té de la luna de Agosto. Cumbres borrascosas. Casa de muñecas.
Recordar, al menos una vez al año, que existe Blockbuster.
Aprender a usar mi videograbadora (no, no sé).
Aprender a usar cualquier cosa que tenga más de tres botones.
No tener que inventar el Padre Nuestro cada vez que lo rezo.
Encontrarme con mi primer novio.
No romper corazones cuando ésa no es mi intención.
Romper corazones cuando ésa es mi intención.
Que no se noten tanto mis intenciones.
Y escribir algo como esto:
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe.
Alejandra Pizarnik
Hoy no tengo ganas de escribir. En realidad tengo algo guardado, pero prefiero ir al bazar a mirar chucherías.
El que quiere, me acompaña.
El que no, y se aburre, siempre tiene la opción de escribir haikus en los comments.
Agostina. Mi hija. Ésta es la portada del Cd que tiene su imagen. Y que la niña mandó a grabar como souvenir de cumpleaños. Ella eligió las canciones. Y cuando entró al salón aquella noche, como un hada, como un ángel, cuando las puertas se abrieron y ELLA apareció
lo hizo con uno de sus temas: Your Song.
Los metros que debía recorrer hasta llegar al centro de ese cuarto de palacio, no pudo completarlos. Por que cuando la vi, creí que daba sus primeros pasos. Y corrí hacia ella.
Para que no caiga.
Para no caer.
Qué no le daría yo
Dios, cuanto la amo. Y cuanto la necesito. Porque lo mejor que nos pasa cuando estamos juntas es la risa.
Y bailar como africanas poseídas. Y disfrazarnos. Y sacarnos fotos que jamás mostraríamos a nadie.
Se roba mis zapatos de ex señora rica que luego su perro masticará sin saber que se come a Ricky Sarcany.
Se olvida de llamarme.
Gasta hasta el último de mis centavos en porquerías que nunca usará.
Tiene más carteras que María Julia.
Y más agendas que el presidente.
Pero siempre quiere más
No importa qué. La cosa es más.
Por eso, hoy la miré a los ojos, y le pregunté:
¿querés vivir conmigo?
"Me abrazó y apretados el uno contra el otro sentimos, mudos, juntos, el alivio del contacto físico. Nos invadió, eliminando todo el resto. Alivio y felicidad. Las preguntas que habíamos preparado, las explicaciones que él quería darme, las palabras que esperábamos uno de otro se desvanecieron. Hoy no hay tiempo, pensábamos. Hoy no hay tiempo sino para este bálsamo de la presencia física. Estar abrazados sin una caricia ni una palabra
Victoria Ocampo- Autobiografía.
"A veces hablabas del amor de un modo que demostrabas que se trataba de una experiencia personal. Te veo sentada en el crepúsculo de una tarde de invierno, con los dedos extendidos ante el fuego, contemplándolo fijamente y diciendo: "No, Stephen; no empieza así; no es cuando dos personas se sienten atraídas, sino en el momento en que comprenden que son distintas, tan distintas que resulta terriblemente doloroso, casi insoportable. Es como el polo Norte y el polo Sur. Es imposible estar más alejados, pero al mismo tiempo no puede haber dos puntos más cercanos en la superficie terrestre, porque entre ambos existe un eje y todo gira a su alrededor."
Christopher Isherwood- El mundo al atardecer.
El que se fue, volvió. Según dijo, vino a quemar las naves.
- Quiero vivir!!!
- Bueno pero no me grites. Le contesto. Susurro. Me quedo en silencio.
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-Tus silencios me matan. Dice él.
---------------------------
Sí. Los silencios matan. Están hechos para eso. Para matar de a poquito.
Vivo de noche. Desde que llegué a Buenos Aires me acuesto a las seis de la mañana. Duermo poco, pero supongo que lo necesario como para seguir pensando.
Ahora mismo son las dos de la madrugada. Y eso me hace feliz.
A veces la noche es mi mejor amante. Me desnuda sin prisa. Y con arte.
Y yo, sin arte, me expongo y muestro.
Doy.
Más.
Llamé al Gringo. Lo llamé por que en éso habíamos quedado. Lo llamé para no preocuparlo. Lo llamé para que no muera de silencios. Lo llamé tarde. Entonces me di cuenta que no, que así no.
Lo engaño con la noche, que ya me había desnudado y tenía prisa por poseerme.
Salí, hace un rato, a comprar cigarrillos y galletitas. Me puse algo sobre el pijama y le pregunté a mi perro si quería acompañarme. Trajo su correa. Es lo único que aprendió, por eso lo quiero.
Un auto frena de golpe, vidrios polarizados, la ventanilla baja un poquito y sale una mano que me saluda. No tengo idea de quien carajo era. Pero yo saludé, por que soy educada. Y por las dudas. Y por que me gustó recibir un saludo.
Cuando la calle está tan sola
Caminé llevada por el perro y este puto dolor. Saben
el dolor, lejos de replegarme, me deja en bolas. Llegué hasta una esquina que es muy bella. Allí hacen esculturas para jardines. Me acerqué hasta las rejas mientras mi perro hacía pis sobre una Venus de piedra, y me quedé mirando el interior. Cuando todo descansa y la luz de una bombita ilumina ángeles y sapos. Vírgenes y leones.
Desde el desván, habitado por el escultor, sonaba el tema de la película Fame.
Me separé de las rejas para mirar hacia arriba. Vi más esculturas, pilas de Cds, una grulla colgando del techo.
Hubiese querido que algún ángel abriera las puertas.
Y me invitara a subir.
De regreso a casa una pareja discutía. Había tanto espacio entre ellos
son curiosas las formas de proteger el espacio. Es curioso que alguien necesite protegerlo. Es curioso que en el amor las cosas funcionen al revés. Es curioso que, aún de a dos, insistamos en soledad con la soledad de la soledad.
Hoy abrí la puerta de mi jaula.
Anduve caminando por el centro
librerías, cafés. No es mi territorio, creo que por eso veo, busco, miro, huelo. Toco.
Por Uruguay al 800 hay una casa que vende cristales. Amaranta (sí, así se llama) me conoce. Me deja tranquila mientras abro cajones, vitrinas, y entro y salgo de mí misma. Por que allí voy para perderme y encontrarme. De pronto ocurre que me reconozco en un espejo, rodeada de LUZ. Y me extasío. ¿Existe esa palabra? Ya no tengo a quien preguntárselo.
Es curioso, pero cuanto más concentrada estoy, más audibles me resultan las conversaciones ajenas. Me fastidia y pediría silencio por favor. En el templo de las gemas
en el templo de los pensamientos de Dios sobre la tierra, la gente no debería hablar.
Pero entró una mujer llorando. Intentaba disimularlo pero no pudo.
La miré, me miró.
Y sentí vergüenza.
Entonces me metí en el interior de un cristal mientras ella pedía una piedra, una cosa, un algo que la ayudara a superar la muerte de su amiga.
Un ágata bandeada
un ágata bandeada
un ágata bandeada...
Pero no lo percibió.
Allí había un hada empecinada en quedarse quieta. Las demás oscilaban de sus tanzas, pero ella no, ella me miraba con sus ojitos vidriosos. Bueno, después te llevo a casa, le dije en el lenguaje de las hadas.
Me pidió que la llamara Verbena.
Ahora mi Pixie tiene una mujer, con un ágata bandeada entre sus brazos.
Casualidades, dirían.
Ya descubrí que no se puede ser amable con los taxistas.
En seguida ponen un CD de Julio Iglesias.
Llegué a casa y al silencio de siempre. A la soledad de siempre. Hice los llamados de siempre. Escuché las excusas de siempre. Y me deprimí como siempre.
Entre los un mil correo basura había un mail de Nevenka. Mi niña cósmica.
(
) te extraño, hoy me llevé una piedra, te la fastidiè de la pieza, es bien negra, media redondita, la loba se ve q me trajo suerte, asi que mañana la llevo de nuevo.
te quiero mucho mon.
venite que todavía tenemos pendientes las fotos ridículas q planeamos sacarnos.
" con tu pollera, brilla al viento
quiero verte bailar
entre la gente
quiero verte bailar..."
neveluz.
Sé que es verdad. Que quiere esas fotos ridículas que le prometí. Que quiere verme bailar.
Que quiere lo que yo no sé si puedo.
Por que no sé si debo.
Por que nunca antes me lo pregunté.
¿Yo,
tendré
permiso
para
tener
una
vida?
Y ahora no me digan que el permiso está en uno.
Por que uno
uno nunca es UNO.
Y está bien, ya lo sé.
Mejor me dejo de joder.
Mejor me voy a la cama.
O me tomo otro café.
Está lloviendo y me gusta
.
Puedo no tener ganas de hablar, pero sí de escribir.
Puedo no tener ganas de escribir, y entonces tampoco tendré ganas de hablar.
Hoy no tuve ganas de nada.
En una tarde de estío, Merlín y Arturo descansaban en una quebrada. Merlín le leyó un bello poema a Arturo:
¿Qué tal si durmieras
y que tal si,
estando dormido, soñaras?
¿Y qué tal si,
en tus sueños
volaras al cielo
y de allí trajeras
una rara y bella flor?
¿Y qué tal si,
al despertar,
tuvieras esa flor en tu mano?
¿Qué pasaría?
(...)la risa nena no podrá surgir a menos que te subas al árbol.
Spinetta.
¿Alguien tiene un cigarrillo? ¿Por qué puta cosa el último se consume tan rápido?
Mientras pensaba sobre la conveniencia o no de vestirme y caminar las diez cuadras que me separan del drugstore, hacía zapping. Dí con la cabina de Seguridad. Allí hay una cámara que apunta hacia la calle.
Me quedé con la vista fija en la pantalla.
Cada tanto pasaba un auto. Un perro.
Miraba la vida desde la cama. El televisor como ventana. El afuera metiéndose adentro.
El adentro metiéndose más adentro.
Recordé otras épocas.
Cuando esperaba al hombre que amaba y me gustaba verlo llegar.
Él no sabía que yo me sentaba frente al televisor para captar el instante en que bajaba del taxi.
Tres días sin salir de casa. Suena el teléfono y atiendo de mala gana.
- ¿Qué hacés?
- Nada.
- ¿Seguís tirada en la cama?
- Sí, ¿por?
- Vestite y bajá a tomar un café. Dale.
Pienso qué contestar.
No me gusta que me sorprendan jugando con mi tristeza.
Y me sale la nena obediente.
Otra vez el teléfono.
- ¿Mi amor?
- ¿Eh???
- Soy yo, mariposa en arrullo... anoche me dejaste preocupado...
- Ah, hola. No, sí. No. Estoy bien.
- Te extraño mucho.
- Ah. No, sí. No. Hablamos después. Me estoy haciendo pis.
- ¿Pero cómo me decís eso? ¿Y tus modales? ¿Qué pasa con tu glamour?
- Ah. No, sí. No. ME ESTOY ME-AN-DO.
Hay un lugar llamado El Rincón. Y por allí se sube al Vía Crucis. Son catorce estaciones hasta el filo de la sierra. El año pasado llegué hasta la octava.
Fui dejando piedritas en cada una.
Piedritas como cruces. Como Tumbas de la Gloria.
Hoy el trayecto lo hizo el Gringo. Solo.
Y por mí.
Él tiene un déficit pulmonar grave. Dice que no le queda mucho tiempo. Y yo me enojo por que sabe. Siempre sabe. Sabe hasta mis pensamientos.
No volvió a preguntar cuando regreso.
Alex, mi amigo (ácido escritor portorriqueño), suele mandarme artículos y libros de Mayra Montero por que sabe que me gusta, (y por que él es un tesoro). Aquí va "Divorciadas". Me tomé el atrevimiento de cambiar algunas palabras de la autora, que no modifican en absoluto el contenido, pero suenan más "porteñas".
De Mayra Montero para vos:
(El Alex)
A las mujeres siempre nos dan consejos. No importa cuál sea nuestro estado civil: viudas, divorciadas, lactantes, casadas en estado idílico, o casadas en estado de coma.
Tal parece que tenemos cara de estar continuamente solicitando consuelo; y en el caso de las divorciadas, ávidas de esos artículos benevolentes que afirman que hay vida más allá del divorcio (como si no lo supiéramos).
A los hombres, sin embargo, los aconsejan poco. En primer lugar, porque ninguno hace caso de esas pelotudeces, y en segundo, porque los "consejeros" saben de sobra que los hombres harán justamente todo lo contrario de lo que ellos dicen. Y hacen bien.
Mejor no dar consejos, porque pienso que las mujeres, divorciadas o no, lo que realmente necesitamos es que nos dejen quietas, y no nos pongan constantemente debajo de una lupa para ver si tenemos traumas miedos o sarpullidos. Con que nos traten a las divorciadas del mismo modo en que tratan a los divorciados, sin retorcimientos, y sin hacernos sentir como enfermas de tifus, sería suficiente. Y las divorciadas, solitas, por puro instinto, hallaremos el camino y buscaremos lo que más nos conviene, lo mismo si salimos todos los días con un amigo diferente (a lo cual tenemos pleno derecho, sin que nadie nos critique ni nos crean "desesperadas"), como si no salimos nunca y decidimos reflexionar desde la tranquilidad de nuestra casa, junto a un hombre, o a quince. O si preferimos, solas.
Ése es el verdadero día que vale la pena celebrar, ya sea en marzo o septiembre. El día libertario en que, sencillamente, se nos permita elegir.
Por Mayra Montero.
Bueno, ahora va mi opinión. Creo que la estupenda Mayra se queda corta. No nos ven con cara de solicitar consuelo, por que para eso habría que presuponer "desconsuelo", lo que por cierto ocurre pero no en todas las mujeres. Me atrevería a decir que el desconsuelo es mas propio del hombre que de la mujer, en particular cuando la decisión la ha tomado "ella, LA BRUJA".
Lo que en verdad ocurre, es que los hombres disimulan muy bien su desconsuelo. No pueden admitirlo así como así, porque creen jugarse los genitales en ello. Por lo tanto recurren al herrero que les forjará, como a medida, el traje del rencor, del despecho, del yamelasvasapagar.
Y en eso, hay que admitirlo, los hombres nos llevan grandes ventajas. Están tan acostumbrados a hacer de la especulación un arte más entre las artes (digamos, para ser bien pensadas, que por una cuestión de supervivencia); que saben donde y cuando poner las trampas.
Siempre tendrán un As convenientemente escondido.
Ellos SABEN.
Nosotras APRENDEMOS.
Y mientras APRENDEMOS no tenemos ningún problema en mostrar las lágrimas y limpiarnos los mocos en presencia del verdulero. No se nos borran los ovarios por ello.
El APRENDIZAJE es largo, costoso, y nos insume buena parte de nuestra energía. Sencillamente por que tenemos el instinto atrofiado, y no por déficit neuronal, si no por habernos acostumbrado a que, durante años, alguien decidiera por nosotras. Es una cuestión de responsabilidad personal, no se puede culpar a nadie por haber entregado las llaves de nuestra vida.
Es muy probable que al querer recuperarlas, nos ocurra como en el cuento de Barba Azul.
Por eso, mujeres, busquen una excavadora de ser necesario, pero recuperen el instinto. Porque sin esa voz interior, que aprendimos a desoir, no habrá camino y morirán paradas en la misma baldosa, temblando de miedo, con el rimmel siempre corrido y el Rivotril escondido en la bombacha.
Escuchando Bob Dylan- Jokerman
Me siento casi obscena por escribir.
No debería hacerlo. En este momento siento que no debería hacer absolutamente nada.
Si una pudiera desaparecer conforme al dolor, ya no estaría aquí.
Mi cabeza se parte en mil pedazos. Mi mundo
no sé cual es mi mundo ni quienes lo habitan.
No sé adonde pertenezco, qué me queda, con quién cuento.
Acaso mi vida sea una pantalla en blanco. Todo se borró. Nada más fue un sueño.
No pidan claridad. Ni yo la tengo.
No pidan sensatez, y mucho menos conformismo. No soy de esas.
Hay algo contra lo que nunca pude. La crueldad. El rencor. La miseria del alma.
Sencillamente me destrozan.
Hoy no quiero nada.
Respiro porque respiro.
Pero que ganas tengo de darle patadas a la vida.
Convertirme en un ser sin pasado, sin historia, una NN, sin nombre ni marcas.
No sentir. No recordar. No llevar adentro más que este vacío. Y ni siquiera tratar de ponerle más vida que el oxígeno que inhalo.
Me canso.
Me canso de existir.
Bye chicos, ya me fui.